El dramaturgo que peleó para el bando español y luego se convirtió en el padre del teatro peruano

De militar a dramaturgo, este hombre vivió en carne propia los cambios del Perú naciente. Su obra, cargada de ironía, dio vida a personajes inolvidables que reflejaban una sociedad en crisis.

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La obra de Manuel Ascencio Segura reflejó las tensiones sociales de su tiempo con un fino sentido del humor. Militar y dramaturgo, su pluma crítica lo convirtió en el precursor del teatro en Perú. (Composición)

Considerado uno de los pioneros de la dramaturgia peruana, sus obras retratan con agudeza la sociedad limeña del siglo XIX. Con su pluma irónica, fue capaz de criticar la política y las costumbres de su tiempo, dejando una huella indeleble en la historia literaria del país.

Desde sus primeros textos, mostró una destreza singular para combinar la sátira con la comedia, revelando las contradicciones de una sociedad en transformación. Así, el nombre de Manuel Ascencio Segura quedó grabado en el corazón cultural del Perú.

Cambio de bando

Manuel Ascencio Segura fue cadete realista en su juventud. Pero la derrota en Ayacucho lo hizo cambiar de bando, abrazando la causa independentista y marcando el inicio de su carrera militar. (BNP)

Nacido en Lima, en 1805, hijo de Juan Segura, un oficial del ejército español, y Manuela Cordero, limeña de origen modesto, Segura creció en un ambiente que mezclaba las tradiciones virreinales y las esperanzas republicanas.

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Durante los convulsos primeros años de la república, Segura no solo participó en las guerras civiles, sino que también comenzó a plasmar en la escritura su visión crítica de la sociedad.

Sus inicios

Con su obra "El sargento Canuto", Manuel Ascencio Segura hizo una mordaz crítica a los militares fanfarrones de la época, revelando su estilo satírico que lo consagraría en la dramaturgia. (BNP)

En 1833, escribió su primera comedia, “La Pepa”, una sátira sobre el poder militar, que no llegó a representarse. Pero no fue hasta unos años más tarde que su carrera literaria cobró fuerza, especialmente con la obra “El sargento Canuto”, una mordaz crítica a los militares fanfarrones que dominaban la política de la época.

El teatro fue el vehículo que Segura eligió para hacer visible la vida cotidiana de la clase media y los sectores populares. A través de personajes llenos de picardía y diálogos cargados de giros populares, construyó un retrato de la Lima republicana.

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Las letras como defensa

Manuel Ascencio Segura usó el teatro como arma para denunciar las tensiones sociales de su tiempo. "Ña Catita" es un ejemplo brillante de su capacidad para combinar humor y crítica social. (BNP)

Obras como “Blasco Núñez de Vela”, “La saya y el manto”, y la célebre “Ña Catita”, son ejemplos emblemáticos de su capacidad para combinar la crítica social con el humor. Esta última se convirtió en una de las comedias más icónicas de su repertorio, y refleja las tensiones entre las aspiraciones de los sectores populares y las pretensiones de la élite..

Sus artículos, cargados de sátira, retrataban con fina ironía las contradicciones de la joven república. En publicaciones como La Bolsa y El Moscón, se destacó por atacar las vanidades y los abusos de los poderosos, siempre desde la óptica del hombre común.

Como político

En el ámbito político, Segura tuvo una breve carrera como diputado suplente por Loreto entre 1860 y 1861. Aunque su paso por el Congreso no fue memorable debido a su marcada timidez en la tribuna, su legado se consolidó en la esfera cultural, donde alcanzó el respeto y la admiración de sus contemporáneos.

Fue reconocido como uno de los principales exponentes del costumbrismo, un movimiento que buscaba moralizar a través de la comedia y la sátira.

Activo hasta el final

Pese a su enfermedad, Manuel Ascencio Segura siguió participando en la vida cultural limeña. Hasta su muerte en 1871, su pluma se mantuvo viva, dejando un legado en el teatro peruano. (Juan José Pacheco Ibarra)

El asma y diversas tragedias familiares acompañaron los últimos años de vida de Segura. A pesar de su delicado estado de salud, continuó siendo una figura activa en la vida intelectual limeña, participando en tertulias y encuentros literarios.

En 1929, en reconocimiento a su vasta contribución cultural, el Teatro Principal de Lima fue renombrado como Teatro Segura, un homenaje duradero a un hombre que supo capturar con agudeza y humor la esencia de una sociedad en transformación.

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