Continuidad con cambios en Europa

Tras las últimas elecciones al Parlamento Europeo comenzó a derrumbarse el mito liberal de la “identidad cosmopolita”, pregonado por los tecnócratas de Bruselas

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Parlamento Europeo en Bruselas. (Eric Vidal/Reuters)
Parlamento Europeo en Bruselas. (Eric Vidal/Reuters)

El Parlamento de la Unión Europea está situado en Estrasburgo, Francia. Si bien no puede emitir leyes por iniciativa propia, puede vetarlas; es responsable de aprobar el presupuesto de la UE, lo que le confiere cierta autoridad para marcar la agenda. Legisla sobre cuestiones que afectan directamente a la vida cotidiana de los ciudadanos como la educación, el empleo, la sanidad, las empresas, la seguridad, la migración, la política social, el medio ambiente, los derechos de los consumidores, la economía, la industria y nombra, en última instancia, al presidente de la CE (hoy Von der Leyen), el cargo más poderoso del bloque, que requiere una mayoría cualificada (361/720) y al menos 15 Estados miembros, que representen el 65% poblacional. Desempeñó un papel clave en la negociación de regulaciones de la Inteligencia Artificial.

Mapa político preelectoral

Sus miembros están organizados en “familias políticas” transnacionales, compartiendo orientaciones políticas similares. La bancada mayoritaria está constituida por el Partido Popular Europeo (PPE) de centroderecha, que generalmente decide políticas comunitarias en acuerdos con la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas de centroizquierda; ambos de tendencias globalistas (posnacionales), liberales; cercanos al Foro de Davos.

Desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, la política europea se ha alineado con los intereses anglosajones, en especial con los de EEUU, vía Plan Marshall, vía bases militares norteamericanas estacionadas en su territorio, vía adhesión a la OTAN, vía una política exterior anti-rusa, y económicamente, por su adhesión incondicional a la globalización financiera. Desde hace una década hay indicios de cambios. En 2016, el BREXIT, fue una primera señal de una tendencia hacia cierto nacionalismo conservador, impulsada luego por la elección de Trump (proteccionista, antiglobalista) en EEUU, en 2019. Desde aquellos tiempos resurgen con más fuerzas, partidos políticos nacionales de tendencia no-liberal, soberanistas, antiglobalistas, denominados por la prensa occidental liberal, como de “extrema derecha”.

Ganadores y perdedores

La actual participación electoral, levemente superior al 50% (180 millones), nos indica un cierto interés popular hacia el cambio. En Francia, Alemania, Italia, Austria, Bélgica, Hungría, Países Bajos avanzaron los partidos antiglobalización. En Italia se consolidó la premier Meloni, quien, corriéndose un poco hacia el centro, vació a la centroderecha. En España se consolidaron el PP (centro derecha) y sus “opositores” del PSOE. La gran pérdida la tuvo el centro liberal: en Francia, el partido de Macron, Renaissance, fue duplicado en votos por Rassemblement National (Le Pen) que llevaba de candidato al ascendente Jordan Bardell (28 años), obligándolo a adelantar las elecciones. En Alemania, el socialdemócrata Olaf Scholz solo logró un humillante tercer puesto detrás del AfD (Alternativa para Alemania), presidido por Alice Weidel, quien junto con Giorgia Meloni y Marine Le Pen fueron las tres estrellas ascendentes. Francia y Alemania quedaron así enredadas en sus propias complejidades internas, lo que significa que perderán parte del liderazgo que habitualmente tienen, alumbrando un período de incertidumbre y volatilidad para toda la UE.

Claves post electorales

En el Parlamento Europeo prevaleció la continuidad, pero sembró fuertes semillas de cambio que germinarán en tiempos impredecibles, e irán modificando sus tradicionales políticas. Reagrupaciones y nuevas alianzas están en marcha, ya que los diputados electos tienen una gran dispersión de intereses, no siempre posibles de ser alineados en pocas corrientes de opinión. El panorama sería así:

  • El PPE, con fuerte presencia alemana (CDU/CSU) y otros, llegarán a 185 escaños.
  • La Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, perdieron bancas, pero tienen 135.
  • Los liberales centristas de Renew Europe (liderados por Macron) y los Verdes (liderados por el Partido Verde alemán) perdieron 23 y 18 escaños, respectivamente. Pero juntos todavía tienen 132.
  • Todos los partidos euroescépticos o antisistema o soberanistas unidos (ECR+ID+NI) sólo podrían llegar a un máximo de 200 escaños. Están conformados por (a) los Conservadores y Reformadores Europeos (ECR) con el liderazgo de Giorgia Meloni, Santiago Abascal de Vox y otros; (b) Identidad y Democracia (ID), liderados por Marine Le Pen, Matteo Salvini de la Liga italiana y otros y (c) los NO Inscriptos (NI), donde se ubica el AfD, que comparte espacios con los partidos Renacimiento de Bulgaria y Nuestra Patria de Polonia.

Las alianzas o “familias políticas” son bastante lábiles y podría haber corrimientos entre todos ellos, o bien algunos podrían quedar como “no alineados”, flexibilidad que les permitiría influir sobre la agenda específica de cada tema. Meloni está próxima a esta posición.

