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¿Con esta macro y esta micro se ganan elecciones?

Las estimaciones contemplan superávit fiscal primario, una brecha cambiaria cercana al 2% y un índice de riesgo país de 400 a 500 puntos básicos, por debajo de los registros observados en los dos últimos comicios presidenciales

La situación macroeconómica con la que Argentina podría llegar a 2027 será mejor que la que enfrentó en las dos últimas elecciones presidenciales(Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay una discusión que gana cada vez más espacio a medida que se acercan las elecciones presidenciales de 2027: si la mejora de la macroeconomía finalmente está llegando al bolsillo de la gente. La pregunta importa porque, si se cumplen las proyecciones actuales, la respuesta tendrá dos componentes muy diferentes:

  1. La situación macroeconómica con la que Argentina podría llegar a 2027 será mejor que la que enfrentó en las dos últimas elecciones presidenciales.
  2. Cuando se observan las variables que afectan más directamente la vida cotidiana de las familias, el progreso aparece más moderado e incluso discutible en algunos aspectos.

La comparación, de todos modos, debe hacerse con cuidado. No estamos comparando la economía de 2027 con escenarios deseables ni con una situación que garantiza un resultado electoral. Estamos confrontándola con las condiciones económicas existentes en 2019 y 2023, dos elecciones en las que los oficialismos perdieron. Esa referencia histórica es relevante porque permite preguntarse qué combinación macro y micro resulta necesaria para que un gobierno pueda aspirar a la continuidad.

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Una macroeconomía diferente hacia 2027

En 2023, la Argentina llegó a las elecciones presidenciales con una inflación superior al 100% anual, una brecha cambiaria cercana al 100%, un déficit fiscal primario de 2,7% del PBI y un índice de riesgo país superior a los 2.000 puntos básicos. En 2019 las condiciones lucían algo superiores, pero estaban lejos de un estadio de tranquilidad y normalidad.

Frente a las caídas del PBI de 2% en 2019 y 1,9% en 2023, la estimación para 2027 contempla una expansión cercana al 3 por ciento

Para 2027, se estima una inflación del orden del 22%, un superávit primario, una brecha cambiaria cercana al 2% y un riesgo país que debería ubicarse en los 400 a 500 puntos básicos. También cambia la perspectiva de crecimiento. Frente a las caídas del PBI de 2% en 2019 y 1,9% en 2023, la estimación para 2027 contempla una expansión cercana al 3 por ciento.

No son pequeñas diferencias estadísticas. Es efectivamente otra economía desde el punto de vista macro.

Una macro mucho mejor no significa resuelta

Una inflación del 22% seguiría siendo elevada, un crecimiento del 3% no constituye un boom económico y un índice de riesgo país de 400 a 500 puntos básicos todavía estaría lejos de los estándares de una economía plenamente normalizada.

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Pero la comparación relevante no es con la economía ideal. Es con la economía que los argentinos encontraron en las urnas en 2019 y 2023. Desde esa perspectiva, la posición macro del oficialismo en 2027 podría ser claramente más favorable que la de los oficialismos que llegaron a esas dos elecciones.

Durante demasiado tiempo Argentina estuvo atrapada en una dinámica en la que cada ciclo político terminaba dejando una macroeconomía más frágil que la anterior

Durante demasiado tiempo Argentina estuvo atrapada en una dinámica en la que cada ciclo político terminaba dejando una macroeconomía más frágil que la anterior. La posibilidad de llegar a 2027 con superávit fiscal, una inflación menor, una brecha cambiaria prácticamente inexistente, una posición externa más sólida y perspectivas de crecimiento representa un cambio de configuración. El problema es que las elecciones no se disputan solamente en ese terreno.

Cuando se baja de la macro al bolsillo

El segundo cuadro muestra una realidad algo más ambigua. El bolsillo, entre mejoras acotadas y dudas.

Hay dos variables sensibles para cualquier evaluación de la situación económica de las familias: el salario y el empleo.

