Algo muy tradicional de nuestra capital a lo largo de su historia y que perduran hasta la actualidad son los callejones que, a través de sus paredes y sus habitantes, cuentan relatos de la Lima antigua. Estos lugares eran testigos de la vida cotidiana y las jaranas de sus residentes. Algunos aún se resisten al paso del tiempo, como los que se encuentran en el Rímac y Barrios Altos.
Construidos en la época virreinal, los primeros callejones de Lima se edificaron utilizando materiales tradicionales como el adobe. Mientras algunos de estos callejones se caracterizaban por tener un solo piso, otros contaban con dos niveles, complementados con quincha. Los pasadizos o corredores, formados por tierra apisonada, servían de conexión entre las viviendas. Algunos callejones eran tan grandes que, a simple vista, mirando desde la calle, uno veía solamente el portón de entrada, pero, en su interior, había casi otro barrio o ciudad pequeña dentro del callejón.
El escritor y premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, en su obra “Le dedico mi silencio”, describe estos lugares como reliquias de otro tiempo.
Destaca entre estos callejones históricos uno que, durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX, fue el hogar de una importante comunidad de ascendencia africana. Conocido como ‘La bandera blanca’, este lugar se convirtió en escenario de numerosas fiestas y celebraciones. Estos eventos, que se extendían durante varios días, llenaban las estrechas calles con la alegría y el ritmo de la música y la danza.
El callejón de grandes artistas
Con la caída de la tarde, la vida en los callejones tomaba otro matiz. En las puertas, algunas vecinas desplegaban sus mesas ofreciendo postres y comidas rápidas “al paso” a los vecinos del barrio. Una tradición sencilla que, contra viento y marea, perdura hasta hoy. Fue en estos callejones, entre paredes de adobe y suelos de tierra, donde brotaron las jaranas criollas. Donde la cultura y tradición, nacieron legendarios cantantes, músicos y compositores que marcarían la escena musical peruana para siempre.
El callejón conocido como ‘La bandera blanca’, situado en la cuadra 11 de la avenida Abancay, se destacó como foco del criollismo. Tras las jaranas en otros lugares, los criollos se dirigían a este callejón para prolongar la celebración. Aunque hoy responde al nombre de ‘Quinta Virgen del Carmen’, el cariño perdura, y en su momento, cariñosamente lo llamaban “ita” o “banderita”.
Las sorpresas no acaba ahí, ya que este lugar fue la cuna de dos leyendas de la música criolla: el músico criollo Arturo “El Zambo” Cavero y el bolerista Ramón Avilés.
¿Cómo era la vida en estos callejones de Lima?
En los históricos callejones de Lima, las viviendas, con techos de calamina y patios comunes, eran más que simples moradas: eran centros de vida comunitaria. Un caño central, fuente vital de agua, cumplía una función esencial en la vida cotidiana. Aquí, los vecinos se reunían para las tareas diarias como lavarse y abastecerse de agua para cocinar y lavar la ropa. Antiguamente, las casas carecían de baños privados y compartían un único servicio higiénico: el caño del callejón.
En Barrios Altos, la vida diaria se construía entre puertas abiertas y confianzas compartidas. Albergaban hasta 200 familias, con sus caños, patios, capillas y bodegas. Los residentes, unidos por lazos de compadrazgo, mantenían sus hogares abiertos durante el día, cerrándolos solo al anochecer. Al atardecer, las puertas se convertían en pequeños puestos de vecinos ofreciendo comidas y postres.
Mario Vargas Llosa, en “Le dedico mi silencio”, y Abelardo Gamarra, el Tunante, en 1907, describieron estos lugares como cunas de tradiciones, pero también como espacios desafiantes debido a la presencia de ratas. “Ni qué decir que los famosos «callejones» de Lima solían ser, entre otras cosas, verdaderos hervideros de ratas, un serio problema para quienes sufren y padecen con esos repugnantes animalitos. Hay una descripción muy famosa de los callejones de Lima de ese gran criollo que fue Abelardo Gamarra, el Tunante, del año 1907, en la que se observa el daño espiritual y físico que producían esos protervos especímenes”.
¿Quién fue Arturo “El Zambo” Cavero?
Arturo “Zambo” Cavero, una figura importante en la música criolla y la cultura peruana. Nació el 29 de noviembre de 1940 en el centro de Lima, específicamente en un callejón conocido como ‘La Banderita Blanca’, Cavero era el hijo de Juan Cavero, originario de Huaral, y Digna Velásquez, natural de San Luis de Cañete, un enclave de la rica cultura afroperuana.
Su madre desempeñó un papel fundamental en su vida al infundirle desde temprana edad el amor por la música, enseñándole canciones como el vals “Alma mía” del compositor Pedro Miguel Arrese. Apodado como ‘Zambo’ por el periodista de espectáculos Guido Monteverde, el músico inició su trayectoria a los 14 años, cuando se sumergió en el mundo de la percusión bajo la tutela de su maestro Juan Criado. Durante muchos años, el cajón fue su instrumento principal, hasta que la obesidad que enfrentó más tarde le impidió continuar con esta pasión.