La palabra “invierano” ha ganado fuerza en el Perú para describir inviernos cada vez menos fríos y más parecidos al verano en la costa central y norte. Esta etiqueta surge en un contexto de calentamiento anómalo del mar frente al litoral peruano y frecuentes episodios del Fenómeno El Niño Costero. Según explicó el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi), este fenómeno genera días soleados que superan los 25 °C en Lima, noches tropicales en la costa norte y una combinación de calor, lluvias extremas e inundaciones en el norte y sequías en la sierra sur. Las autoridades científicas han advertido que, durante eventos de El Niño costero y El Niño en el Pacífico central, el país experimenta otoños e inviernos mucho más cálidos de lo normal.
Dicho término no nació en la academia, sino en la experiencia cotidiana, muchos de los cuales comparten en Instagram, TikTok y Facebook comentarios sobre cómo el invierno ya no se siente igual. En Lima, usuarios relatan que “solo hace falta una casaca” para “el invierano limeño”, y que las temperaturas y el brillo solar dificultan incluso decidir cuándo guardar la ropa de verano. Esta percepción coincide con los análisis técnicos del Senamhi, que ha declarado en entrevistas recientes que “no vamos a tener prácticamente otoño e invierno” en años marcados por el calentamiento marino.
Videos y contenidos divulgativos resumen el impacto del Niño costero como “el mar caliente que trae calor y lluvias intensas”, mientras que especialistas destacan la alteración de las temperaturas y la atmósfera regional. Así es como se viven los síntomas de un clima en transformación, respaldado por datos recientes que muestran récords de temperatura en la costa central y norte.
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La relación entre el clima y El Niño es directa. Voceros del Senamhi y del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) aseguran que, cada vez que se presenta un evento de El Niño, los otoños tienden a ser más cálidos y los inviernos menos fríos, especialmente en la costa peruana. El aumento de 1 a 2 °C (1,8 a 3,6 °F) en la temperatura del mar modifica el balance energético y reduce la sensación de frío habitual. Así, Lima puede registrar máximas de 25 o 26 °C (77–78,8 °F) en pleno invierno, situación que los meteorólogos consideran “inusual” en condiciones normales.
Un país de contrastes: costa, sierra y selva
La geografía climática del Perú es una de las más complejas de Sudamérica. La costa peruana vive bajo la influencia de la corriente de Humboldt, la cordillera de los Andes y la circulación atmosférica tropical. En condiciones normales, el invierno costero se asocia a neblina, garúas y temperaturas más frescas, con máximas que rara vez superan los 20 °C en Lima. En contraste, la sierra experimenta heladas extremas con temperaturas que pueden descender a –10 o –15 °C, mientras que la selva se caracteriza por un clima cálido y húmedo, aunque los friajes invernales siguen siendo frecuentes.
El debilitamiento del anticiclón del Pacífico Sur y la llegada de vientos cálidos han cambiado el panorama invernal en la costa. Durante el episodio Niño Costero 2023–2024, el Senamhi informó que ciudades como Arequipa, Tacna y Lima enfrentaron olas de calor nocturno y diurno con temperaturas superiores a los 33 °C. Este patrón, impulsado por el calentamiento del mar y la alteración de los vientos, favoreció la persistencia de condiciones cálidas más allá del verano.
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La alternancia entre fases de La Niña y El Niño determina el comportamiento de las estaciones. Cuando el Pacífico central se encuentra en fase fría, se refuerza la estacionalidad típica con lluvias en la sierra sur y central. Pero cuando el mar se calienta, las estaciones tienden a “desdibujarse” en la costa. Expertos advierten que, en años con Niño, otoño e invierno no se presentan de manera marcada, con temperaturas que alcanzan los 26 o 27 °C en Lima hacia el mediodía.
El Niño costero y global: dos motores del invierno caliente
El Niño costero es un evento regional definido por el calentamiento de las aguas superficiales frente a la costa norte del Perú y Ecuador. Este fenómeno puede elevar la temperatura del mar en la costa norte y central en al menos 2 °C sobre el promedio, manteniéndose durante meses y generando olas de calor diurno y nocturno. El episodio 2023–2024 dejó más de 100 días cálidos consecutivos en Lima y más de 200 noches cálidas en Piura.
