Durante años, las alertas sobre residuos de pesticidas en frutas y verduras comercializadas en mercados peruanos han mantenido el tema bajo vigilancia sanitaria. Monitoreos oficiales detectaron en distintas ocasiones concentraciones elevadas de agroquímicos en alimentos de consumo diario, en especial en zonas de agricultura intensiva. A pesar de ello, demostrar científicamente el modo en que esa exposición ambiental podría vincularse con enfermedades como el cáncer fue mucho más complejo.
Una investigación internacional enfocada en Perú presenta uno de los conjuntos de evidencia más amplios hasta la fecha sobre esa posible relación. El estudio identificó 436 “puntos críticos” donde el riesgo de cáncer apareció asociado espacialmente con la exposición ambiental a pesticidas.
El equipo empleó modelos geoespaciales de alta resolución y registros del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN) para evaluar en qué medida los diferentes pesticidas usados en actividades agrícolas podrían vincularse con los patrones de incidencia de cáncer en personas que viven en zonas rurales y agrícolas del territorio peruano.
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Un mapa nacional del riesgo por pesticidas
El estudio evaluó 31 pesticidas usados en Perú entre 2014 y 2019 mediante modelos que simularon su dispersión por agua y suelo. La investigación cubrió cerca del 96 % del país y detectó que más de un tercio del territorio presenta riesgo moderado o alto por exposición acumulativa a estos químicos. Aunque no detalla las 436 zonas críticas identificadas, los mapas muestran concentraciones de riesgo en corredores agrícolas de la costa, los Andes y la Amazonía central.
Entre las regiones donde se observaron mayores concentraciones de riesgo por pesticida aparecen:
- Ica
- Piura
- Áncash
- Cajamarca
- Amazonas
- Ayacucho
- Apurímac
- Cusco
- Junín
- Huánuco
- Pasco
Uno de los hallazgos que más llamó la atención fue que la contaminación ambiental no quedó restringida a los campos agrícolas. El modelo detectó dispersión de pesticidas hasta entre 30 y 50 kilómetros fuera de las zonas de cultivo, alcanzando poblaciones cercanas y ecosistemas aledaños.
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Más de 158 mil casos de cáncer fueron analizados
Para cruzar la información ambiental con datos sanitarios, los investigadores analizaron 158.072 casos de cáncer reportados al INEN entre 2007 y 2020. El modelo identificó 436 puntos críticos donde la incidencia de cáncer aparecía asociada espacialmente con la exposición a pesticidas, con riesgos entre 1,14 y 9,38 veces mayores a lo esperado en algunas zonas del país.
Entre las neoplasias más asociadas con estos puntos críticos aparecieron:
- cáncer hepático,
- cáncer de pulmón,
- cáncer de piel,
- tumores gastrointestinales,
- cáncer renal,
- neoplasias de órganos genitales femeninos.
Los investigadores señalan que los patrones detectados se concentraron principalmente en zonas rurales con alta presión agrícola y acceso limitado a servicios especializados de salud.
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Junín y la Amazonía central: el foco que más llamó la atención
Uno de los focos más estudiados por los autores se ubicó en Junín y parte de la Amazonía central peruana, especialmente en territorios habitados por comunidades indígenas y campesinas.
En estas zonas, la investigación encontró una concentración particular de cáncer de hígado, principalmente carcinoma hepatocelular, un tipo de tumor que en Perú presenta características poco habituales frente a otros países, ya que puede afectar a personas jóvenes y sin cirrosis previa.
Los investigadores analizaron tejidos hepáticos de pacientes provenientes de estas regiones y encontraron señales moleculares asociadas a exposición prolongada a carcinógenos “no genotóxicos”, es decir, sustancias que no dañan directamente el ADN, pero sí alteran procesos celulares vinculados al desarrollo tumoral.
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Según el estudio, las mezclas de pesticidas podrían desestabilizar mecanismos que mantienen la identidad normal de las células hepáticas, creando condiciones que favorecerían el desarrollo progresivo del cáncer.
Los autores señalaron además que esta firma molecular no apareció en muestras comparativas analizadas en Francia, Taiwán ni Turquía, utilizadas como referencia en la investigación.
El estudio cuestiona cómo se evalúa la seguridad de los pesticidas
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que ninguno de los 31 pesticidas analizados está actualmente clasificado por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) como carcinógeno confirmado para humanos.
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Precisamente por ello, los autores sostienen que los resultados cuestionan la forma tradicional en que se evalúa la seguridad de estos productos químicos, un debate que en Perú ya había sido impulsado por diversos medios de comunicación tras reportes sobre residuos elevados de pesticidas en alimentos y cuestionamientos a la capacidad de fiscalización del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa).
Según explican, el problema podría no estar necesariamente en una sola sustancia aislada, sino en la exposición prolongada a mezclas complejas de pesticidas bajo condiciones ambientales reales.
La investigación también pone el foco en las desigualdades territoriales vinculadas a la exposición ambiental. Los puntos críticos identificados aparecieron principalmente en zonas rurales afectadas por expansión agrícola, deforestación y limitada cobertura sanitaria.
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Los autores aclaran que los hallazgos no prueban causalidad directa individual, pero sí muestran patrones espaciales consistentes que podrían servir para orientar políticas de vigilancia sanitaria, monitoreo ambiental y regulación del uso de pesticidas en Perú.