En las alturas del sur peruano, donde el aire es seco y el paisaje impone distancia, un perro acompaña desde hace generaciones a las familias dedicadas al pastoreo. Su figura se desplaza entre rebaños y corrales, atento al movimiento del ganado y a cualquier amenaza. En esas zonas por encima de los tres mil metros sobre el nivel del mar, su presencia forma parte de la rutina diaria.
Ese animal es conocido como Chaku cusqueño o chapito. Ahora, su nombre empieza a escucharse fuera de las comunidades donde creció. La Asociación Canófila Peruana – Unión Canófila Peruana (ACP-UCPE) impulsa una iniciativa para que esta raza obtenga reconocimiento oficial como Patrimonio Cultural de la Nación. El objetivo apunta a proteger su linaje y establecer estándares formales que respalden su crianza.
El impulso surge luego de que, en 2025, el Congreso de la República aprobara el reconocimiento del Pastor Chiribaya como parte del patrimonio biológico nacional. Ese antecedente abrió una ruta legal para otras razas originarias del país. En ese contexto, la ACP-UCPE busca que el Chaku cusqueño reciba un tratamiento similar.
Un perro de altura con identidad propia
El Chaku cusqueño es oriundo de zonas altoandinas de Cusco —como Sicuani, Huanta y Tambo—, así como de regiones de Puno, Juliaca, Arequipa y Ayacucho. Vive y trabaja en territorios que superan los 3.000 metros de altitud. Allí cumple funciones claras: conduce ganado y también actúa como perro de guarda.
Durante una entrevista con el diario La República, el cinólogo Jaime Rodríguez Valencia, presidente de la ACP-UCPE, explicó el alcance de la propuesta. “Es un perro que los ha acompañado por cientos de años”, afirmó al referirse al vínculo entre el animal y los comuneros de la sierra sur. Según indicó, aunque no existe evidencia arqueológica preinca confirmada como en el caso del Pastor Chiribaya, la antigüedad del Chaku cusqueño se sostiene en la tradición oral de las comunidades.
Rodríguez inidicó que el reconocimiento formal tendría efectos concretos. “Esta aprobación transformará a las comunidades altoandinas”, señaló. A su juicio, la medida permitirá reconocer oficialmente la presencia histórica de la raza y fomentar la crianza responsable entre los pobladores locales. También impulsará el registro genealógico, conocido como pedigrí, y la definición de un estándar racial.
Rasgos físicos y variedades
El especialista describió al Chaku cusqueño como un perro con morfología adaptada a las labores del campo. No solo cumple tareas de conducción de ganado, también vigila corrales y viviendas rurales. Una de sus diferencias frente al Pastor Chiribaya es el pelo ondeado o semirrizado.
Entre sus características físicas destaca una cabeza mesocéfala, similar a la del ancestro del lobo. Presenta orejas largas y caídas, ojos almendrados cuyo color varía según el manto y una depresión nasofrontal marcada, un surco visible entre los ojos. Se identifican tres variedades: pequeño, mediano y grande.
Para la ACP-UCPE, estos rasgos deben quedar establecidos en un estándar oficial que permita diferenciar al Chaku cusqueño de otras razas y evitar cruces indiscriminados. La formalización del registro busca ordenar la crianza y proteger la línea genética.
Ruta legislativa y proyección internacional
La asociación trabaja junto con la congresista Magaly Ruiz para presentar un proyecto de ley ante la Comisión de Cultura del Congreso. Según lo previsto, la iniciativa ingresaría en las próximas semanas y su aprobación final podría darse en junio.
En paralelo, la ACP-UCPE coordina acciones con la Federación Canina Americana (FECAM) y la World Kennel Union (WKU) con el fin de lograr reconocimiento internacional como raza oficial peruana. La meta apunta a una exposición oficial en Guadalajara, México, en octubre de 2026, donde se buscaría validar el estándar racial ante organismos internacionales.
El antecedente del Pastor Chiribaya marcó un punto de referencia en este proceso. Para la ACP-UCPE, el reconocimiento del Chaku cusqueño ampliaría la lista de razas originarias protegidas por el Estado y reforzaría la identidad canina del país. Mientras avanza el trámite legislativo, en las alturas del sur andino el chapito continúa con su labor diaria, ajeno al debate legal que ahora rodea su nombre.