Momia Juanita sigue dando pistas de los incas: niños momificados fueron “mensajeros” y Ampato revela preservación artificial con huesos y telas

Las imágenes internas revelan desplazamientos óseos, textiles y fracturas que no se explican por procesos naturales, abriendo nuevas preguntas sobre el poder simbólico de estos cuerpos

Un estudio reciente aplicó tomografía computarizada a cuatro momias infantiles halladas en los volcanes Ampato y Sara Sara, en el sur del Perú. La paleoradiología abre nuevos caminos hacia la momificación congelada de niños de los volcanes Ampato y Sara Sara, Perú.

A más de cinco mil metros de altitud, donde el aire escasea y el frío conserva lo que el tiempo suele borrar, los Andes guardan respuestas que siguen incomodando las certezas sobre el mundo inca. No se trata solo de cómo murieron ciertos niños hace más de quinientos años, sino de qué ocurrió con ellos después, una dimensión poco explorada que hoy vuelve al centro del debate arqueológico.

Un estudio reciente basado en tomografía computarizada puso en cuestión la idea de que los sacrificios infantiles del ritual de capacocha terminaban con el entierro. Las imágenes internas de cuatro momias infantiles recuperadas en los volcanes Ampato y Sara Sara, en el sur del Perú, muestran evidencias que obligan a repensar el sentido ritual, político y simbólico de estos cuerpos. En al menos un caso, el cuerpo no solo fue conservado por las condiciones naturales de la montaña, sino modificado de manera deliberada tras la muerte.

La investigación, liderada por la bioarqueóloga Dagmara Socha, propone que algunas víctimas infantiles continuaron cumpliendo un rol ritual activo mucho después del sacrificio. “Los niños no solo fueron ofrendas, también actuaron como mensajeros dentro de la cosmología inca”, señala el estudio titulado “La paleoradiología abre nuevos caminos hacia la momificación congelada de niños de los volcanes Ampato y Sara Sara, Perú”, publicado en Journal of Archaeological Science: Reports. Esa función, según los datos, pudo extenderse en el tiempo mediante prácticas de manipulación, traslado y preservación artificial.

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La capacocha y el valor político del sacrificio infantil

Fotografías de los individuos examinados en este estudio: Ampato #1, Ampato #2, Ampato #4 y Sara Sara. Créditos: La paleoradiología abre nuevos caminos hacia la momificación congelada de niños de los volcanes Ampato y Sara Sara, Perú.

La capacocha formó parte de los rituales estatales más relevantes del Imperio Inca. Incluía el sacrificio de niños y jóvenes seleccionados en distintas regiones del territorio, con frecuencia durante eventos clave como la muerte de un gobernante, catástrofes naturales o celebraciones cíclicas. Los cuerpos solían depositarse en santuarios de altura, espacios asociados a divinidades de montaña.

Los cronistas coloniales describieron estas ceremonias con detalle, aunque desde una mirada externa y tardía. En sus relatos, las víctimas aparecían como niños “perfectos”, sin defectos físicos, elegidos para cumplir una misión sagrada. Sin embargo, la evidencia arqueológica disponible resulta limitada y fragmentaria, por lo que cada nuevo hallazgo modifica el panorama previo.

En ese contexto, los descubrimientos realizados en Ampato y Sara Sara resultan claves. Ambos volcanes se encuentran en el sur peruano y concentran algunos de los pocos entierros de capacocha documentados hasta ahora. Los cuerpos, recuperados en la década de 1990, permanecieron congelados durante siglos gracias a la altitud, el frío y la sequedad ambiental.

El equipo dirigido por Socha utilizó tomografía computarizada de alta resolución para analizar cuatro momias infantiles: tres del volcán Ampato y una de Sara Sara. Esta técnica permitió observar lesiones internas, enfermedades y alteraciones post mortem imposibles de detectar solo mediante inspección externa.

“El análisis por TC reveló patrones tafonómicos distintos, incluyendo momificación natural, daños inducidos por rayos y preservación artificial”, indica el artículo. Las imágenes mostraron traumas craneales compatibles con golpes en la cabeza, además de indicadores patológicos que contradicen la idea de una selección basada exclusivamente en la perfección física.

Uno de los casos más claros corresponde a una niña de unos ocho años, identificada como Ampato. Presentaba un esófago dilatado y calcificaciones pulmonares, cambios compatibles con enfermedades infecciosas. Estos datos “contradicen la afirmación, presente en algunos relatos históricos, de que solo se elegía a niños ‘perfectos’”, señala en el trabajo de investigación.

Ampato, un caso que cambia la lectura del ritual

El hallazgo más inusual involucra a una niña identificada como Ampato. Las tomografías computarizadas revelaron una disposición interna que no encaja con los procesos naturales de momificación por congelación. Dentro de la cavidad abdominal se detectaron huesos desplazados, elementos esqueléticos ausentes, pequeñas piedras y fragmentos que los investigadores interpretan como textiles.

Según el estudio, algunos huesos faltantes fueron reemplazados por telas, lo que sugiere una forma de preservación artificial. “Ampato representa un entierro secundario, con elementos óseos y tejidos blandos faltantes reemplazados por textiles”, se lee en el resumen del artículo científico. Esta intervención no se explica por factores ambientales ni por el paso del tiempo.

Los autores sostienen que el cuerpo fue manipulado de manera intencional tras la muerte. Las imágenes también muestran fracturas post mortem, desplazamientos internos y la introducción de materiales ajenos al cuerpo. Para el equipo, estos indicios apuntan a un proceso de reubicación y reparación simbólica.

