Cuando la inteligencia artificial aprende a replicarse sola

Pequeños modelos de IA podrían estar a meses de alcanzar la capacidad de autorreplicarse en dispositivos conectados a internet, como por ejemplo en hornos inteligentes o equipos genéricos con Android TV

Dispositivos electrónicos sobre un escritorio conectados por líneas luminosas azules con nodos digitales en una habitación.
Una vez instalado en un dispositivo infectado, podría utilizar la capacidad de procesamiento de ese equipo para ejecutar el modelo y decidir cómo continuar propagándose (Imagen ilustrativa Infobae)
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En el último tiempo, hemos visto noticias sobre una amenaza lenta, dispersa y difícil de contener, que obliga a pensar la ciberseguridad desde el televisor del hogar hasta la infraestructura crítica. Pequeños modelos de inteligencia artificial se acercan a la capacidad de reproducirse por sí mismos en dispositivos domésticos conectados. Qué ocurriría si un sistema de IA pudiera instalarse por su cuenta en los aparatos que tenemos en casa y saltar de uno a otro sin que nadie se lo pida.

Un estudio del Frontier Red Team de Anthropic, publicado el 12 de octubre de 2026, sugiere que los pequeños modelos de inteligencia artificial podrían estar a meses de alcanzar la capacidad de autorreplicarse en dispositivos conectados a internet, como por ejemplo en hornos inteligentes o equipos genéricos con Android TV. Los autores advierten que una amenaza de ese tipo sería difícil de detener porque no dependería de un punto central que pudiera desconectarse, aunque avanzaría con lentitud, duplicándose en cuestión de días.

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El informe describe la figura como un gusano informático, un programa que se copia de una computadora a otra sin intervención humana. Según los investigadores, un gusano de IA podría llevar consigo los archivos que contienen lo aprendido por su modelo o descargarlos de un repositorio público. Una vez instalado en un dispositivo infectado, podría utilizar la capacidad de procesamiento de ese equipo para ejecutar el modelo y decidir cómo continuar propagándose.

Muchos programas maliciosos tradicionales están diseñados para atacar determinados sistemas o dispositivos. Una IA, en cambio, puede adaptarse a equipos diferentes. En las pruebas de Anthropic, una IA logró realizar los ajustes e instalar los programas necesarios para que otro modelo de inteligencia artificial funcionara en ocho de los nueve tipos de equipos evaluados.

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El informe también señala que heladeras y hornos inteligentes, aspiradoras automáticas y cortacéspedes podrían alojar partes de un modelo de IA. Al conectarse entre sí, varios de estos aparatos podrían sumar su capacidad de procesamiento y su memoria para hacer funcionar el modelo de manera conjunta.

El hallazgo más inquietante es que los sistemas aprenden. Cada copia hereda las notas de la anterior sobre lo que funcionó y lo que falló. Antes, un gusano repetía siempre el mismo ataque y se detenía cuando la falla quedaba corregida. Ahora, puede corregir su propio método mientras se expande.

Siguiendo la evolución histórica de los modelos pequeños, los investigadores estiman que alcanzarían el nivel necesario para replicarse hacia fines de 2026. Lo más inquietante es que esa fragilidad ya está siendo aprovechada. Según informó la fiscalía de París, un ataque de gran escala afectó heladeras y congeladores en cientos de supermercados de Francia, y de acuerdo con la cadena BFMTV los atacantes elevaron su temperatura hasta 50 grados.

La alerta de la agencia francesa ANSSI identificó controladores de refrigeración de la empresa danesa Danfoss, y el fabricante admitió que los equipos afectados funcionaban con firmware desactualizado. El episodio exhibe la misma grieta que describe el informe de Anthropic, equipos cotidianos conectados a internet, con software viejo y escasa protección.

En Estados Unidos, la agencia federal CISA informó que, durante julio de 2026, más de cien sistemas del sector de agua y aguas residuales expuestos a internet fueron blanco de ataques. Un comunicado del FBI y la Agencia de Protección Ambiental señaló que los efectos registrados incluyeron pérdida de presión e inundaciones.

Japón ofrece la señal más reciente de esa transformación. Según informó el Financial Times, el 9 de octubre Masaaki Taira declaró que el país atraviesa una emergencia en el ciberespacio, después de que más de veinte empresas reconocidas, entre ellas JR East, Lawson y Times Car, sufrieran ataques que comprometieron millones de registros de clientes. Dos días antes, de acuerdo con la agencia Jiji Press y el sitio especializado BleepingComputer, un ataque de ransomware contra IDC Frontier, proveedor de nube del grupo SoftBank, había afectado a unas 495 empresas y gobiernos locales a la vez.

El 27 de agosto, OpenAI y más de cien empresas, entre ellas Anthropic, Google y Microsoft, publicaron una carta abierta que advierte sobre el riesgo para hospitales, plantas potabilizadoras y la infraestructura de internet. El 12 de septiembre, Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, sostuvo en un ensayo que un enjambre de agentes más capaz podría tomar internet en un plazo de seis a doce meses.

Sin caer en escenarios distópicos, y en un mundo que tendremos que acostumbrarnos a vivir, el informe de Anthropic dedica su tramo final a las defensas, y allí aparecen buenas noticias. Un replicador de este tipo dejaría rastros en la red, como descargas de varios gigabytes y tráfico inusual entre aparatos que normalmente no se comunican. A los fabricantes les reclaman eliminar las contraseñas de fábrica, una práctica que el Reino Unido ya considera incompatible con su normativa.

En la Argentina, el Decreto 941/2025 creó el Centro Nacional de Ciberseguridad para proteger infraestructuras críticas, activos digitales estatales y servicios esenciales. La disposición 1/2026 estableció obligaciones de contingencia y recuperación para el Sector Público Nacional. Esta es una base necesaria, considerando que hoy la amenaza puede vivir en los televisores inteligentes, en las cámaras de vigilancia de los comercios, en los equipos de frío de supermercados y almacenes. Ese universo masivo requiere estándares mínimos de seguridad de fábrica, cooperación de los proveedores de internet y una mirada desde la defensa del consumidor. Cada aparato con la contraseña de fábrica es una puerta abierta, y la suma de millones de puertas abiertas constituye infraestructura disponible para quien quiera usarla.

Los investigadores de Anthropic cierran con una doble consigna, endurecer los sistemas para dificultar que estos replicadores se propaguen y prepararse para un mundo en el que ya existan. La inteligencia artificial que aprenda a copiarse sola no necesitará un centro de datos. Le alcanzará con los dispositivos que dejemos conectados.