Hace décadas una frase popular describía al Perú como “un mendigo sentado en un banco de oro”. Hoy en día ese dicho aún es vigente; pero no sólo al referirse a nuestros minerales o recursos naturales, somos un país con una riqueza en biodiversidad sin igual, con un talento humano que a nivel mundial envidian, con millones de emprendedores y Mipymes, con mujeres y jóvenes que lideran cadenas productivas que con sus productos invaden mercados internacionales, como nuestros super food, el cacao, el café, los productos de nuestros camélidos y de nuestra pesca; todos ellos con enorme potencial de valor agregado.
¿Si tenemos tanta riqueza, entonces que nos falta?
Se requiere una política pública que active nuestro potencial y que nos permita por fin, levantarnos del banco. Mientras el mundo acelera su transición hacia la innovación como motor de desarrollo, el Perú viene descendiendo en posiciones según el Índice Global de Innovación 2025 de la OMPI, de un puesto 65 en el año 2022 al 80 en el 2025. Ello sugiere que las condiciones habilitantes del sistema de innovación son débiles, tenemos instituciones desarticuladas, desvinculación sectorial, falta de inversión privada en I+D+i, y desconexión entre las empresas y sistemas productivos con la academia y centros de investigación.
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Frente a este diagnóstico, la propuesta es clara: se necesita una política de innovación orientada por misiones, siguiendo los modelos de la Unión Europea y la OCDE, que dirija los esfuerzos hacia retos concretos del país: la descarbonización, la biotecnología andino-amazónica, la transformación digital de las MIPYME y la resiliencia climática. No basta con crear programas aislados; se requiere construir un ecosistema articulado, con hubs regionales de innovación, plataformas por cadena de valor y mecanismos reales de financiamiento con enfoque de género e inclusión territorial.
Desde el Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico se ha desarrollado Agenda 2026, un proyecto que busca aportar y discutir políticas públicas para retomar el desarrollo del país, las cuales están basadas en investigación y evidencia.
Nuestra propuesta para una política nacional que dinamice el ecosistema de innovación consta de cuatro ejes:
Innovación productiva para MIPYME y cadenas de valor. Creando Centros Tecnológicos Regionales de Innovación Abierta que lleven transformación digital, biotecnología y agroindustria directamente a los territorios; simplificar los fondos concursables para que la MIPYME en regiones pueda acceder; y acompañarlas en su transición hacia modelos de negocio sostenibles con tecnologías limpias y eco innovación. Una MIPYME que innova crece, genera empleo de calidad y compite en mercados globales.
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Participación de mujeres en la Ciencia, Tecnología e Investigación. Hoy solo el 30% de los investigadores registrados en el país son mujeres. El próximo gobierno debe crear un Programa Nacional de Investigadoras e Innovadoras con alcance territorial y étnico, fondos específicos para emprendimientos liderados por mujeres, incubadoras regionales con perspectiva de género, y programas que acerquen a las niñas y adolescentes al mundo de la ciencia y la tecnología desde temprana edad. Cuando las mujeres innovan, el país entero gana.
Fortalecimiento del ecosistema CTI con cadenas de valor. El café del norte, el cacao de San Martín, la alpaca de Puno o la quinua de Puno no pueden seguir compitiendo solo por precio. Necesitan innovación: vigilancia tecnológica, I+D aplicada, nodos que articulen universidades, startups y productores en torno a retos tecnológicos concretos de cada cadena.
Formación y fortalecimiento de capacidades humanas diversas. Necesitamos becas en inteligencia artificial, biotecnología, nanotecnología, agrotecnología y energías limpias. Necesitamos carreras duales que formen técnicos y profesionales conectados con la empresa.
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El Perú innovador no es un sueño lejano. Es una decisión política. Y el 2026 es el momento de tomarla.