Entierro secundario y uso ritual prolongado

La noción de entierro secundario resulta central para comprender el caso de Ampato. A diferencia de los otros individuos, su cuerpo no permaneció intacto en el lugar original de deposición. La manipulación posterior sugiere que el cadáver cumplió una función ritual prolongada.

“Si una víctima de capacocha fue alterada intencionalmente tras su muerte, esto sugiere una relación diferente entre la comunidad viva y el niño sacrificado”, plantea el estudio. En lugar de un acto único y definitivo, el sacrificio aparece como el inicio de un proceso ritual más amplio.

Los investigadores vinculan esta práctica con el traslado de objetos sagrados dentro del Imperio Inca, una estrategia utilizada para establecer vínculos con nuevos territorios. En ese marco, los niños sacrificados podían actuar como intermediarios entre comunidades humanas y deidades locales, incluso después de morir.

Niños como intermediarios sagrados

atuendos, vestimentas, día soleado, anterior al descubrimiento de América, siglo XIII, XIV, habitar, habitantes, chamán - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Diversos estudios previos en los Andes señalaron que los sacrificios en cumbres montañosas se relacionaban con el poder estatal y con la creencia de que los niños podían comunicarse con las deidades de la montaña. El nuevo análisis refuerza esta idea al mostrar que, en algunos casos, el cuerpo mismo se convertía en un objeto ritual activo.

El artículo enmarca a los niños como “mensajeros” dentro de la cosmología inca. Esa función no necesariamente terminaba con la muerte física. La evidencia de revisitas, traslados y preservación artificial sugiere un uso ritual continuo de los restos.

Fuentes etnohistóricas citadas por el equipo describen santuarios asociados a sitios de capacocha, donde las comunidades acudían en busca de augurios. Esto refuerza la hipótesis de que los cuerpos permanecían integrados al paisaje religioso local y a la memoria colectiva.

Las tomografías también aportaron datos sobre las causas de muerte. En los cuatro individuos se identificaron lesiones craneales compatibles con golpes contusos. En algunos casos, las fracturas diastásicas sugieren un impacto perimortem sin destrucción extensa del cráneo, una forma de violencia ritualizada.

Ampato, conocida como la “Dama de Ampato” o “Momia Juanita”, mostró traumatismos en cráneo, tórax y pelvis. Sara Sara presentó un patrón similar, con fracturas en la región craneal y dislocación en la unión cráneo-cervical. Estos hallazgos coinciden con descripciones históricas que mencionan golpes en la cabeza como método de sacrificio.

En paralelo, los indicadores patológicos muestran que varias víctimas padecían enfermedades previas. En Ampato, el esófago dilatado y las calcificaciones pulmonares podrían vincularse con infecciones endémicas de la región andina. Estos datos cuestionan la narrativa colonial que describía a las víctimas como físicamente impecables.

Diversidad de tratamientos rituales

Nuevos hallazgos en el área del volcán Maipo demuestran la influencia inca en Argentina. Se identificaron estructuras utilizadas para rituales y astronomía. (Imperium)

Uno de los aportes centrales del estudio reside en mostrar la diversidad de tratamientos aplicados a las víctimas de capacocha. No todos los cuerpos siguieron el mismo destino ni recibieron el mismo manejo post mortem. Algunos se conservaron de forma natural, otros sufrieron daños ambientales como impactos de rayos, y uno fue objeto de preservación artificial.

“Estos hallazgos aportan a la comprensión de las prácticas sacrificiales incas, subrayando la diversidad de tratamientos rituales”, afirma el resumen del artículo. Lejos de un modelo uniforme, el ritual aparece como un conjunto de prácticas flexibles, adaptadas a contextos locales y necesidades políticas.

La manipulación posterior de Ampato sugiere que ciertos cuerpos adquirían un valor especial, posiblemente ligado a procesos de reasentamiento poblacional o a la necesidad de establecer vínculos simbólicos en nuevos territorios.

El estudio también propone que las víctimas de capacocha se integraban de manera duradera al paisaje religioso local. Aunque los análisis isotópicos indican orígenes geográficos diversos, los cuerpos quedaron asociados al lugar de entierro y a las comunidades que interactuaban con ese espacio.

La evidencia de entierro secundario refuerza esta idea. Al preservar y trasladar el cuerpo, la comunidad mantenía activo el vínculo con el sacrificio y con las deidades invocadas. El niño no solo representaba una ofrenda pasada, sino un mediador permanente.

En palabras del artículo, la manipulación post mortem “sugiere que el rol ritual de las víctimas de capacocha se extendía más allá de la muerte, reforzando su importancia en el paisaje religioso local y la memoria comunitaria”. La tomografía computarizada, al revelar estas alteraciones internas, abrió una vía para formular preguntas nuevas sobre prácticas antiguas.

Un giro en la investigación bioarqueológica

El trabajo titulado “Paleoradiology opens new insights into frozen mummified children from Ampato and Sara Sara volcanoes, Peru” marca un punto de inflexión en el estudio de la capacocha. Al aplicar técnicas no invasivas, los investigadores lograron acceder a información interna sin alterar los cuerpos, una condición clave en contextos de alto valor patrimonial.

Más allá de los datos forenses, el estudio propone un cambio de enfoque. La pregunta central deja de ser únicamente cómo murieron estos niños y pasa a ser qué papel cumplieron después. En ese desplazamiento, la figura del niño sacrificado aparece como un agente simbólico activo, integrado a estrategias estatales, creencias religiosas y memorias locales.

La momificación deliberada documentada en Ampato no solo constituye un caso único dentro del registro arqueológico andino. También obliga a revisar interpretaciones previas sobre el sentido del sacrificio infantil en el mundo inca y abre nuevas líneas de investigación sobre la relación entre muerte, ritual y poder en los Andes prehispánicos.

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