Metrópolis, película pionera de la ciencia ficción, anticipó el 2026 como un futuro donde la tecnología avanzaba más rápido que la integración de la población al mercado laboral. Más allá de su estética futurista, la película advirtió una tensión estructural que sigue vigente casi cien años después de su estreno: el temor al desplazamiento laboral ante nuevas tecnologías. Hoy, esa inquietud reaparece con la expansión de la inteligencia artificial (IA) generativa y, en el Perú, se traduce en una mayor presión sobre los jóvenes, en un mercado laboral donde el acceso al primer empleo formal ya es limitado.
Más allá de las dificultades para acceder al primer empleo, la situación laboral juvenil presenta otras fragilidades. En el tercer trimestre de 2025, el 76% de los jóvenes de 15 a 29 años se encontraba en la informalidad, cifra superior al promedio nacional (70%). Esta cifra alcanza el 80% entre los jóvenes de 19 a 24 años, justamente en la etapa en la que muchos inician su trayectoria profesional tras culminar la educación superior. A ello se suma la ausencia de señales de recuperación del empleo juvenil, que acumula cuatro años consecutivos de caída en Lima Metropolitana.
Y es sobre este panorama que irrumpe la nueva ola tecnológica liderada por la IA. Por un lado, la automatización tradicional —basada en reglas y procesos predefinidos— ha sustituido a tareas repetitivas y estructuradas, al reemplazar el trabajo humano operativo por máquinas y sistemas digitales. Sin embargo, la IA generativa introduce un cambio distinto: no se limita a ejecutar instrucciones, sino que produce respuestas y análisis básicos a partir de información existente. Por ello, su impacto se concentra en tareas de apoyo que suelen realizar practicantes y puestos junior. De acuerdo con estudios recientes de Stanford y JP Morgan, no elimina profesiones, pero sí puede reducir los primeros escalones de la trayectoria laboral.
En el Perú, la alta informalidad segmenta el impacto de la IA en el mercado laboral. Dado que la adopción tecnológica es mayor en el sector formal, la IA generativa incide con mayor fuerza en los puestos de entrada y vuelve más vulnerable la transición al primer empleo formal, además de elevar el riesgo de retornar a la informalidad. Por ello, es crucial impulsar el proceso de formalización junto con la capacitación en herramientas digitales y adopción tecnológica.
La evidencia internacional respalda esta idea. Estudios recientes del Banco Mundial y la OIT para América Latina estiman que entre 26% y 38% de los empleos podrían estar expuestos a la IA generativa. Esta exposición se concentra en ocupaciones formales, urbanas y con mayor nivel educativo, donde predominan tareas administrativas y de oficina. Sin embargo, el impacto esperado es, en gran medida, de transformación y no de reemplazo. Solo entre 2% y 5% de los empleos enfrentaría un riesgo de sustitución casi total de sus tareas, mientras que entre 8% y 14% podría registrar aumentos de productividad mediante el uso complementario de la IA.
En el caso peruano, la evidencia disponible confirma que este impacto es imitado a nivel agregado, pero altamente segmentado. Un estudio reciente del INEI, publicado en 2025, muestra que alrededor del 24% de la fuerza laboral se ubica en un grupo de alta exposición relativa a la IA generativa, asociado sobre todo a funciones técnico-administrativas del sector formal. Sin embargo, incluso en estas ocupaciones, solo alrededor del 15% de las tareas serían potencialmente afectadas, lo que indica que la IA modifica roles sin reemplazarlos por completo. En ese sentido, el efecto esperado es un proceso de transformación de tareas, más que una sustitución directa.
Metrópolis concluye que el problema no es la tecnología, sino la ausencia de puentes que integren a quienes conforman el sistema productivo. Más que un peligro, la IA pone a prueba la capacidad del mercado laboral para incorporar a los jóvenes. Enfrentar ese reto exige acompañar la adopción tecnológica con mayor inversión en innovación, programas de inserción al mercado formal y formación digital. Además, requiere reducir los altos costos de contratación, que dificultan la creación de puestos de entrada. Solo así la nueva era de la IA podrá traducirse en un futuro del trabajo que también sea un futuro de formalización y de mayor productividad.