El reciente brote de hantavirus detectado en un crucero que partió desde Ushuaia, en el extremo sur de Argentina, ha vuelto a poner bajo alerta a las autoridades sanitarias internacionales debido a la peligrosidad de una de sus variantes más agresivas: el virus Andes. Aunque se trata de una enfermedad considerada rara, especialistas advierten que mantiene una elevada letalidad y que el Perú no está exento de riesgo, especialmente en zonas amazónicas donde ya se han registrado casos en años anteriores.
El epidemiólogo y exviceministro de Salud del Perú, Percy Minaya, indicó en RPP que el hantavirus no es una enfermedad nueva ni emergente. Precisó que se trata de un virus identificado desde la década de 1930 y cuyo nombre proviene del río Hantan, en Corea, donde fue detectado por primera vez. Actualmente, se reportan alrededor de 150 mil casos al año en el mundo, principalmente en Asia, aunque también existen variantes en Europa y América Latina.
La variante que circula en Sudamérica, conocida como virus Andes, es la única que ha demostrado capacidad de transmisión entre personas, aunque se trata de eventos poco frecuentes.
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Minaya detalló que el hantavirus provoca inicialmente síntomas inespecíficos, como fiebre, malestar general, diarreas y dolores musculares. El cuadro puede agravarse rápidamente y derivar en insuficiencia renal o en un síndrome cardiopulmonar severo, que es la manifestación predominante de la variante Andes presente sobre todo en Argentina y Chile.
En el caso peruano, desde 2011 se han reportado entre seis y nueve casos confirmados, principalmente en la región Loreto. “La letalidad ha sido cercana al 60 %”, advirtió el especialista al recordar que cuatro pacientes fallecieron entonces. Todos los casos identificados en Perú estuvieron asociados a la Amazonía.
¿Cómo se transmite el hantavirus?
El exviceministro sostuvo que el contagio ocurre principalmente por inhalación de partículas contaminadas provenientes de orina, saliva o heces secas de animales infectados, y no necesariamente por contacto directo con los roedores. Este mecanismo fue clave en varios brotes registrados en el sur argentino, especialmente en zonas turísticas como San Martín de los Andes, Neuquén y Ushuaia.
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Muchas infecciones sucedieron en casas de campo o cabañas cerradas durante meses, donde los roedores habían anidado. Al ingresar a limpiar estos espacios, las personas removían polvo contaminado y generaban aerosoles capaces de transmitir el virus.
Eso también se ha registrado en Estados Unidos, especialmente en personas que realizan camping en zonas rurales y duermen directamente sobre el suelo.
Minaya precisó que existen cerca de 90 especies distintas de hantavirus y al menos 20 variantes relevantes en América Latina. Entre ellas figuran las cepas Andes, río Negro, Mamoré y la denominada virus Sin Nombre, identificada en Estados Unidos. Cada una presenta diferencias en capacidad de transmisión y gravedad clínica.
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En relación al reciente brote en el crucero, aún no se ha determinado con precisión dónde ocurrió el contagio. Una de las hipótesis es que los pasajeros se infectaran durante excursiones en tierra. Otra posibilidad es que roedores hayan anidado dentro de la embarcación mientras permaneció atracada en puertos del sur argentino.
El período de incubación puede llegar hasta los 45 días, lo que complica la vigilancia epidemiológica. Los síntomas iniciales suelen incluir fiebre, dolores musculares, malestar general, diarreas, cansancio intenso y dolor de cabeza, aunque en los casos más graves la enfermedad puede evolucionar rápidamente hacia insuficiencia respiratoria o un síndrome cardiopulmonar severo.
Actualmente no existe vacuna ni tratamiento específico aprobado contra el hantavirus. Minaya explicó que en Chile se desarrollan investigaciones con anticuerpos monoclonales, aunque todavía no existen ensayos concluyentes que demuestren su efectividad.
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¿Qué riesgo representa en la actualidad para el Perú?
Pese a la alarma generada por el caso del crucero, el epidemiólogo consideró que no existe un riesgo inmediato de pandemia similar al COVID-19. El hantavirus mantiene una transmisión limitada y los protocolos epidemiológicos permiten controlar brotes mediante aislamiento, rastreo de contactos estrechos y vigilancia clínica.
El riesgo de expansión masiva es muy bajo. Lo importante es identificar rápidamente a quienes tuvieron contacto estrecho y mantener observación epidemiológica.
Sobre la capacidad de respuesta del Perú, el especialista remarcó que el país cuenta con personal especializado y herramientas de biología molecular para detectar estas infecciones, aunque el número de epidemiólogos sigue siendo insuficiente ante la creciente aparición de amenazas sanitarias.
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Actualmente, los equipos de vigilancia epidemiológica del país enfrentan además otros eventos sanitarios, como casos de sarampión en Cusco y Puno, además de alertas vinculadas al virus Coxsackie en colegios.
Minaya insistió en la importancia de fortalecer la vigilancia en zonas amazónicas y mantener informada a la población sobre medidas de prevención, especialmente en espacios cerrados o rurales donde puedan existir roedores infectados.