La revelación se dio durante una entrevista en el streaming de Carlos Orozco, donde el artista relató en detalle el difícil ambiente que enfrentó en el rodaje realizado en Uruguay y la falta de apoyo de la producción y el director.
La experiencia, según Gallesi, no solo marcó un antes y un después en su carrera sino que también lo llevó a reflexionar sobre la urgencia de implementar mejores estrategias para combatir el hostigamiento laboral en la industria del entretenimiento peruano.
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Un ambiente tóxico: exclusión y maltrato durante el rodaje
Durante la conversación con Carlos Orozco, Brando Gallesi narró cómo, desde el inicio del rodaje, notó actitudes extrañas entre sus compañeros actores.
“Había muchos tragos. Primero sus vinitos, era tranquilo, ¿no? Luego eran todos los días, pero llegó un punto donde sí, como yo físicamente ya me sentí mal, porque yo no estaba tomando y ellos seguían queriendo tomar y yo comencé a decir que no”, relató.
La decisión de no sumarse a la dinámica grupal lo llevó a ser excluido: “Al día siguiente, como nadie me miraba a los ojos, nadie me hablaba, me ignoraban, me cerraban el paso, me daban la espalda. Toda la química había desaparecido”.
Sin apoyo y con la “argolla” en contra
Gallesi intentó buscar ayuda y trasladó su incomodidad al director Miguel Valladares, pero sintió que su preocupación no fue tomada en serio. “Lo hablé con el director. No se tomaron en verdad cartas en el asunto correctamente, creo yo. Nadie me dijo qué pasó, qué sucedió, qué hablaron”, confesó.
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El actor lamentó que, lejos de recibir contención, la situación escaló a tal punto que muchos colegas, y hasta productoras, dejaron de seguirlo en redes sociales. “Ahí está el tema de la argolla y de cómo funciona”, sostuvo, denunciando una práctica común en el medio local: la exclusión profesional como forma de castigo y presión.
El silencio como complicidad y el costo personal
Lo más doloroso para Brando Gallesi fue el silencio y la falta de diálogo. “Nadie, nadie se atrevió a hablarme a la cara, más que esa persona que me contó todo y que fue llorando y fue pidiéndome disculpas por todo lo que había hecho, porque él fue parte”, recordó.
La falta de estrategias claras para manejar casos de hostigamiento laboral en la industria cinematográfica nacional dejó a Gallesi sin el respaldo necesario para enfrentar la situación.
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“El bullying laboral es un tema que sigue pasando, sobre todo en el Perú, porque no hay buenas estrategias en las empresas para manejar ese tipo de situaciones”, remarcó.
Un testimonio que llama a la reflexión sobre el ambiente laboral en el cine
La valentía de Brando Gallesi al compartir su historia ha generado debate en redes sociales y entre colegas del medio, al poner sobre la mesa la importancia de crear ambientes de trabajo saludables y libres de acoso o exclusión. Su experiencia revela la necesidad de que las productoras y equipos de dirección asuman un rol activo en la prevención y gestión de conflictos, así como en la protección de la integridad emocional de los actores.
Gallesi, de 23 años, ha optado por marcar distancia con quienes fueron parte del maltrato y se ha enfocado en sus propios emprendimientos, destacando que ninguno de sus excompañeros le ha escrito desde entonces.
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Nuevas metas y resiliencia personal
Pese a la amarga experiencia, Brando Gallesi ha continuado su carrera de manera independiente y actualmente se encuentra enfocado en proyectos personales y empresariales.
“Estoy en otra etapa, me va bien y no necesito de esa gente para seguir creciendo”, sostuvo, enviando un mensaje de resiliencia a todos los jóvenes actores que puedan atravesar situaciones similares.
La historia de Brando Gallesi es un recordatorio de que el éxito profesional nunca debe estar por encima del bienestar y la dignidad de las personas. El bullying laboral, lejos de ser un “secreto a voces”, debe ser denunciado y erradicado para que el arte peruano siga creciendo en un entorno de respeto y compañerismo.
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El testimonio de Gallesi abre la puerta a una conversación urgente sobre el futuro del cine y la televisión nacional, donde el talento sea siempre valorado y el respeto sea la base de toda producción.