A más de 2.900 metros de altura, en los Andes del sur de Perú, una ciudad se prepara para convertirse en el epicentro del carnaval originario del país. Se trata del Pukllay, un encuentro nacional que reúne danzas, música y rituales ancestrales y que en 2026 volverá a convocar a miles de visitantes en Andahuaylas, proyectándose como una de las celebraciones culturales más importantes del mundo andino.
La ciudad, ubicada en la región de Apurímac, inició la cuenta regresiva con un pasacalle que convirtió sus calles en escenario. Comparsas de danzantes desfilaron con trajes bordados a mano, máscaras tradicionales y coreografías que combinan ritual agrícola, celebración comunitaria y memoria histórica. El mensaje fue claro: en marzo de 2026, Andahuaylas volverá a ser el epicentro del carnaval andino peruano.
El Pukllay —palabra quechua que significa “juego” o “celebración festiva”— nació hace casi dos décadas como una iniciativa para preservar las expresiones tradicionales del carnaval andino, muchas de ellas transmitidas de generación en generación. A diferencia de los carnavales urbanos más conocidos de América Latina, aquí el eje no es el espectáculo masivo, sino la identidad cultural de los pueblos originarios.
Un carnaval con raíces ancestrales
Para comprender su dimensión, hay que mirar más allá del calendario turístico. En el mundo andino, el carnaval coincide con el cierre del ciclo de lluvias y con celebraciones vinculadas a la fertilidad de la tierra. Muchas danzas del Pukllay recrean escenas agrícolas, agradecimientos a la Pachamama —la Madre Tierra en la cosmovisión andina— y rituales comunitarios con raíces prehispánicas y coloniales.
Cada comparsa representa una comunidad específica y cada vestimenta sintetiza siglos de historia. No es solo folclore: es memoria viva puesta en movimiento.
De celebración local a vitrina internacional
Con el paso de los años, el encuentro dejó de ser únicamente regional para proyectarse a nivel nacional e internacional. La edición 2026, programada para el 11, 12 y 13 de marzo, espera superar los 30 mil visitantes entre turistas, investigadores culturales y delegaciones de distintas regiones del país.
También participarán representantes de Ecuador, México, Bolivia, Japón, Senegal y Chile, consolidando al Pukllay como un espacio de intercambio intercultural. En un escenario global donde muchas tradiciones enfrentan procesos acelerados de homogeneización, este tipo de encuentros funciona como un acto de afirmación identitaria.
Impacto económico y desarrollo regional
El evento no solo tiene un valor simbólico. Durante los días del encuentro, la actividad hotelera, gastronómica y comercial se multiplica. Productores agrícolas, artesanos y emprendedores locales encuentran en el Pukllay una plataforma concreta de dinamización económica.
Autoridades locales han destacado que el encuentro también fortalece la descentralización cultural en un país donde gran parte de la oferta artística y turística suele concentrarse en la capital, Lima. En ese sentido, Andahuaylas se posiciona como un polo cultural del sur andino.
“Desde Andahuaylas abrimos nuestras puertas al Perú y al mundo, reafirmando que la cultura también es motor de progreso”, señaló el alcalde provincial, Abel Manuel Serna Herrera.
Sabores andinos que cuentan historia
La identidad del Pukllay también se expresa en la gastronomía. Durante el lanzamiento oficial se ofreció una muestra de platos tradicionales como la pachamanca —técnica ancestral de cocción bajo tierra—, puchero andahuaylino, sopa chairo, cuy chactado, trucha frita y picante de quinua.
Cada receta refleja una relación directa con el territorio: productos de altura, técnicas heredadas y una economía vinculada al entorno natural. En el mundo andino, la comida no acompaña la fiesta; forma parte de ella.
La cuenta regresiva ya comenzó. Y mientras marzo de 2026 se acerca, Andahuaylas vuelve a recordarle al Perú —y al mundo— que el carnaval andino no es una postal exótica, sino una tradición viva que sigue creciendo desde sus propias raíces.