La cura a nuestras crisis está en la educación

El papa Francisco nos enseña a no ser optimista ni a mirar la adversidad con pesimismo, sino a ver la realidad, discernirla en su complejidad, evaluar los caminos a seguir y actuar con esperanza y con fe para después celebrar

Capilla Sixtina
Capilla Sixtina

“Espero contra toda esperanza” (Carta de San Pablo a los Romanos 4, 18).

“Peregrinos o errantes”

El Cardenal de Buenos Aires Jorge Bergoglio ante las Comunidades Educativas en el marco de la grave crisis económica y social del año 2000 dice: “Este cambio de siglo y de milenio nos pone ante la cuestión del tiempo. También ante la cuestión del rumbo. La mirada se volvió hacia el camino recorrido y se planteó a la vez el interrogante por el modo y dirección del que se extiende por delante”.

Veinte años después la realidad de la pandemia nos sorprende, detiene y sacude, en especial en una Argentina inexplicable, que no resolvió sus problemas estructurales, humanos y materiales, todo lo cual nos invita a buscar un porqué en sus enseñanzas.

Jorge Bergoglio ante las Comunidades Educativas
Jorge Bergoglio ante las Comunidades Educativas

¿Crisis económica, social, ecológica, ética?

¿En qué consisten nuestras crisis? “En primer lugar, se trata de una crisis global, compleja -dice Bergoglio. Es evidente que la economía, la educación, la seguridad y la ética pública son demandas urgentes y legítimas de la sociedad (agregamos hoy ¿y qué decir de la pobreza?). Pero no se trata sólo de eso”.

“...la caída de las certezas”

“Nunca como en esta época, en los últimos cuatrocientos años, se han visto tan radicalmente sacudidas las certezas fundamentales que hacen a la vida de los seres humanos. Con gran potencia destructiva se muestran las tendencias negativas. Pensemos solamente en el deterioro del medio ambiente, en los desequilibrios sociales, en la terrible capacidad de las armas”.

La pérdida de nuestras creencias es mucho peor que la fuga de capitales, “es uno de los aspectos de la orfandad contemporánea en que vivimos en general y en particular los argentinos…las civilizaciones crecen a la sombra de algunas creencias básicas acerca del mundo, del hombre, de la convivencia, de los por qué y para qué fundantes del acontecer humano…Esas creencias, muchas veces dependientes de las religiones…son una suerte de certezas sobre…la cual adquiere sentido la existencia de las comunidades y las personas…Pues bien: muchas de las creencias o certezas que han animado a nuestra sociedad “moderna” se han licuado o desgastado.” Y la caída de las certezas arrastra la ética política.

Los pactos de suspensión política de la ética

La crisis actual nos encuentra con una sociedad dividida y dirigencias con una gran diversidad de ideas e intereses particulares opuestos hacia adentro y hacia afuera de sus agrupaciones.

Dos coaliciones que se enfrentan desde experiencias políticas contrarias aunque, en general, las contrariedades están reducidas al campo económico y social y al ámbito de las relaciones internacionales. Sin embargo, ambas tienen puntos en común en los presupuestos filosóficos más profundos.

La coalición radical-macrista, expresión del liberalismo criollo de la economía de mercado, a diferencia de sus ancestros herederos del liberalismo francés o calvinista norteamericano o del krausismo yrigoyenista, no reservan ya ningún lugar para la ética. Y la coalición peronista-kirchnerista-progresista mantiene algunos postulados en el campo de la economía en relación con la cuestión social, pero, haciendo causa común con el liberalismo se aparta de ella en relación a otras prácticas deshumanizadoras en una muestra cabal de relativismo ético. Dirigentes de ambos sectores hicieron gala de ello en temas tales como el aborto legal, libre y gratuito, el matrimonio igualitario, la cuestión de género, la producción y uso de marihuana “medicinal” y otras manifestaciones propias del consumismo hedonista que llevan al individuo a la búsqueda del goce interminable y a la negación de sí mismo.

Esta ideología, bien llamada por Z. Brzezinski “cornucopia permisiva” es la plataforma común de las coaliciones en pugna y “es mucho más devastadora para las sociedades latinoamericanas que para las sociedades desarrolladas, mucho más que la deuda externa, porque impide para siempre poder superarla”. (La América Latina del siglo XXI, A.M.Ferré A.Metalli). Su vigencia asegura la recurrencia de nuevas crisis. Es el camino de la destitución de la palabra, el envilecimiento de la identidad y de la vida y en especial de la degradación de la educación.

Si el párrafo anterior nos pertenece también es cierto que es en este último punto en el que se detuvo en marzo del 2000 el Cardenal Bergoglio para indicarnos el camino de salida.

La educación es esperanza y fe

No obstante la profundidad de la crisis en el 2000 el Cardenal Jorge Bergoglio en la exposición que comentamos nos invitó a “reflexionar sobre la esperanza” porque “la educación es esperanza” dijo y agregó “la esperanza está en la historia, en los Evangelios, en la doctrina social de la iglesia” y también “en las energías quizás enterradas de nuestro pasado, personal o colectivo, el recuerdo agradecido de los momentos de gozo y felicidad, la pasión por la verdad y la justicia, los chispazos de plenitud que el amor ha producido en nuestro camino. Y también, porqué no, la memoria de la Cruz, del fracaso, del dolor, esta vez para transfigurarla exorcizando los demonios de la amargura y el resentimiento y abriendo la posibilidad de un sentido más hondo”.

Ser maestros de humanidad

Y en el campo de la educación el Cardenal nos invita a cultivar los lazos personales y sociales… Sin descuidar una válida dimensión de eficiencia y eficacia en la transmisión de conocimientos…seamos “maestros de humanidad”. Y éste puede ser un aporte importantísimo que la educación católica ofrezca a una sociedad que por momentos parece haber renunciado a los elementos que la constituían como comunidad: la solidaridad, el sentido de justicia, el respeto por el otro, en particular por el más débil y pequeño…Y nos invita a ser audaces y creativos, frente a las nuevas adversidades; a la alegría, a la gratuidad, a la fiesta.” “…a vencer “…las injusticias del tiempo presente…la tiranía del utilitarismo, la dictadura de la adustez, el triunfo de la amargura…” Y por fin, la invitación “a la adoración y a la gratitud.”

Ni optimista ni pesimista, ver y discernir, actuar y celebrar

“El discernimiento -dice Bergoglio -no es ciego o improvisado: se realiza sobre la base de una serie de presupuestos y en orden a unas orientaciones, de carácter ético y espiritual. Implica preguntarse qué es lo bueno, qué es lo que deseamos, hacia dónde queremos ir. Incluye un recurso a los valores, que se apoyan en una cosmovisión. En definitiva, la esperanza se anuda fuertemente con la fe. Así la esperanza ve más lejos, abre a nuevos horizontes, invita a otras honduras. La esperanza sostiene sin ser vista muchas de las esperas humanas, que son a plazo fijo. La esperanza necesita legitimarse con mediaciones eficaces que la acrediten; son encarnaciones que ya introducen y concretan –aunque no agotan- los valores más altos”.

Y enseña Bergoglio a no ser optimista ni mirar la adversidad con pesimismo sino ver la realidad, discernirla en su complejidad, evaluar los caminos a seguir y actuar con esperanza y con fe para después celebrar.

“La esperanza cristiana -dice -es una dinámica que nos hace libres de todo determinismo y de todo obstáculo para construir un mundo de libertad, para liberar a esta historia de las cadenas de egoísmo, inercia e injusticia en las cuales tiende a caer con tanta facilidad”.

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