Ricardo Belmont, candidato en la Elecciones Generales 2026 a la presidencia de Perú, sorprendió al incorporar una consigna emblemática del discurso de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en su cierre de campaña, ocurrido el pasado martes 7 de abril.
El exalcalde de Lima, de 80 años, reunió a miles de simpatizantes —a quienes denomina “espartanos”— en la Plaza San Martín, donde proclamó: “Queremos abrazos, no balazos”, replicando la frase que marcó la política de seguridad del exmandatario mexicano.
El candidato del partido Obras buscó posicionarse como una figura con experiencia, pero distante de la clase política actual, apelando a la esperanza y al sentido de comunidad.
El evento, calificado como “balconazo” por los asistentes, se desarrolló en un clima de expectativa ante el ascenso de Belmont en las encuestas.
El exalcalde enfatizó su identidad como outsider, diferenciándose de los 35 partidos en contienda y señalando una división entre “patriotas” y “vendepatrias”. Asimismo, criticó la proliferación de agrupaciones políticas y la presencia de congresistas con baja popularidad que, a su juicio, buscan refugio en nuevas formaciones partidarias.
“Un hombre con convicciones abraza, no amenaza. Nosotros queremos abrazos, no balazos”, remarcó el empresario y ‘broadcaster’ en su discurso.
La frase resonó entre los seguidores y fue interpretada por la prensa como una toma de posición frente a la crisis de inseguridad que afronta el país. Medios locales recogieron que la consigna de AMLO generó reacciones inmediatas, recordando el debate sobre su efectividad en México.
Seguridad, investigaciones y estrategia digital
La adopción de la consigna de López Obrador en el cierre de campaña de Belmont abrió un nuevo eje en la discusión electoral. La frase fue utilizada para subrayar el compromiso del candidato con la paz y el respeto, en contraste con propuestas de mano dura.
El aspirante del partido Obras agregó: “Cuando los que roban están en el gobierno, el pueblo también aprende de ellos, porque no hay contagio más intenso que el ejemplo”, aludiendo a la importancia de la integridad de las autoridades en la lucha contra la corrupción.
Mientras tanto, la candidatura de Belmont enfrenta al menos cuatro investigaciones fiscales, entre ellas por presuntas irregularidades durante su gestión como alcalde de Lima y la supuesta estafa a accionistas del canal RBC.
El Ministerio Público indaga delitos de corrupción, negociación incompatible y colusión, así como apropiación indebida de fondos. A pesar de estos procesos, el candidato sostiene que las acusaciones corresponden a una campaña en su contra y niega cualquier acto ilícito.
El ascenso de Belmont en las preferencias electorales ha sido atribuido en parte a su tono conciliador en los debates y a la activa presencia en redes sociales, liderada por su hija Kris Belmont. La campaña digital ha captado especialmente el interés de los votantes jóvenes y ha servido para proyectar una imagen familiar y cercana a la ciudadanía.
Cuestionables propuestas de seguridad
Las propuestas en materia de seguridad ciudadana propuestas por Berlmont han generado debate. En declaraciones recientes, planteó un enfoque centrado en el cambio social y educativo, con énfasis en la cultura y el deporte como herramientas para enfrentar problemas como la extorsión y el sicariato.
Sus planteamientos se dan en un contexto de incremento de la violencia en el país, donde se reportan más de 500 homicidios en los primeros meses de 2026 y una expansión de actividades delictivas en diversas regiones. Este panorama ha intensificado el debate sobre las estrategias necesarias para combatir la inseguridad.