En las calles abarrotadas de Mesa Redonda en el Cercado de Lima, la fiebre del peluche del capibara ha invadido el comercio ambulante. Este muñeco, que se ha convertido en todo un fenómeno entre vendedores y compradores, es promovido como un símbolo de alegría. Su popularidad creció de forma rápida y así, se convirtió en un artículo casi imprescindible durante la campaña navideña.
Sin embargo, detrás de esta moda popular, algunos individuos utilizan esta apariencia de actividad legítima como fachada para cometer delitos. Aprovechando el caos y la multitud, los delincuentes operan bajo la modalidad del “guante blanco” al sustraer celulares y otros objetos de valor sin levantar sospechas.
Franklin Jipen Lachira, alias ‘Capibara’, fue capturado en múltiples ocasiones por su participación en robos al utilizar la apariencia de vendedor ambulante para cometer sus delitos.
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El modus operandi es simple: bajo la fachada de comerciante humilde, esta banda oculta los móviles robados en peluches y otros juguetes, de acuerdo con un informe del programa Buenos días Perú de Panamericana Televisión.
Durante el ajetreo del mercado navideño, estos delincuentes aprovechan la multitud para operar con sigilo y así, sustraer objetos de valor sin ser detectados fácilmente.
Según el coronel PNP Carlos López, jefe del Escuadrón Verde de Lima, la organización criminal conocida como “Los Peluches” está bien organizada.
Uno de sus miembros se disfraza de vendedor para sustraer celulares. Luego, esos objetos de valor son entregados a un segundo individuo, quien se los pasa a un tercer ambulante que posee un puesto de venta de carritos de juguetes donde camufla lo que robaron sus cómplices.
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La intervención del grupo Terna ha sido fundamental para desmantelar estas operaciones. No obstante, según el citado medio de comunicación, en varias ocasiones, se ha logrado la captura de personas implicadas, pero a pesar de ello, los delincuentes regresan a sus actividades poco después, aprovechando las limitaciones del tiempo de detención en flagrancia.
Historia y orígenes de los capibaras en la cultura peruana
Originarios de América del Sur, los capibaras han formado parte del entorno natural de Perú y otras regiones cercanas a lo largo de los siglos. Estos roedores semiacuáticos han convivido con diversas culturas indígenas, quienes los consideraban una fuente importante de alimento y, en algunos casos, un símbolo de conexión con la naturaleza debido a su carácter pacífico y su relación con los entornos acuáticos.
Durante la época precolombina, las comunidades amazónicas ya conocían al capibara, conocido como “chigüiro” en algunas partes de Colombia y Venezuela, e integraban su uso en diversas prácticas cotidianas.
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Las tribus que habitaban cerca de ríos y lagos solían alimentarse de su carne, valorada por su contenido nutricional, mientras que su piel era empleada en la confección de ropa y accesorios. En ciertas culturas, el capibara también se consideraba un animal sagrado, vinculado a rituales relacionados con la naturaleza.
Con el tiempo, aunque los capibaras no ocuparon un papel predominante en la mitología peruana, su presencia en la fauna amazónica les otorgó un simbolismo de resistencia y adaptabilidad. Se les veía como seres que representaban la armonía con el medio ambiente, ya que a pesar de su tamaño, son animales sociales y capaces de adaptarse a diversos ecosistemas acuáticos.
Su imagen relajada y amistosa ha cobrado relevancia en tiempos de estrés social, convirtiéndose en un símbolo de paz y tranquilidad. Este fenómeno ha contribuido a aumentar el interés por estos roedores, llevándolos desde las áreas rurales hacia el centro de la vida urbana, donde ahora aparecen representados en productos comerciales y campañas publicitarias.
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