La inexorable necesidad de un pacto fiscal y cambiario entre oficialismo y oposición

La ortodoxia en materia de finanzas públicas y de sector externo ha mostrado ser la mejor aliada del crecimiento económico y social

Los cambios de signo de gobierno suelen implicar giros radicales en el enfoque tanto macroeconómico como institucional (EFE)
Los cambios de signo de gobierno suelen implicar giros radicales en el enfoque tanto macroeconómico como institucional (EFE)

Los períodos de mayor crecimiento en las últimas décadas fueron 1992-1998 y 2003-2008. El denominador común fue la ortodoxia fiscal, términos de intercambio favorables y continuidad de las políticas en el marco de elecciones que concedieron la renovación de mandatos a los presidentes. Dicha continuidad en la Argentina es crucial, pues los cambios de signo de gobierno suelen implicar giros radicales en el enfoque tanto macroeconómico como institucional.

La eventualidad de dichos movimientos es muy disruptiva para la inversión productiva, porque implican la modificación del régimen y de ese modo alteran cualquier trayectoria de crecimiento. Si a ello se suma una crisis macroeconómica, suele además haber consecuencias negativas para el salario real y el empleo.

Así pasó en 2019, cuando tras las PASO se perdió la confianza en las políticas de Mauricio Macri y podría ocurrir ahora donde (tras el mal resultado para el oficialismo en las primarias) surgen dudas acerca de la orientación económica, tanto por las internas dentro de la coalición gobernante como por la mayor probabilidad en 2023 de un cambio de gobierno con otro signo político.

La pendularidad de políticas sumada a ciclos legislativos y presidenciales cortos no deja espacio para implementar reformas estructurales que por su naturaleza requieren continuidad y períodos largos que permitan prorratear en el tiempo su costo. De ahí que pierden incentivos, porque el costo a pagar se traduce en beneficios para el gobierno siguiente. Y el gradualismo tampoco funciona por el alto riesgo de interrupción ante los cambios de orientación de las políticas. Este dilema limita en particular la posibilidad de un acuerdo con el FMI, porque un Programa de Facilidades Extendidas a 10 años requiere consensuar un conjunto de reformas estructurales entre oficialismo y la oposición.

Pero existe un subuniverso de reformas que permitiría aliviar dichas limitaciones. Tal vez la más prioritaria es la generación de un consenso para una convergencia a un equilibrio presupuestario que estabilice la deuda soberana, de modo de dejar margen de acción para que los cambios de gobierno puedan focalizarse en otras políticas más específicas de la orientación de cada partido o coalición.

La pendularidad de políticas sumada a ciclos legislativos y presidenciales cortos no deja espacio para implementar reformas estructurales

Respetando dicha restricción presupuestaria, la coalición del Frente de Todos podría volcar más recursos al gasto social financiados con más impuestos progresivos, mientras que la coalición Juntos optaría por menos presión impositiva reduciendo la ineficiencia del gasto público.

Una trayectoria fiscal convergente al equilibrio es beneficiosa en sí misma por reducir la presión financiera sobre el sector privado, mejorar la estabilidad macroeconómica y preservar el valor de la moneda protegiendo el poder adquisitivo de los salarios.

Una trayectoria fiscal convergente al equilibrio es beneficiosa en sí misma por reducir la presión financiera sobre el sector privado, mejorar la estabilidad macroeconómica y preservar el valor de la moneda (Reuters)
Una trayectoria fiscal convergente al equilibrio es beneficiosa en sí misma por reducir la presión financiera sobre el sector privado, mejorar la estabilidad macroeconómica y preservar el valor de la moneda (Reuters)

El Pacto podría acercarse al concepto de regla fiscal estructural con una meta de equilibrio presupuestario estructural (balance fiscal corregido por el ciclo económico o por los términos de intercambio, admitiendo más déficit cuando se contrae la economía o bajan los precios de exportación).

Acuerdo con el FMI

Con un Pacto de esta naturaleza probablemente el FMI acuerde ir renovando parcialmente los vencimientos de deuda en 2022-23 sin declarar el default y a la vez evitando los problemas que una cesación de pagos implicaría para el organismo, porque la Argentina es su principal deudor.

Un programa fiscal inter temporal consistente, junto con pagos parciales al organismo seguramente será una señal más concreta que los grandes programas que terminan incumpliéndose en muchos casos. Nadie piensa por otro lado que el organismo espere que la Argentina le cancele el grueso de su deuda en 2 o 3 años. Se daría una luz verde para una reestructuración ordenada.

