Durante décadas, el crecimiento económico se explicó desde la acumulación de capital, la expansión del comercio o la explotación de recursos naturales. Sin embargo, en el siglo XXI esta mirada resulta insuficiente. Hoy, innovar no es una opción: es una condición de supervivencia. Las economías que no incorporen la creatividad y la innovación como política estructural, y no sólo como un “extra”, están condenadas al estancamiento.
El economista Joseph Schumpeter definió hace casi un siglo el concepto de “destrucción creativa” como el hecho esencial del capitalismo. Para Schumpeter, el progreso económico no surge de la estabilidad, sino de una fuerza interna de renovación constante: la introducción de nuevos productos, procesos y modelos de negocio que desplazan a los anteriores. Cada avance genera ganancias de productividad y bienestar, pero también obsolescencia y disrupción.
La destrucción creativa tiene implicancias profundas. Es el motor del capitalismo porque dinamiza la competencia y eleva la eficiencia. Sin embargo, también implica costos de transición: desempleo en sectores tradicionales, necesidad de reconversión laboral y riesgos de mayor desigualdad si no existen políticas de adaptación. Además, como han advertido diversos especialistas, el estancamiento suele aparecer cuando las élites económicas o políticas bloquean estos procesos para proteger intereses establecidos, frenando la renovación estructural.
Esta premisa ha cobrado nueva relevancia con el reciente reconocimiento del Premio Nobel de Economía 2025, otorgado a Philippe Aghion, Peter Howitt y Joel Mokyr, por su teoría del crecimiento sostenido impulsado por la destrucción creativa y el progreso tecnológico. Sus investigaciones demuestran que la innovación no es un fenómeno aislado, sino un proceso acumulativo y autosostenido que requiere instituciones abiertas, competencia dinámica y una cultura favorable al cambio.
Mokyr subraya que el crecimiento sostenido depende de algo más que inventos: requiere conocimiento que permita comprender por qué las tecnologías funcionan y cómo pueden mejorarse. Aghion y Howitt formalizaron cómo la entrada constante de innovaciones desplaza a las tecnologías antiguas, generando ciclos de reemplazo que explican el crecimiento de largo plazo. John Hassler, presidente del premio, menciona que el crecimiento no puede darse por sentado; debemos preservar los mecanismos que sostienen la destrucción creativa para evitar el estancamiento.
Un ejemplo actual es la inteligencia artificial. La IA trajo una ola de inversión global y startups valoradas arriba de mil millones de dólares. Más que una moda, la IA está redefiniendo cadenas de valor completas: desde la manufactura hasta la educación, desde las finanzas hasta la salud. Empresas que integran algoritmos en sus procesos aumentan su productividad y capacidad predictiva; aquellas que no lo hacen pierden competitividad.
El Foro Económico Mundial ha advertido que la brecha entre economías innovadoras y rezagadas se ampliará en la próxima década. En sus informes sobre el futuro del empleo, señala que millones de puestos desaparecerán, pero también surgirán nuevos roles asociados a habilidades creativas, tecnológicas y verdes. La clave no es frenar el cambio, sino gestionarlo estratégicamente y reentrenarse con nuevas habilidades.
Para América Latina, y particularmente para países con alta dependencia de materias primas, esta discusión es crítica. El crecimiento basado exclusivamente en recursos naturales es vulnerable a ciclos externos y carece de sostenibilidad estructural. Incorporar la innovación como política de desarrollo implica invertir en educación de calidad, investigación acción, ecosistemas emprendedores y marcos regulatorios que incentiven la competencia.
Innovar o desaparecer no es una consigna retórica: es la lógica operativa del capitalismo del conocimiento contemporáneo. La destrucción creativa no puede evitarse, pero sí puede potenciarse o bloquearse. Las sociedades que comprendan esta dinámica y construyan instituciones abiertas al cambio serán las que lideren el próximo ciclo de prosperidad. Las que no, quedarán atrapadas en la nostalgia de industrias que el futuro dejará atrás.