Caudales en alerta roja en Ica elevan el riesgo para poblaciones ribereñas de la cuenca del río Pisco

El aumento de lluvias en la sierra y la transición entre La Niña y condiciones cálidas mantienen la alerta. Especialistas advierten sobre huaicos, inundaciones y la necesidad de reforzar el monitoreo

Desde mediados de enero, los ríos de Ica presentan niveles elevados que superan umbrales de alerta, con impacto directo en zonas bajas y centros poblados cercanos.

Desde la segunda quincena de enero, los ríos de la región Ica registran incrementos sostenidos en sus caudales y alcanzan niveles considerados extremos. El comportamiento de estas corrientes fluviales genera preocupación en autoridades y poblaciones asentadas en zonas bajas, donde el riesgo de desbordes y afectaciones directas forma parte del escenario cotidiano durante la temporada de lluvias.

Los reportes técnicos del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) describen un escenario cambiante, con picos de caudal que superan umbrales de alerta y obligan a mantener vigilancia constante. En varios tramos, la fuerza del agua modifica el paisaje y condiciona la movilidad, la actividad agrícola y la seguridad de los centros poblados cercanos.

Uno de los puntos más sensibles se localiza en la cuenca del río Pisco, donde las mediciones recientes reflejan valores que colocan a la población en una situación de riesgo. La combinación de lluvias intensas en las zonas altas y el aporte continuo de agua hacia la costa explica este incremento, según los especialistas.

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El llamado de las autoridades se centra en la prevención. Las recomendaciones insisten en evitar actividades cercanas a las riberas y respetar las alertas emitidas, mientras el contexto climático regional suma nuevos factores de incertidumbre.

Ríos en alerta y caudales extremos en la cuenca del Pisco

La estación hidrológica Letrayoc registró caudales de hasta 256.31 m³/s, ubicando al río en nivel rojo de peligro y exponiendo a comunidades como Quinga, Chunchanga, Parihuana y Casa Blanca.

La estación hidrológica Letrayoc, ubicada en el tramo del río Pisco que atraviesa el distrito de Huancano, reportó durante varios días un nivel rojo de peligro. En la jornada más reciente, el registro mostró un descenso por debajo del umbral amarillo, aunque el monitoreo continúa de forma permanente ante posibles repuntes.

Durante la víspera, el río Pisco alcanzó un caudal de 256.31 metros cúbicos por segundo, valor que lo ubicó dentro del umbral rojo. En ese contexto, quedaron expuestos a una posible afectación los centros poblados de Quinga, La Quinga Chica, Chunchanga, La Llama, Huaya Chica, Pariahuana Alto, Parihuana Bajo, Chanchamayo, Casa Blanca y Letrayoc.

Especialistas del Senamhi atribuyen este comportamiento a las precipitaciones intensas registradas en las cabeceras de cuenca. Desde la entidad técnica se advirtió que este tipo de eventos puede repetirse mientras persistan las lluvias en la sierra. Por ello, la institución recomendó a la población “tomar las precauciones correspondientes y evitar realizar cualquier actividad cercana al río”.

El mensaje preventivo también incluye indicaciones claras para la población rural y urbana. “Además, debes alejarte de la ribera del río y evitar cruzar a pie corrientes de agua que superen tus rodillas”, señala la recomendación difundida por el organismo especializado.

Transición climática y vigilancia por el Niño costero

El comportamiento de los ríos se vincula con un contexto climático más amplio, marcado por cambios en la temperatura del mar y la posible transición entre fenómenos oceánicos. Durante una entrevista, la especialista Silvestre Espinosa explicó que “el fenómeno de El Niño es un evento típicamente veraniego, identificable entre diciembre y febrero, aunque sus efectos pueden extenderse a lo largo del año”.

Según detalló, el periodo 2025-2026 comenzó bajo la influencia de la Niña, caracterizada por temperaturas frías en la costa peruana. No obstante, el ingreso de ondas de Kelvin aportó energía al sistema oceánico y generó un aumento progresivo en la temperatura superficial del mar. “El mar, que estaba frío, está adquiriendo una temperatura normal. Si este proceso continúa, podríamos enfrentar condiciones cálidas y, con ello, impactos en el clima costero”, explicó.

Este escenario llevó al Estudio Nacional del Fenómeno del Niño (ENFEN) a modificar el estado de alerta del Niño costero, que pasó de “no activo” a “vigilancia”. La decisión responde a la probabilidad creciente de condiciones cálidas débiles desde abril hasta, por lo menos, octubre de 2026.

Espinosa consideró adecuado el seguimiento constante del fenómeno, con reportes quincenales, aunque remarcó la importancia de fortalecer la observación a escala local. “La Niña es fría”, aclaró, con el fin de evitar confusiones, y advirtió que un Niño costero podría sentirse con mayor intensidad a partir de marzo.

Lluvias intensas, huaicos e inundaciones en la costa y la sierra

Aunque los niveles descendieron temporalmente, las autoridades mantienen vigilancia permanente ante posibles repuntes asociados a lluvias en las zonas altas.

El aumento de la temperatura del mar, especialmente cuando se aproxima a los 26 grados, funciona como un indicador clave para prever lluvias intensas en las zonas altas. “Esperemos estos impactos de precipitaciones en las zonas altas”, advirtió Silvestre Espinosa al referirse a los posibles efectos en la sierra y su posterior repercusión en la costa.

Ante este panorama, el Gobierno declaró el estado de emergencia por sesenta días en ciento treinta y cuatro distritos de regiones como Áncash, Ica, La Libertad, Lambayeque, Lima, Moquegua, Piura y Tumbes, debido a la persistencia de las lluvias y al riesgo asociado a desastres naturales.

La especialista alertó sobre el peligro de huaicos e inundaciones en los valles costeros. “Cuando la lluvia persiste en las zonas altas, los ríos crecen y desembocan en el Pacífico, generando peligro para las poblaciones vulnerables”, explicó. Este riesgo aumenta en zonas donde la deforestación y la pérdida de cobertura vegetal reducen la capacidad natural de absorción del suelo.

En ese sentido, Espinosa insistió en la necesidad de mejorar los sistemas de monitoreo en tiempo real. Existen regiones sin estaciones meteorológicas suficientes para registrar eventos extremos con precisión. “Además de establecer un sistema de monitoreo, hay que considerar los estudios científicos que identifican zonas de alta vulnerabilidad”, sostuvo, en referencia a la planificación preventiva frente a un escenario climático cada vez más exigente.

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