El salario real cayó 10,1% en 2019 y un 3,2% en 2023. La proyección utilizada para 2027 todavía contempla una variación negativa pero bastante más digerible que en las elecciones previas (menos 1,5%). La tasa de desempleo podría ubicarse en torno al 7,6%, por encima del 6,2% registrado en 2023 pero por debajo del 10,6% de 2019. La micro en 2027 no será peor que en los dos antecedentes electorales, pero tampoco mostraría una mejora de una magnitud comparable con la transformación de la macro.

Expectativas, incertidumbre, evaluación política, estrategia comunicacional y una enorme cantidad de factores adicionales intervienen en la decisión del votante

Naturalmente, no se puede reducir una elección presidencial a dos o tres indicadores. Expectativas, incertidumbre, evaluación política, estrategia comunicacional y una enorme cantidad de factores adicionales intervienen en la decisión del votante. Entre ellos, la falta de racionalidad del proceso e incluso de los actores.

Pero da la impresión de que una recomposición marginal en los indicadores del bolsillo no garantiza un avance equivalente en las posibilidades electorales del oficialismo.

Por eso, el desafío de 2027 no consiste simplemente en que la economía del hogar sea “mejor” que en 2019 o 2023. La cuestión es si será mejor como para que la sociedad perciba que su situación está cambiando de manera tangible.

El desafío de 2027 no consiste simplemente en que la economía del hogar sea “mejor” que en 2019 o 2023

La matriz intenta ordena justamente esta cuestión. No pretende estimar matemáticamente una probabilidad electoral, sino mostrar que existen dos dimensiones diferentes que interactúan: la calidad de la macroeconomía y la situación que perciben los hogares.

En 2019 y 2023, los oficialismos llegaron a las elecciones con una macroeconomía deteriorada y terminaron perdiendo. Para 2027, el escenario proyectado es sustancialmente diferente: una macro mucho más sólida, acompañada por una situación micro que podría ser mejor (pero tampoco es tan mala como se pretende instalar). Y allí puede estar un interrogante electoral. Porque existe una distancia entre que una economía esté objetivamente mejor y que una familia sienta que su situación económica está mejorando.

Existe una distancia entre que una economía esté objetivamente mejor y que una familia sienta que su situación económica está mejorando

El menor índice de riesgo país, el superávit fiscal y la baja de la inflación mejoran las condiciones para crecer. El problema es que esos avances no aparecen directamente en el resumen de gastos de una familia: primero deben traducirse en inversión, empleo, crédito e ingresos.

El nuevo mapa económico y los que pueden quedar afuera

Esta cuestión adquiere mayor importancia porque la Argentina está atravesando un cambio en su matriz productiva. Gas y petróleo, minería, agroindustria, servicios exportables y economía del conocimiento pueden convertirse en motores de inversión y generación de divisas de una magnitud que el país no tuvo durante muchos años. Pero el éxito de esos sectores no necesariamente se traduce de manera automática en una mejora equivalente para todos los hogares.

La discusión, entonces, no debería ser si Vaca Muerta, la minería o los sectores exportadores están funcionando. Es evidente que su desarrollo es una noticia estructural que puede tener la Argentina. El desafío es lograr que esa nueva estructura productiva se consolide, pero que también genere una percepción más amplia de progreso.

La discusión no debería ser si Vaca Muerta, la minería o los sectores exportadores están funcionando. El desafío es lograr que esa nueva estructura productiva también genere una percepción más amplia de progreso (Foto: EFE)

La experiencia internacional muestra que las transformaciones exitosas requieren reasignar capital y trabajo hacia las actividades más productivas. La pregunta no es solamente cuántas actividades tradicionales pierden participación, sino cuántas nuevas están naciendo y con qué velocidad pueden absorber capital, trabajadores y talento.

