Votar es elegir cómo funcionará el país

Se necesita creer que las reglas se van a respetar, que las decisiones no cambiarán constantemente y que es posible proyectar el futuro

Peruanos caminando por el centro de Lima

Faltan pocos días para las elecciones y, como suele ocurrir, la discusión se ha centrado en candidatos, enfrentamientos y promesas. Pero eso deja de lado lo más importante: lo que realmente está en juego no es solo quién gana, sino bajo qué condiciones funcionará el país en los próximos años.

Cuando se vota, no se elige únicamente a una persona. Se elige un conjunto de reglas de juego que determinan si habrá estabilidad, si las decisiones tendrán continuidad y si existirá un entorno en el que se pueda invertir, trabajar o emprender sin que todo cambie constantemente. En economía, esas condiciones son las que hacen posible —o no— el crecimiento.

El punto es simple: ninguna economía crece sin confianza. No se trata de optimismo, sino de condiciones concretas. Se necesita creer que las reglas se van a respetar, que las decisiones no cambiarán constantemente y que es posible proyectar el futuro. Cuando eso no ocurre, la inversión se posterga y las oportunidades no aparecen.

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En el Perú, ese problema no es nuevo. Haber tenido nueve presidentes en una década refleja un nivel de inestabilidad que afecta directamente la confianza. Y cuando la confianza se debilita, el impacto se traslada a la economía. Cerca del 70% de la fuerza laboral es informal y el desempleo juvenil duplica el promedio nacional, lo que evidencia un entorno que no logra generar suficientes oportunidades.

En ese contexto, no sorprende que muchos jóvenes miren la política con distancia. Si las reglas cambian todo el tiempo y las instituciones no generan confianza, resulta difícil creer que las decisiones tengan efectos reales. Sin embargo, esa desconfianza no resuelve el problema. Lo agrava.

Porque sin confianza no hay crecimiento. Y sin crecimiento, las oportunidades no llegan.

Por eso, votar no es solo elegir autoridades. Es decidir si las reglas van a seguir cambiando o si habrá algo de estabilidad. También es decidir si vale la pena invertir hoy o si es mejor esperar. De eso depende, en buena medida, que se generen más oportunidades o que todo siga igual.

Esa es una discusión que debería estar más presente, sobre todo entre los jóvenes. Entender cómo se conecta el voto con la economía —y con las oportunidades— es clave para tomar decisiones más informadas.

En espacios como CADE Universitario 2026, esa conexión se vuelve parte central del debate. No desde la teoría, sino desde una pregunta concreta: qué condiciones necesita el país para crecer y qué decisiones contribuyen a construirlas.

Al final, la pregunta no es solo por quién votar, sino si estamos dispuestos a apostar por un país en el que se pueda creer para que pueda crecer.

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