El silencio del estanque se quebraba apenas por los movimientos y ladridos desesperados de dos perritos que luchaban por mantenerse a flote. El agua oscura, el borde resbaloso y la profundidad del lugar hacían evidente el riesgo. Cada segundo contaba.
Esa escena fue la que encontró el equipo de Seguridad Ciudadana del distrito de Nepeña, en Áncash, durante un patrullaje preventivo. Minutos antes, un vecino —alertado por los ladridos y el chapoteo— había dado aviso sobre la presencia de los animales atrapados en el estanque “La Parra”, en dirección al distrito de Moro. La respuesta fue inmediata.
Un rescate contrarreloj
Las imágenes del operativo muestran una escena de tensión sostenida. Sin maquinaria ni equipos especializados, dos serenos improvisan una maniobra de rescate con una cuerda. Mientras uno de ellos se asegura desde la parte superior, el otro desciende lentamente hasta el fondo del estanque.
El primer perrito es alcanzado cuando ya casi no logra sostenerse. El sereno lo toma con cuidado, lo asegura y da la señal para que lo suban. Arriba, el animal es recibido entre aplausos y gestos de alivio. No hay tiempo para celebrar: el segundo can sigue en peligro.
La maniobra se repite. El cansancio empieza a notarse, pero el rescate no se detiene. Minutos después, el segundo perrito es sacado del agua. Según informaron las autoridades locales, de haberse demorado un poco más, ambos animales habrían terminado ahogados.
Cuando el patrullaje se convierte en acto humanitario
Ya a salvo, los perritos son colocados en un espacio seguro para que puedan recuperarse del frío, el estrés y el esfuerzo. Permanecen cerca de los serenos, aún temblorosos, mientras el operativo llega a su fin.
La escena, registrada en video, se difundió rápidamente en redes sociales y generó una ola de reacciones. No solo por el desenlace, sino por lo que representa: la decisión de intervenir sin dudar, aun cuando no se trata de una emergencia humana.
El rescate volvió a poner en valor el rol del serenazgo como primera línea de atención y recordó que la vocación de servicio también se mide en estos gestos. En situaciones donde el tiempo apremia, elegir actuar puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Bolivia: una mujer hace trámites con su perro y su gato
En otro punto de la región, una escena muy distinta, pero igual de significativa, captó la atención de miles de personas en redes sociales. Una mujer fue grabada mientras realizaba trámites en una ventanilla de la Sociedad Eléctrica del Sur Oeste (SEAL), en Bolivia, llevando consigo a sus dos mascotas: un perro y un gato, ambos cuidadosamente envueltos en un ‘aguayo’.
El video muestra a la mujer esperando su turno con calma, sosteniendo la manta tradicional andina como si se tratara de un bebé. Dentro, asoman las cabezas de los animales, tranquilos, acostumbrados a la cercanía y al cuidado. Lejos de generar molestia, la escena despierta sonrisas entre quienes la observan.
La imagen se volvió viral por la naturalidad del gesto y por lo que representa: la convivencia cotidiana entre personas y animales, y una forma de cuidado que integra tradición cultural y afecto. Para muchos usuarios, el video fue una muestra de responsabilidad y apego; para otros, una postal de ternura que rompe con la rigidez de los espacios formales.
Dos escenas, un mismo mensaje
Aunque ocurren en contextos distintos —un rescate de emergencia en Perú y una escena cotidiana en Bolivia—, ambos casos coinciden en algo esencial: el valor que las personas asignan a la vida animal.
En Nepeña, los serenos arriesgaron su integridad para salvar a dos perritos sin dueño visible. En Bolivia, una mujer decidió no dejar atrás a sus mascotas y las integró a su rutina diaria. Son gestos distintos, pero unidos por una misma lógica: el cuidado como forma de humanidad.
En tiempos donde las noticias suelen girar en torno a conflictos y urgencias, estas historias recuerdan que la empatía también se expresa en acciones pequeñas o silenciosas. Y que, muchas veces, el vínculo entre humanos y animales revela lo mejor de ambos.