Por eso, el Gobierno deberá encontrar herramientas para sostener y reconvertir a los sectores sociales que están quedando fuera —o sienten que pueden quedar fuera— de esta nueva configuración macroeconómica. No necesariamente mediante mecanismos que vuelvan a proteger artificialmente actividades poco competitivas, porque eso terminaría comprometiendo la propia transformación que se intenta producir. Pero sí mediante instrumentos que permitan que trabajadores, empresas y regiones tengan la posibilidad de adaptarse a la nueva estructura productiva.

La experiencia internacional muestra que las transformaciones exitosas requieren reasignar capital y trabajo hacia las actividades más productivas

La brecha entre el éxito de la economía y el éxito en el bolsillo

Argentina puede estar empezando a construir una economía mucho más competitiva. Puede aumentar sus exportaciones, atraer inversiones, desarrollar energía y minería, recuperar el crédito y apalancar sustancialmente su productividad. Pero si simultáneamente una parte significativa de la población siente que sus ingresos no alcanzan para comprar más bienes, acceder a una vivienda, cambiar el auto, ahorrar o simplemente vivir con mayor tranquilidad, la percepción de conquista económica será parcial.

La Argentina necesita que el éxito de sus nuevos motores económicos, como Vaca Muerta, mute también en mejor calidad de vida para sus ciudadanos (Foto: Reuters)

No alcanza con que el país pueda mostrar el trofeo de Vaca Muerta, de la minería o de los nuevos sectores exportadores. Es necesario que una parte creciente de la sociedad pueda relacionar ese éxito con una mejora concreta en su propia vida. La Argentina necesita que el éxito de sus nuevos motores económicos mute también en mejor calidad de vida para sus ciudadanos.

La política económica de los próximos años deberá resolver una tensión compleja: cómo sostener los incentivos para que el capital se dirija hacia los sectores más productivos sin dejar que la velocidad de la transformación genere una distancia excesiva entre quienes se benefician rápidamente y quienes todavía están esperando que la prosperidad llegue.

No se trata de abandonar el modelo de normalización. Se trata, más bien, de hacerlo más robusto. Y evitar a toda costa que se aborte. Porque si el cambio necesita tiempo, la sociedad también requiere resultados intermedios que le permitan sostenerla.

Si el cambio necesita tiempo, la sociedad también requiere resultados intermedios que le permitan sostenerla

Existe un rezago natural entre la estabilización macroeconómica y la percepción cotidiana del bienestar. La política puede ganar tiempo estabilizando la economía, pero las elecciones suelen medirse cuando ese rezago todavía no terminó de cerrarse. Y la experiencia internacional así lo avala.

El oficialismo podría llegar a 2027 con una ventaja que sus antecesores no tuvieron: una macroeconomía sustancialmente más ordenada que la de 2019 y 2023. Pero eso no garantiza una elección sencilla.

La traducción política de la mejora económica

¿Será mejor para que el ciudadano lo perciba en su propio metro cuadrado?

La incógnita es otra. Si esa estabilidad logra sentirse en el bolsillo, habrá construido algo más que una buena economía (Foto: Reuters)

Si las proyecciones se cumplen, el oficialismo llegará a 2027 con una ventaja inédita respecto de 2019 y 2023: una macro mucho más ordenada. La incógnita es otra. Si esa estabilidad logra sentirse en el bolsillo, habrá construido algo más que una buena economía. Habrá construido una mayoría, y aumentado las chances de darle continuidad a un proceso de transformación de enorme valor.

Si no, la Argentina podría enfrentar una paradoja conocida: celebrar el éxito de sus indicadores mientras una parte importante de la sociedad sigue esperando que ese éxito llegue a su propio metro cuadrado.

La Argentina podría enfrentar una paradoja conocida: celebrar el éxito de sus indicadores mientras una parte importante de la sociedad sigue esperando que ese éxito llegue a su propio metro cuadrado

No puede pasar desapercibido que ese desfase no es solamente económico. También es político y mediático. El Gobierno debe instalar con más fuerza el concepto de esfuerzo compartido, ganando la batalla mediática, y expresando la situación real y su plan, que se enfrenta a descripciones de actores interesados.

El autor es economista, director de VDC Consultora

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