El Niño global, en cambio, implica el calentamiento del Pacífico central y oriental e impacta patrones de lluvia y temperatura a escala continental. Según el ENFEN, el Niño global se asocia a sequías en la sierra sur y oriental y a lluvias intensas en la costa norte, provocando un país dividido entre exceso de agua en el norte y déficit hídrico en el sur. Los especialistas consultados por El Comercio prevén que el calentamiento podría iniciarse en el segundo semestre y prolongarse hasta el verano siguiente, amplificando las anomalías térmicas en la costa.
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La superposición de Niño costero y Niño global multiplica los riesgos. Según el Senamhi, esta combinación puede mantener por varios años inviernos sistemáticamente menos fríos que el promedio, con registros históricos de calor fuera de temporada y mayor frecuencia de eventos extremos. La persistencia de estas condiciones alimenta la percepción pública de vivir un invierno cálido casi permanente, aunque los científicos insisten en la variabilidad interanual del sistema climático.
Evidencia reciente: de los Niños extraordinarios al ciclo 2023–2027
Los eventos de El Niño de 1982–1983 y 1997–1998 dejaron huella en la memoria colectiva de los peruanos, no solo por las inundaciones y huaicos, sino por los inviernos atípicamente cálidos en la franja costera. El Senamhi señaló que los valores de calor registrados en el verano 2023–2024 solo se comparan con los de aquellos años extraordinarios, cuando distritos limeños como Jesús María y La Molina superaron los 33 °C.
El año 2017 marcó el regreso de un Niño costero destructor, con lluvias torrenciales e inundaciones en Tumbes, Piura y otras regiones. Según el ENFEN, este episodio reafirmó que el Perú puede enfrentar impactos devastadores incluso cuando la señal global no es tan intensa, y sirvió de antecedente inmediato para el discurso de los “invieranos” en la década siguiente.
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En el ciclo 2023–2024, hubo olas de calor récord. El Senamhi advirtió que las altas temperaturas continuarían hasta la quincena de febrero, y que el calor se extendió al otoño, con días inusualmente cálidos para la época. De acuerdo con entrevistas a meteorólogos, las temperaturas alcanzaron los 26 o 27 °C en Lima durante el otoño, fenómeno que alimentó la narrativa de un “invierno que parece verano”.
Qué significa “invierano” desde el punto de vista climático
El significado de “invierano” varía según la perspectiva. Para la población, es un término que resume la sensación de vivir un invierno que se siente como verano, especialmente en ciudades costeras como Lima, Trujillo y Piura. La percepción es que el frío ya no domina la estación, lo que modifica hábitos y expectativas.
El Senamhi utiliza parámetros concretos para definir estas anomalías, señalando que en años de Niño costero, Lima puede registrar máximas de 26 o 27 °C y mínimas que rara vez bajan de 13 °C.
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La diferencia entre un invierno típico y uno cálido puede observarse en los datos: en Lima, el invierno normal tiene mínimas de 13,8 a 14 °C en distritos costeros y máximas de 19 a 20 °C. En un “invierano”, las máximas suben hasta 27 °C, alterando la experiencia térmica y afectando sectores como la agricultura, la salud y la energía.
Impactos en salud, economía y medio ambiente
El aumento de las temperaturas invernales tiene efectos directos en la salud pública. El Senamhi reportó que la exposición prolongada a altas temperaturas incrementa el riesgo de golpes de calor y agrava enfermedades cardiovasculares y respiratorias, especialmente en adultos mayores y niños. Además, el calor favorece la proliferación del mosquito Aedes aegypti, vector del dengue, zika y chikunguña, en la costa norte.
La agricultura y la gestión de recursos hídricos enfrentan desafíos adicionales. El Senamhi y el ENFEN advierten que el Niño global se asocia a una disminución de lluvias en la sierra sur y central, con riesgo de sequía y pérdida de cosechas en regiones como Cusco, Ayacucho y Apurímac. En la costa, puede alterar los calendarios de siembra y favorecer la supervivencia de plagas, elevando los costos de producción.
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El fenómeno afecta también la infraestructura urbana y la economía. Las olas de calor y lluvias intensas ponen en tensión los sistemas de drenaje y aumentan la demanda de energía para refrigeración en ciudades como Lima y Trujillo. El sector textil y turístico experimenta cambios en la demanda de productos y servicios, mientras que la pesca sufre por la reducción del afloramiento de nutrientes y la caída de la captura de especies clave como la anchoveta.