
Hay cosas que no debería hacer falta explicar, entre ellas la importancia de evitar una crisis financiera. Por eso, este año la Real Academia Sueca ha otorgado el premio Riksbank (que llamamos Premio Nobel) a tres profesionales que estudiaron el tema. Ben Bernanke, Douglas Diamond y Philip Dybvig.
La verdad es que el premio debería ser para ciudadanos que convivimos y sobrevivimos a las crisis financieras. Sin mercados financieros las economías no pueden desarrollarse, ya que no hay crédito y sin crédito es muy difícil crecer. Sólo pueden hacerlo los que generan suficientes fondos para reinvertir, y no aquellos que tienen un producto o idea que será exitosa y podrán repagar un crédito.
Hay un mundo de oportunidades basado en la diferencia entre tener el capital o poder generar el flujo para poder repagar -en cuotas- ese capital. En el primer, caso sólo los que ya tienen capital pueden participar, pero gracias al sistema financiero en el segundo caso todos aquellos con capacidad de trabajo pueden hacerlo.
El trabajo teórico de Bernanke fue útil en la crisis de 2008, donde a pesar de la masiva caída en el valor de propiedades y acciones, la actividad económica pudo recuperarse razonablemente bien. Las medidas tomadas tuvieron efectos que remediaron (pero no impidieron totalmente) una crisis mayúscula. El problema que tenemos ahora en 2022 es que el remedio de tasas bajas se utilizó durante mucho tiempo y la economía ya creó una adicción y se están generando problemas ahora al aumentar las tasas. La economía se resiente. Como siempre, problema del que sigue (Spoiler: lo mismo ocurre en Argentina con las medidas de corto plazo que se toman y sus malos efectos en caso que lo que era de corto plazo… no lo sea).
Douglas Diamond y Philip Dybvig desarrollaron en 1983 el modelo que lleva su nombre. Estudia las corridas bancarias y analiza el punto de vista de empresas y personas que necesitan crédito, que al mismo tiempo son quienes ahorran y el comportamiento esperado para el sistema financiera. Sugieren que un seguro de depósitos es la mejor prevención para evitar una corrida contra los bancos, aunque ello pueda generar Moral Hazard (tema para otro artículo, aunque básicamente implica que el incentivo a portarse bien se reduce).
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Dado que en este momento los Bancos Centrales del mundo están enfrentando problemas, este Premio Nobel es un llamado de atención. En este momento la Federal Reserve se encuentra ante un extraño escenario, donde corre el riesgo de perder dinero. Como todo Banco Central, la Fed puede intentar determinar el costo de sus pasivos, pero no el de sus activos. Como el Fed compra deuda pública con la intención de mantenerla hasta su vencimiento, su valor contable no se ve modificado. Por el contrario, el valor de sus pasivos se ve afectado por la veloz suba de las tasas de interés. De esta manera, se produce un desequilibrio inédito por la velocidad a la que está ocurriendo.

Ante esta situación, ni cuando hubo crisis como la del 2008 u otras anteriores, a ningún profesional se le ocurrió que poner Cepos y prohibiciones y restricciones o corralitos era mejor. Creo que tampoco se le ocurrirá a la Real Academia darle un premio a quienes los imponen.
Los ganadores del Premio Nobel reconocen que un buen remedio para evitar una crisis financiera es una fuerte participación del Banco Central brindando liquidez, al mismo tiempo que un seguro de depósitos brinda solidez al sistema y previene corridas bancarias. Ninguna de esas enseñanzas se está utilizando en Argentina.
El BCRA y los instrumentos de regulación monetaria
Nuestro Banco Central no sólo no provee liquidez sino que la absorbe o retira o, en términos técnicos, esteriliza la emisión. Es decir, todo lo contrario de lo estudiado por Bernanke por lo cual le otorgan el Nobel.
El BCRA tiene activos de dos tipos: Reservas y títulos del Estado Nacional, muchas veces “indisponibles” y que por lo tanto no pueden ser vendidos. Aun cuando las reservas fueran sustanciales, su precio varía sólo en caso de devaluación.
También tiene dos tipos de pasivos: la Base Monetaria que son los pesos que se emiten cuando ingresan reservas y las Leliq, que son títulos que se utilizan para recibir nuevamente los pesos. Esto tiene un elevado costo ya que para hacerlo debe pagar una elevada tasa de interés.
Como el BCRA por definición no tiene generación de fondos propias, al pagar elevadas tasas incurre en pérdidas que sólo pueden ser compensadas si sube el valor de sus activos. Aún cuando se devaluara, la única forma de pagar las Leliq es con emisión adicional. Esto está lejísimos de un sistema de garantía de los depósitos, como pregonan Diamond y Dibvig.
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Lo relevante no es solamente la diferencia conceptual con brindar liquidez y un buen seguro de depósitos (dicho sea de paso, en Argentina lo debería proveer Sedesa (Seguro de Depósitos S.A., es una sociedad anónima creada en 1995, la cual es una institución independiente). También es relevante la dimensión de los problemas. Actualmente los intereses diarios devengados son de $18.000 millones. Repito: diarios.
El monto total de pasivos del BCRA para evitar inflación absorbiendo la liquidez excedente es por un monto que en este momento ya es el doble de la base monetaria. A su vez, la tasa de interés compuesta es de aproximadamente 100% anual. Es decir que el año próximo representaría cuatro veces la base monetaria. Poder pagar esa deuda significaría emitir el equivalente a cuatro veces nuestra actual base monetaria. Cuesta imaginar cuál sería el impacto inflacionario.
No me cabe duda de que el presidente del Banco Central que logre evitar una disparada en precios con estos datos realmente merece un Premio Nobel.
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