Locales que anunciaban servicios de masajes en Lince fueron intervenidos por las autoridades, tras detectarse que operaban en realidad como centros de prostitución, en el marco de una creciente ola de violencia por el control de las zonas de trabajo sexual en Lima. Mientras la disputa entre mafias peruanas eleva el temor y la inseguridad en barrios clave de la capital, las estrategias policiales y municipales buscan frenar la expansión de estas actividades ilegales y garantizar la protección de la ciudadanía.
Durante el operativo denominado Control Territorial, la Municipalidad de Lince y la Policía Nacional del Perú ejecutaron una ofensiva contra establecimientos clandestinos que, bajo una supuesta oferta de masajes, servían de fachada a prácticas de explotación sexual. La acción, supervisada por la alcaldesa de Lince y altos mandos policiales, priorizó la recuperación del espacio público y la vigilancia sanitaria, al tiempo que la capital enfrenta una violencia inédita generada por bandas locales.
El operativo en Lince: intervención de locales encubiertos
La Municipalidad de Lince, en coordinación con la Policía Nacional del Perú (PNP), llevó adelante un operativo llamado Control Territorial, con el fin de fortalecer la seguridad ciudadana y el orden público en el distrito. Según reportó la Agencia Andina, la intervención contó con personal policial de la Comisaría de Lince y agentes municipales de las áreas de Seguridad Ciudadana, Fiscalización Administrativa y Salud Pública.
Durante la jornada, las autoridades recorrieron avenidas principales y zonas estratégicas de Lince, patrullando de forma preventiva y realizando controles de identidad. Estos operativos permitieron ingresar a locales que operaban bajo la fachada de centros de masajes y detectar la presencia de actividades de prostitución informal.
La alcaldesa de Lince, Malca Schnaiderman Lara, junto al comandante Jhon Meza Orihuela, supervisaron las acciones en el terreno. Ambos destacaron, según la Agencia Andina, la necesidad de reforzar el trabajo conjunto entre municipio y policía para recuperar la tranquilidad perdida en los barrios y salvaguardar la salud pública.
Las intervenciones incluyeron la verificación de condiciones de seguridad y salubridad en los establecimientos. El operativo buscó disuadir directamente las actividades ilícitas e incrementar la presencia del Estado ante la ola de violencia y el miedo que se ha instalado en el distrito debido a las disputas entre criminales por el control de la prostitución.
Disputa entre mafias en Lima y control de la prostitución
Las llamadas zonas rosas del centro de Lima, como Risso y jirón Zepita, han sido tomadas por bandas delictivas peruanas, desplazando a grupos extranjeros y desatando una lucha feroz por el control de la prostitución. Según reportó Buenos Días Perú, las amenazas, extorsiones y ataques a balazos en la vía pública forman parte de una estrategia de amedrentamiento para imponer cuotas a las trabajadoras sexuales.
Uno de los audios difundidos por el medio reproduce la frase de un extorsionador identificado como parte de “la gente del hampa peruano”, quien advierte: “Va a ser la primera y última vez que estamos hablando. Este es el mundo del hampa peruano. La que no copia, la que no se pone al día, la que no quiere copiar y participar con nosotros se muere”. La consigna es clara: solo quienes paguen podrán seguir trabajando, bajo riesgo de represalias letales.
El temor se refleja en casos como el de una joven que, tras negarse a pagar la cuota impuesta, recibió un disparo. “No me quiero morir...”, se escucha en un video grabado tras el ataque, que muestra la gravedad del clima de violencia instalado en la ciudad. El proyectil atravesó el tórax de la víctima, ingresando por el pecho y saliendo por la espalda; la joven permanece internada en un hospital.
Las organizaciones dictan líneas estrictas sobre las zonas permitidas para ejercer el trabajo sexual. Un mensaje interceptado indica: “Solo se trabajará en Alfonso Ugarte, en los tres hoteles. No queremos a nadie en el pasaje, en las transversales, ni en la parte de atrás, solo en la avenida. Todas tienen que cooperar”. Esta directriz limita la autonomía de las trabajadoras y centraliza el poder en las rutas más lucrativas.
La escalada de violencia ha alcanzado episodios extremos. Buenos Días Perú registró una balacera en Pardo de Cela con pasaje San Roberto, en Lince, donde sicarios en motocicleta dispararon contra un vehículo que transportaba pertenencias femeninas; al menos ocho impactos de bala marcaron el automóvil. Minutos después, la detonación de una granada en plena avenida Arequipa sembró el pánico entre transeúntes, aunque no se reportaron muertes.