El uso del artículo en los nombres de países genera dudas frecuentes en el español, en especial en casos como “Perú” y “el Perú”. La discusión, lejos de ser reciente, combina criterios normativos con prácticas culturales que se mantienen en el tiempo y que aparecen tanto en el habla cotidiana como en la literatura.
La figura de Mario Vargas Llosa aparece como punto de partida para revisar una costumbre extendida en el habla hispana. Su obra, atravesada por referencias constantes a su país de origen, contribuyó a consolidar ciertas formas de nombrarlo que hoy se analizan a la luz de criterios normativos. La pregunta que surge no es menor: ¿resulta más adecuado decir “Perú” o “el Perú”?
El asunto no se limita a una preferencia estilística. En el trasfondo se encuentran aspectos históricos, culturales y lingüísticos que influyen en la elección de una u otra forma. La intervención de organismos especializados en la lengua aporta elementos para ordenar el debate.
El criterio lingüístico de la RAE
La Real Academia Española establece que numerosos topónimos admiten el uso de artículo determinado. Entre los ejemplos habituales figuran países como Canadá, Estados Unidos o Líbano, que pueden aparecer con o sin artículo según el contexto.
En el caso específico de Perú, la norma admite ambas variantes. El Diccionario panhispánico de dudas precisa que tanto “Perú” como “el Perú” son formas correctas. Sin embargo, la institución indica que la opción con artículo mantiene mayor arraigo histórico y tradición en el uso.
Este criterio no responde únicamente a una regla gramatical, sino a la evolución del idioma en distintas comunidades. El uso del artículo en ciertos países responde a costumbres consolidadas que se transmiten a través de generaciones.
Literatura y construcción del imaginario nacional
En la obra de Vargas Llosa, títulos como La ciudad y los perros, La casa verde o Conversación en La Catedral incorporan referencias constantes al país, muchas veces bajo la forma “el Perú”. Esta elección no resulta casual, sino coherente con una tradición lingüística que vincula el nombre del país con una dimensión más amplia que lo geográfico.
El propio autor dejó una reflexión que ilustra esa relación: “El Perú es para mí una especie de enfermedad incurable y mi relación con él es intensa, áspera, llena de la violencia que caracteriza a la pasión”. La cita expone un vínculo que trasciende la denominación formal y se sitúa en el plano de la experiencia personal y colectiva.
El uso del artículo puede interpretarse como una forma de enfatizar esa complejidad. En ciertos contextos, el nombre del país adquiere una connotación que abarca historia, cultura y tensiones sociales, elementos presentes en la narrativa del Nobel.
La variación en otros países: el caso de la India
El debate no se limita al ámbito latinoamericano. La Real Academia Española también se pronuncia sobre otros casos, como el de la India. La forma recomendada en español incluye el artículo: “la India”. No obstante, el uso sin determinante se encuentra extendido en diversas regiones.
La historia del país asiático influye en esta variación. Durante el periodo del Raj británico, se consolidaron usos lingüísticos que prescindían del artículo, en parte por influencia del inglés. Esa práctica continúa presente en la actualidad.
En paralelo, sectores políticos, lingüísticos e históricos impulsan la denominación “Bharat”, reconocida en la Constitución del país. El término, de origen hindi y sánscrito, se traduce como “el que desciende de Bharata” y forma parte de una estrategia orientada a reforzar la identidad local.
El uso de artículos en los nombres de países revela una interacción constante entre norma lingüística y procesos históricos. La elección entre “Perú” y “el Perú”, o entre “India” y “la India”, no responde únicamente a reglas gramaticales, sino a tradiciones, influencias externas y decisiones culturales.
Las instituciones lingüísticas aportan criterios que ordenan el uso, aunque la práctica cotidiana muestra matices que dependen de contextos específicos. La literatura, la política y la historia intervienen en estas decisiones, que permanecen abiertas a cambios con el paso del tiempo.