La política y su edadismo invisible

Hubo un asunto prácticamente ausente en los planes de gobierno, los debates y los discursos de campaña: la población sénior peruana y las oportunidades económicas asociadas a este fenómeno

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Ancianos son los primeros en ingresar para votar en las Elecciones 2022 (Canal N)

Mientras el país sigue atento al desenlace de una de las elecciones más ajustadas de los últimos años, vale la pena preguntarse no solo quién gobernará el Perú, sino también qué temas quedaron fuera de la conversación. Durante meses escuchamos propuestas sobre seguridad, empleo, crecimiento económico, minería, infraestructura y lucha contra la corrupción. Sin embargo, hubo un asunto prácticamente ausente en los planes de gobierno, los debates y los discursos de campaña: la población sénior peruana y las oportunidades económicas asociadas a este fenómeno.

La omisión llama la atención porque no estamos hablando de una tendencia futura. Estamos hablando del Perú de hoy. Según el INEI, las personas de 60 años a más representan ya el 14,3% de la población nacional, casi el triple de lo que representaban en 1950. Los resultados más recientes del Censo 2025 muestran incluso que este grupo bordea el 15% de la población peruana y supera los cinco millones de personas. Más importante aún, las proyecciones indican que este proceso continuará acelerándose en las próximas décadas.

Desde una perspectiva económica, esta transformación debería ocupar un lugar prioritario en la agenda pública. Sin embargo, pareciera que seguimos observando el país con categorías demográficas del siglo pasado. Cuando se habla de empleo, se piensa en jóvenes. Cuando se habla de emprendimiento, se piensa en jóvenes. Cuando se habla de innovación, se piensa en jóvenes. Y cuando se diseñan campañas electorales, también.

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La consecuencia es que millones de peruanos quedan invisibilizados en el debate público a pesar de seguir trabajando, consumiendo, emprendiendo, generando ingresos y sosteniendo económicamente a sus familias. Esta desconexión resulta particularmente preocupante en un país donde la experiencia se ha convertido en un activo cada vez más valioso. En un contexto de alta informalidad, transformación tecnológica y baja productividad, el talento senior representa una ventaja competitiva que el Perú no puede darse el lujo de desaprovechar.

La llamada Economía Plateada no es una agenda asistencial ni una discusión reservada para especialistas en envejecimiento. Es una agenda de desarrollo económico. Implica reconocer que la longevidad está creando nuevos mercados, nuevas necesidades de consumo, nuevas oportunidades de emprendimiento y nuevas demandas de innovación en sectores tan diversos como salud, educación, tecnología, vivienda, servicios financieros y turismo.

Lo preocupante es que ningún candidato pareció entender la magnitud de esta oportunidad. En una campaña donde todos buscaron explicar cómo reactivar la economía, prácticamente nadie habló del potencial productivo de una población que crece sostenidamente y que concentra experiencia, conocimiento y capacidad emprendedora. La política peruana suele criticar a las empresas por no adaptarse a los cambios. Sin embargo, en esta elección ocurrió algo similar: la política tampoco logró adaptarse a una nueva realidad demográfica.

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Existe una palabra para describir este fenómeno: edadismo. Se trata de los prejuicios y estereotipos asociados a la edad que llevan a asumir, muchas veces de forma inconsciente, que una persona pierde relevancia económica, laboral o social conforme envejece. Cuando ningún candidato incorpora propuestas específicas para aprovechar el potencial económico de más de cinco millones de peruanos mayores de 60 años, estamos frente a una forma de edadismo político que merece ser discutida.

El próximo gobierno enfrentará enormes desafíos fiscales, sociales y productivos. Pero también tendrá la oportunidad histórica de convertir la longevidad en un motor de crecimiento y desarrollo. La evidencia ya es clara, la tendencia es irreversible y el impacto económico es innegable. Lo único que falta es decisión. Este es el momento de pasar del discurso a la acción y construir una agenda que reconozca esta transformación como lo que realmente es: una de las palancas más importantes para el crecimiento del país en los próximos años.