Barranco tiene desde esta semana algo que ningún otro distrito del Perú había tenido antes: un árbol que no tiene ramas, no tiene hojas y vive dentro de un tanque de agua. El “Árbol Líquido Maquwa – Barranco”, un fotobiorreactor con microalgas capaz de absorber tanto dióxido de carbono como 10 árboles maduros, fue encendido oficialmente por la Municipalidad de Barranco, en lo que convierte al país en el quinto del mundo en adoptar esta tecnología, tras Serbia, España, Argentina y México.
El dispositivo, instalado en el distrito limeño conocido por su escena bohemia y sus calles angostas, es básicamente un cilindro transparente lleno de agua verde. Dentro viven microalgas que, al recibir luz solar, realizan fotosíntesis: consumen CO₂ del aire y liberan oxígeno. Lo que las hace distintas a un árbol convencional es su eficiencia: según investigaciones publicadas en revistas académicas especializadas, las microalgas fotosinterizan entre 10 y 11 veces más que las plantas terrestres. Un solo biorreactor equivale en capacidad de purificación a 200 metros cuadrados de césped.
Un invento que nació en Belgrado y llegó a Lima
La tecnología tiene su origen en el Instituto de Investigación Multidisciplinaria de la Universidad de Belgrado, donde en 2021 se instaló el primer prototipo funcional, bautizado LIQUID3, frente a la Municipalidad del barrio Stari Grad, en Belgrado. Aquel primer modelo, con 600 litros de agua y microalgas de agua dulce, absorbía el equivalente al CO₂ de dos árboles maduros. Las versiones posteriores, como la que ahora opera en Barranco, optimizaron el rendimiento con mayor densidad de microalgas, volúmenes ampliados de cultivo y mejoras en el suministro de CO₂. El resultado: la capacidad de absorción se multiplicó por cinco.
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Detrás del modelo peruano está el equipo Maquwa, tres jóvenes profesionales que desarrollaron su propia versión de la tecnología. Luis Augusto Román Castillo, bachiller en Administración y Marketing de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC); Julián Cuzco Terrones, estudiante de último año de Bioingeniería de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC); y Sebastián Samamé Vera, bachiller en Biología Marina de la Universidad Científica del Sur (UCSUR). El proyecto se enmarca en un programa de la Gerencia de Servicios Municipales y Gestión Ambiental del municipio.
Más rápido que plantar un árbol
Una de las ventajas que los investigadores destacan frente a la forestación tradicional es el tiempo. Plantar un árbol y esperar a que alcance madurez puede tomar décadas. Un biorreactor de este tipo puede fabricarse e instalarse en cuestión de semanas, lo que lo convierte en una respuesta más ágil ante zonas urbanas con alta contaminación y sin espacio disponible para áreas verdes.
La alcaldesa de Barranco, Jessica Vargas Gómez, encuadró el proyecto dentro de una agenda más amplia. “Hoy marcamos un hito en la innovación ambiental, no solo para Barranco, sino para todo el Perú. Apostamos por soluciones sostenibles que mejoren la calidad de vida de nuestros vecinos y de las futuras generaciones”, expresó durante la ceremonia. También estuvo presente Javier Falcón Sánchez, Director General de Calidad Ambiental del Ministerio del Ambiente, quien respaldó la iniciativa como parte de un esfuerzo por promover ciudades más resilientes.
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El árbol líquido tiene además un subproducto: la biomasa de microalgas que se genera puede cosecharse y convertirse en fertilizante o biocombustible, lo que abre una dimensión adicional a su potencial. El interés por replicar la tecnología ha crecido en ciudades como Nueva Delhi y París, donde las restricciones de espacio y los niveles de contaminación hacen inviable la forestación masiva. Barranco es la tercera ciudad de Latinoamérica en sumarse a esa lista.