El Ministerio de Cultura del Perú oficializó este miércoles la declaración de la danza, música y canto Qhashwa del distrito de Capachica como Patrimonio Cultural de la Nación, reconociendo su importancia en el ciclo ritual y social que identifica a la región de Puno.
Según la resolución 000128-2026-VMPCIC/MC, emitida por el Viceministerio de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, respalda esta decisión y posiciona a la Qhashwa como un referente de la memoria colectiva local.
La Qhashwa se mantiene vigente en el distrito de Capachica, en la península del Lago Titicaca, donde la población la reconoce como una expresión cultural esencial. Esta manifestación abarca tanto la música como la danza y el canto, y se asocia a la fase culminante del ciclo ritual, social y productivo vinculado al calendario agropecuario andino.
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El sector Cultura subrayó que la Qhashwa no solo está relacionada con las prácticas agrícolas, sino que incide en el fortalecimiento de vínculos afectivos entre los jóvenes, propiciando la formación de nuevas familias y la continuidad social.
Canto y socialización
La práctica de la Qhashwa inicia cada año al comenzar noviembre, después del día de Todos los Santos. Se detalla que, durante este periodo, los jóvenes solteros, tanto varones como mujeres, se desplazan hacia zonas de pastoreo en los espacios altoandinos.
En estos escenarios desarrollan actividades ganaderas, al tiempo que se abren espacios de interacción, música y baile. Los cantos adoptan la forma de un contrapunto entre grupos de mujeres y varones, ubicados en lados opuestos, lo que genera un diálogo marcado por la ironía y el simbolismo. Este intercambio suele concluir con una invitación al baile y la consolidación de lazos afectivos, alcanzando su máximo apogeo durante la temporada de carnavales.
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Durante los carnavales, celebrados entre febrero y marzo, la Qhashwa se integra en los rituales que se extienden desde el lunes de carnaval, día en el que se realiza el señalamiento del ganado. Esta tradición consiste en colocar t’ikachas, adornos de lana de colores, en las orejas de los animales, como símbolo de protección, fertilidad y reproducción.
Tras este acto, la comunidad lleva a cabo el t’inkay, un ritual de agradecimiento, reciprocidad y petición de abundancia a la Pachamama. Los comuneros rocían vino o alcohol sobre las chacras, acompañando sus gestos con cantos y música de Qhashwa que expresan gratitud, solicitudes de protección ante los factores climáticos y aspiraciones de prosperidad.
Identidad y transmisión cultural
La Qhashwa también se presenta en concursos de danza, como el certamen distrital realizado durante el miércoles de ceniza. En los días siguientes, comunidades campesinas y centros poblados de Capachica organizan competencias similares. En estos encuentros, la vestimenta tradicional ocupa un lugar relevante.
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Las prendas destacan por la complejidad de sus bordados y la diversidad de colores empleados en los hilos, así como por la representación de elementos de la naturaleza local, como flores, picaflores, águilas y uvas, además del escudo nacional del Perú.
La Qhashwa de Capachica convoca a distintas generaciones, lo que ha permitido fortalecer la transmisión de este elemento cultural y la participación activa de la población en su difusión. El Ministerio de Cultura resalta que la lengua se mantiene vigente en los cantos Qhashwa, así como los conocimientos asociados a la textilería y los rituales de agradecimiento a la Pachamama.
Memoria local
Según la resolución, la Qhashwa de Capachica representa un elemento cohesionador para la comunidad, promoviendo la interacción entre generaciones y consolidando la identidad y memoria local.
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El Ministerio de Cultura enfatizó que esta manifestación cultural evidencia la importancia de la transmisión de saberes y prácticas ancestrales, que perviven a través de la música, la danza y el canto, enriqueciendo la diversidad cultural del país.