En las zonas rurales del Perú, la educación sigue marcando una frontera entre las oportunidades y la exclusión. Mientras las mujeres sostienen buena parte de la producción agrícola y de las economías locales, lo hacen enfrentando brechas educativas persistentes que limitan su participación productiva, restringen su acceso a derechos y afectan el desarrollo sostenible de sus comunidades.
En el marco del Día Mundial de la Educación, conmemorado ayer 24 de enero, estas desigualdades vuelven a poner en evidencia un desafío estructural aún no resuelto.
Según datos del Ministerio de Educación, en las áreas rurales del país el 23 % de las mujeres mayores de 15 años no sabe leer ni escribir, una cifra que refleja una desigualdad histórica en el acceso a la educación formal. Esta situación se agrava si se compara con la de los hombres: el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) reporta una brecha de analfabetismo de 11 puntos porcentuales entre hombres y mujeres en zonas rurales, mientras que en áreas urbanas la diferencia se reduce a apenas 3 puntos.
Estas brechas educativas tienen efectos directos en la vida cotidiana de las mujeres rurales. La falta de alfabetización limita su acceso a información clave, dificulta la adopción de nuevas tecnologías, restringe la mejora de procesos productivos y reduce su participación en cadenas de valor más amplias, especialmente en el sector agrícola.
Estudios interrumpidos
Otro de los obstáculos estructurales es la interrupción temprana de las trayectorias educativas. De acuerdo con cifras del INEI, el 19 % de jóvenes entre 15 y 24 años dejó sus estudios por embarazo o matrimonio, una situación que afecta de manera desproporcionada a las mujeres y tiene consecuencias duraderas en su autonomía económica.
A nivel nacional, persiste además una brecha de 10 puntos porcentuales en el acceso a la educación secundaria entre hombres y mujeres, lo que limita las posibilidades de acceder a formación técnica y especializada, especialmente en contextos rurales donde estas oportunidades ya son escasas.
“Cuando una mujer rural queda fuera del sistema educativo, no solo se restringen sus oportunidades individuales: se debilita la capacidad productiva de toda la comunidad”, señala Anna Romanelli, gerente global de Educación y Emprendimiento. “La educación es una herramienta clave para que las mujeres puedan tomar decisiones informadas, mejorar sus emprendimientos y fortalecer su autonomía económica”.
Educación, trabajo y desigualdad económica
Las brechas educativas se trasladan luego al ámbito laboral. Incluso cuando las mujeres logran acceder a estudios superiores, sus ingresos siguen siendo menores: en promedio, ganan un 28 % menos que los hombres, según el INEI. Esta desigualdad salarial refleja un sistema que continúa penalizando a las mujeres, incluso cuando cuentan con formación académica.
A ello se suma que el 26 % de las mujeres de entre 15 y 25 años no estudia, no trabaja ni recibe formación, de acuerdo con ONU Mujeres, una situación que restringe las posibilidades de innovación y crecimiento en territorios donde la diversificación productiva es clave para enfrentar la pobreza y la informalidad.
Mujeres rurales y emprendimiento
Pese a este contexto adverso, las mujeres continúan siendo protagonistas del entramado productivo del país. Según datos del Ministerio de Producción, representan el 39,3 % del total de personas emprendedoras del Perú y lideran 1,3 millones de micro y pequeñas empresas, muchas de ellas vinculadas a actividades agrícolas y rurales.
Para miles de mujeres, el emprendimiento se convierte en una estrategia para generar ingresos, sostener a sus familias y fortalecer sus comunidades, aun cuando las condiciones educativas y económicas no sean favorables.
Educación con enfoque de género
Invertir en educación con enfoque de género en el ámbito rural no solo mejora las condiciones de vida de las mujeres, sino que fortalece la seguridad alimentaria, dinamiza las economías locales y contribuye al desarrollo sostenible del país. En ese sentido, el debate sobre educación, desigualdad y género seguirá en agenda regional.
En 2026, Lima será sede del GLI Forum LATAM, un espacio que reunirá a liderazgos, inversionistas y organizaciones para reflexionar sobre inversión con enfoque de género, educación y emprendimiento como motores de transformación social en América Latina.