Un fuerte movimiento sísmico en la capital peruana podría provocar el colapso de cerca del 45 % de las tuberías de agua y desagüe en Lima y Callao, según alertó el ingeniero Miguel Díaz Figueroa, investigador del Centro Peruano Japonés de Investigaciones Sísmicas y Mitigación de Desastres (CISMID).
La preocupación sobre la resistencia de las redes de agua potable frente a un gran sismo se ha incrementado en las últimas semanas. Las rupturas constantes de tuberías en Lima han dejado en evidencia la antigüedad de las instalaciones y la falta de renovación oportuna.
Según testimonios recogidos por el noticiero 24 Horas, en zonas como el asentamiento humano Los Ángeles, en el distrito del Rímac, existen tuberías expuestas, con más de quince años de antigüedad, que no han recibido mantenimiento ni recambio.
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Díaz Figueroa advirtió que los suelos de Lima y Callao presentan características geotécnicas complejas, como la flexibilidad y la presencia de zonas con riesgo de licuación, especialmente en distritos como Ventanilla y Chorrillos.
“En Lima y Callao tenemos suelos muy flexibles, suelos con fenómenos geotécnicos difíciles, como por ejemplo la licuación de los suelos, que sucedería, por ejemplo, en Ventanilla, en Chorrillos. Y ahí, por más que las tuberías sean muy buenas, van a ser afectadas. Se estima que, al menos, el cuarenta y cinco por ciento de tuberías en Lima y Callao serían afectadas”, declaró Díaz Figueroa a 24 Horas.
Planes de contingencia
Ante este escenario, la empresa estatal Sedapal informó que dispone de un plan de contingencia en caso de un sismo severo. Este plan contempla la instalación de nuevas tuberías sismorresistentes y la definición de puntos fijos para el abastecimiento de agua potable a la población durante los primeros días posteriores al evento.
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Un vocero de Sedapal explicó: “Desde tiempo ya estamos trabajando en instalar tuberías que sean sismorresistentes. El protocolo va desde las acciones operativas hasta establecer puntos fijos para que la población se pueda abastecer de agua potable, sobre todo los primeros días de ocurrencia del sismo”.
El recuerdo de incidentes previos incrementa el temor entre los habitantes. En 2019, la ruptura de una tubería de desagüe del colector Canto Grande dejó cientos de familias afectadas. Una de las vecinas relató: “En bote me han sacado. Nadando había que esa agua, señorita, mama mía. Otros los han tragado en la boca”, recogió Exitosa.
Distritos más vulnerables
El reciente sismo de magnitud 6.1 en la región Ica, que se sintió en Lima el pasado 19 de mayo, reavivó la preocupación por la capacidad de la ciudad para soportar un terremoto de mayor magnitud. Este evento provocó daños estructurales en universidades, centros comerciales y otras edificaciones, además de deslizamientos y restricciones en servicios en las zonas más afectadas.
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Estudios realizados por el Centro Peruano Japonés de Investigaciones Sísmicas y Mitigación de Desastres (CISMID), la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y el Ministerio de Vivienda identificaron los distritos con mayor peligrosidad sísmica en Lima.
Estos son: San Juan de Lurigancho, Villa María del Triunfo, Villa El Salvador, Comas, Independencia, Ventanilla, Ancón, Santa Rosa, Ate, Laderas de Carabayllo y Chorrillos, especialmente en las zonas cercanas al Pantano de Villa.
El ingeniero Fernando Lazares, especialista del CISMID-UNI, señaló que en zonas como San Juan de Lurigancho e Independencia la intensidad del movimiento sísmico podría duplicarse respecto a distritos ubicados sobre suelos más firmes, como Miraflores o el Cercado de Lima.
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Construcciones informales
Otro de los factores que eleva el nivel de exposición ante un gran sismo es el crecimiento de la edificación informal. Numerosas viviendas en Lima se han construido con materiales inadecuados, como ladrillos pandereta, y carecen de supervisión técnica profesional. Numerosas edificaciones se levantaron sobre terrenos no aptos o laderas inestables, lo que incrementa el riesgo de colapso estructural y daños severos.
Especialistas sugieren que las familias soliciten evaluaciones técnicas para determinar si sus viviendas necesitan reforzamiento estructural. Además, insisten en la urgencia de implementar políticas de prevención, fiscalización y educación sísmica en las zonas de mayor riesgo.