El mayoritario Partido Popular Europeo logró mantener su porcentaje de votos sólo gracias a su giro hacia la derecha en materia de inmigración, agricultura y energía limpia, por lo que es poco probable que pueda negociar con los verdes o los liberales. Como la mayoría parlamentaria es de 361 escaños, es probable que el PPE también negocie el mantenimiento de su conducción con alguno de los partidos en ascenso. Eso provocará un cambio de tendencia en la política europea hacia una desaceleración de la transición verde; resolver temas de competitividad industrial por los altos costos energéticos; menos liberalidad inmigratoria; mayores libertades soberanas; creciente afirmación de las identidades nacionales y rechazo al Islam.

En resumen, el panorama post electoral es de continuidad con cambios; un paulatino corrimiento hacia actuar con menos liberalismo, menos globalización y menos inmigración. Los partidos soberanistas no van a cogobernar a la UE, pero es muy posible que su influencia se ejerza principalmente dentro de sus propios países, en particular sobre los dos más grandes. En Francia el golpe ha sido tan duro que habrá elecciones parlamentarias anticipadas y siendo probable que la Agrupación Nacional gane, se instalará Marine Le Pen como Primer Ministro, cohabitando con el presidente Macrón. Podría ser un caos ingobernable, pero Le Pen podría comenzar a desradicalizarse (al estilo Meloni) para posicionarse con más contundencia frente a las elecciones presidenciales de 2027. Todo resulta incierto, porque no son lo mismo elecciones europeas que las nacionales. Pero seguramente Macrón tendrá que ocuparse de ello en forma prioritaria y restar tiempo a la gran política europea e internacional. En Alemania también podría haber elecciones anticipadas, porque todos los partidos de la coalición gobernante (Socialdemócrata, Demócrata Liberal y los Verdes) perdieron muy mal, quedando detrás de AfD. Habíamos anticipado que los alemanes estaban muy insatisfechos con su actual gobierno debido a sus pésimos resultados, externos e internos. Scholz estará muy ocupado en controlar los daños políticos internos y tampoco se ocupará demasiado de Europa.

Análisis geopolítico

Comienza a derrumbarse así el mito liberal de la “identidad cosmopolita”, pregonado por los tecnócratas de Bruselas. El utópico mundo sin fronteras, cuyo laboratorio de ensayo ha sido la UE, está llegando a su fin. Uno de los factores de poder más importantes en términos geopolíticos siempre ha sido la población. El futuro de Europa no va a ser fácil teniendo vecinos tan populosos, tanto del Sur como de Oriente. Basta ver la realidad de los datos. Cuando la Europa colonialista conquistó África (hacia 1850), su población era tres veces mayor que la africana (266 vs 90 millones). En los días actuales se ha invertido la relación. La población africana es casi tres veces la de la UE (1300 vs 450 millones) y en el 2050 llegará a ser seis veces superior (2500 vs 425 millones). Los valores son más que elocuentes.

El antiguo motor franco-alemán comenzó a fallar por fuertes discordancias entre Macron y Scholz. Francia siempre alardeaba de una mayor independencia de EEUU, proponiendo la defensa colectiva europea y una política industrial, pero carecía de la financiación necesaria, mientras que Scholz todavía parece vivir en la benigna era de la globalización de décadas pasadas. Si Alemania y Francia seguirán así dispersos, es poco probable que haya fuertes cambios en Europa, por lo que será prácticamente imposible que progresen los intentos de ampliar la membresía a Georgia, Moldavia y Ucrania, porque requerirían más presupuesto, al que los actuales miembros deberían contribuir y eso parece poco lógico en estos momentos. Seguramente cualquier propuesta sería vetada por algún miembro.

En cuanto a la política interna comunitaria, podemos indicar que el PPE tiene una adhesión incondicional con los EEUU, aunque con más simpatía con los demócratas que con los republicanos de Trump. Von der Leyen, Macron, Scholz y otros han seguido en general las directivas de la OTAN en apoyo a Zelensky (Ucrania) y a las políticas de bloqueo antirusas, que produjeron efectos nocivos y autodestructivos internos. Los partidos soberanistas si bien están divididos en relación a su posicionamiento con la Rusia de Putin, en general prefieren una mayor y pragmática libertad de acción nacional. Macron (14,6% votos) y Scholz (13,9% votos) siendo los dos grandes derrotados, eran precisamente quienes querían mandar tropas a la frontera ucraniana (Macron) o son grandes proveedores de armas a Ucrania (Scholz), mientras sus respectivos países caían en un gran desorden social y se desindustrializaban, renunciando a su autonomía estratégica y perdiendo sus estatus de principales potencias industriales.

También está en juego la política de contar, o no, con las garantías de seguridad norteamericana a través de la OTAN. Independientemente si Biden o Trump gobiernen en Washington, en el 2025 seguramente habrá más discordia transatlántica en torno al comercio, la política industrial y la defensa. La UE enfrenta presiones para aumentar su presupuesto de defensa. También habrá demandas de empleo, temas sociales complejos, migraciones africanas y otras, empujando en sus fronteras; además de tener que resolver los problemas políticos internos (que siempre necesitan más presupuesto) en Francia y Alemania. Sería una Europa menos activa en términos geopolíticos y tal vez menos autónoma. Gran oportunidad para la ampliación de la influencia de China, quien como arrolladora potencia industrial ya ha hecho pié en España en el sector automobilístico. El futuro nos muestra un mundo complejo, crecientemente dominado por las culturas hindú y confucianas, simplemente por el enorme empuje demográfico de Asia.

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