
En la campaña electoral, el ahora presidente Javier Milei prometió dolarizar formalmente la economía, es decir, darle al dólar curso legal, eventualmente reemplazar al peso y cerrar el Banco Central. Sin embargo, al menos hasta ahora, no ha cumplido con esa promesa.
En su lugar, Milei ha implementado un plan de transición con la expectativa de establecer eventualmente un sistema monetario más permanente, que podría ser algo menos que una dolarización total.
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A un año de hacerse cargo del gobierno, varias de sus reformas parecen estar funcionando. Antes de las elecciones, la inflación promediaba 8% mensual -ignorando el shock transitorio del “Plan platita” y la devaluación de diciembre-. De mayo a octubre, la inflación promedio fue del 3,8%. En octubre, la inflación mensual fue 2,7%, la menor tasa observada en tres años.
En el área fiscal, el Gobierno ha logrado mostrar y mantener un superávit fiscal. En paralelo, el riesgo país sobre los bonos soberanos ha disminuido. Desde la oficina de Federico Sturzenegger, el Gobierno elimina regulaciones innecesarias y obsoletas casi a diario, incluyendo la eliminación de puestos públicos hereditarios. La eliminación de la “Ley Lipovetzky” sobre el control de alquileres es quizás un ejemplo paradigmático.
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Es cierto que al mirar los resultados macro de cerca y sin fanatismos políticos surgen alguna dudas o matices. No obstante, hay un claro cambio en el escenario macro del país. Dado el éxito -aparente o real- de las reformas de Milei hasta el momento, podría cuestionarse si la dolarización es realmente necesaria.
A pesar de los buenos resultados mostrados hasta el momento, la dolarización sigue siendo la (única) reforma monetaria creíble a largo plazo que tiene Argentina para controlar la inflación.
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Argentina es un outlier en términos de anomia institucional, un hecho que a menudo se pasa por alto. El país tiene un extenso historial de fuertes reversiones de políticas. Los mismos representantes que votan la intangibilidad de los depósitos votan su expropiación. Ni siquiera la Constitución Nacional es un freno a los abusos del estado.
Como si esto fuera poco, los argentinos han mostrado una inclinación a votar repetidamente gobiernos populistas, incluso cuando estos muestran claras tendencias autoritarias y sus políticas económicas han producido crisis tras crisis. No se puede ignorar la debilidad, y falta de credibilidad, de las instituciones argentinas.
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El gobierno de Milei no es el primero en introducir reformas favorables al libre mercado en Argentina. Del mismo modo, Milei no es el primer político pro-mercado en tener influencia política. Por ejemplo, Álvaro Alsogaray fue políticamente activo durante décadas -de 1955 a 1999- y ocupó cargos como el de Ministro de Industria, Ministro de Economía), y Diputado Nacional.
La historia de Argentina sugiere que las reformas exitosas pueden ser efímeras. ¿Por qué esperar que esta vez sea diferente? Es más seguro apostar a que esta vez no es diferente y que tarde o temprano Argentina volverá a elegir un nuevo régimen populista que no esté interesado en mantener las reformas de Milei. Recordemos que incluso Cambiemos avanzó contra la independencia de su propio Banco Central en el famoso 28 D. Ahora la entidad es más un apéndice del Ministerio de Economía que un ente genuinamente independiente.
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Reaseguro institucional
Una dolarización es más que una reforma monetaria; también es un escudo institucional. En Ecuador evitó que el país se convirtiera en otra Venezuela bajo el gobierno de Rafael Correa (2007-2017), quien logró acumular poder suficiente para reformar la constitución.

Si bien Correa es señalado como el presidente más popular de Ecuador, nunca fue tan popular como la dolarización. De hecho, ninguna constitución ecuatoriana ha durado tanto como la dolarización. En Ecuador, la dolarización es más creíble y duradera que la propia Constitución Nacional.
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Una dolarización formal no sólo es creíble, también hace que las reformas promercado sean más costosas y difíciles de revertir porque el costo de las malas políticas no puede ocultarse con shocks inflacionarios.
Milei puede abandonar su promesa de campaña y no dolarizar formalmente la economía. Quizás decida implementar un sistema más parecido al de Perú o algún otro país de la región. El problema de estos regímenes monetarios es que más allá de su consistencia “técnica”, no son creíbles como regímenes monetarios duraderos.
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Sería un error, sin embargo, implementar un régimen monetario distinto a una dolarización y llamarlo -erróneamente- dolarización creando aún más confusión a la que ya existe en torno a este régimen monetario.
Una dolarización formal eliminaría expectativas de inflación futura y fortalecería las instituciones de Argentina frente a las amenazas recurrentes de políticas populistas. La dolarización presenta una oportunidad para romper con los ciclos destructivos de reversiones de políticas e inestabilidad económica, incluso si un “Rafael Correa” llegara al poder en el mediano plazo, un escenario que la historia de Argentina muestra como posible, una dolarización podría mitigar los riesgos asociados.
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El autor es doctor en Economía pro Suffolk University. Actualmente es director del Center for Free Enterprise en The University of Texas at El Paso
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