Un programa fiscal inter temporal consistente del ministro de Economía (Martín Guzmán), junto con pagos parciales al organismo seguramente será una señal más concreta que los grandes programas que terminan incumpliéndose en muchos casos
Un programa fiscal inter temporal consistente del ministro de Economía (Martín Guzmán), junto con pagos parciales al organismo seguramente será una señal más concreta que los grandes programas que terminan incumpliéndose en muchos casos

También evitaría que cada partido o coalición legue una herencia con deuda, inflación reprimida o descapitalización de la infraestructura pública. La meta presupuestaria debe incluir una restricción de mínima inversión pública para sostener el crecimiento.

Para que sea sustentable, y este es el mayor desafío, el Pacto Fiscal debe entroncarse con un contrato social en que la oferta de bienes y servicios públicos sea conmensurable con un nivel de tributación que no desincentive la inversión domestica ni promueva la informalidad o la salida de capitales.

La meta presupuestaria debe incluir una restricción de mínima inversión pública para sostener el crecimiento

Con la recuperación de la moneda y el crédito habrá mayor margen de flexibilidad en las políticas económicas para sobrellevar shocks domésticos o externos y a la vez reducir la vulnerabilidad de los trabajadores para que los salarios reales dejen de ser la principal variable de ajuste. La estabilidad macroeconómica será en sí mismo un factor de certeza para la inversión con lo que se puede esperar un mayor crecimiento económico y por ende una mayor torta para encarar políticas sociales.

Ancla cambiaria

El Pacto debería contemplar otra dimensión de las políticas populistas de izquierda y de derecha argentinas que es la de promover el atraso cambiario directa o indirectamente para mejorar el salario real (al reducir el costo de la canasta de bienes transables).

En el caso de los regímenes más liberales ese proceso se dio a través del ingreso irrestricto de capitales de corto plazo; en el caso de los regímenes más intervencionistas suele producirse a través del control de cambios que fija artificialmente la relación entre el peso y el dólar en un nivel bajo con relación al valor de mercado. En ambos casos se busca contar con un ancla nominal de los precios transables para ayudar a reducir la inflación.

En tal sentido, la racionalidad macroeconómica del Pacto Fiscal se debería hacer extensiva al régimen cambiario (apartándose, aunque sea gradualmente del control de cambios) y a la movilidad de capitales (imponiendo restricciones a los de corto plazo). También el Pacto podría morigerar la volatilidad cambiaria imponiendo una restricción de financiamiento público externo o en moneda extranjera.

La tentación del atraso cambiario es la contracara de la restricción externa por la cual el país históricamente ha quedado atrapado en crisis de financiamiento externo y por lo que ha ingresado en zonas de crisis de balanza de pagos y o deuda. La resolución de dichas crisis ha venido acompañada de grandes devaluaciones que inevitablemente han hecho del salario de los trabajadores la principal variable de ajuste, al provocar a menudo mega transferencias de recursos a deudores domésticos con el exterior o en moneda extranjera cuando el Gobierno absorbe dichas obligaciones (por ejemplo, en 1982 y en 2002) -una gran injusticia social para beneficio de pocos que posiblemente atesoren ahorros fuera del país-.

Tanto la rigidez cambiaria impuesta por la convertibilidad en los 90 como el cepo-control de cambios en 2008-2015 limitaron la flexibilidad de la economía para responder a shocks externos (la crisis en emergentes y la devaluación de Brasil a fines de los 90 y la crisis de las hipotecas en 2008-2009). Ello explica (entre otros factores) la interrupción del período de crecimiento en esos períodos.

Tanto la rigidez cambiaria impuesta por la convertibilidad en los 90 como el cepo-control de cambios en 2008-2015 limitaron la flexibilidad de la economía

A su vez, la dificultad por salir de la rigidez cambiaria guarda relación con la crónica debilidad de la moneda nacional. Ésta es la razón por la que el Pacto Fiscal es importante, particularmente para poder restituir confianza al peso, la cual no se genera automáticamente dándole autonomía al Banco Central; sin un programa fiscal consistente, la capacidad política de no financiar (pasivamente) a la Tesorería se diluye y con ella la credibilidad de la entidad monetaria independiente.

Tal vez haya llegado la oportunidad para que los representantes del pueblo en el gobierno y la oposición busquen sellar un pacto que permita revertir el proceso de decadencia económica argentina y pobreza estructural creciente de los últimos 50 años. Las urnas de las últimas 5 elecciones hablan: más allá de las ideologías, la población reclama empleos de calidad y expectativas de progreso, no promesas ni planes sin contrapartida de trabajo y mejoras de productividad. Llegó la hora de que los representantes políticos internalicen esta necesidad. Si no ahora, ¿cuándo?

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