Llegamos de los barcos

El Presidente Fernández lo hizo de nuevo. Se las arreglo para hacer un papelón, y de paso insultar a otros países, cuando no había ningún motivo para ello

El jefe de Gobierno español, Pedro Sánchez junto al presidente argentino, Alberto Fernández
El jefe de Gobierno español, Pedro Sánchez junto al presidente argentino, Alberto Fernández

Sus dichos en presencia del Presidente español se originaron en la confusión entre una frase atribuida a Octavio Paz y una canción de Litto Nebbia. El célebre escritor mexicano, ganador del Premio Nobel de Literatura, bromeó alguna vez con que “los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas, y los argentinos…de los barcos”. Ello tenía que ver con el fenómeno de la inmigración que desde todas partes del mundo convergió en Argentina entre finales del siglo XIX y el siglo XX.

La canción de Nebbia dice más o menos lo que el Presidente atribuyó erróneamente al escritor: “Los brasileros salieron de la selva, los mexicanos vienen de los indios y los argentinos llegamos de los barcos”. Desconozco si el tema fue o no inspirado en la frase de Paz. En todo caso, son expresiones que en una canción popular pueden pasar desapercibidas, pero que en un discurso presidencial pronunciado en un acto oficial frente a otro presidente extranjero, claramente no sonaron bien.

Más allá de que mexicanos y brasileros pueden sentirse ofendidos por la referencia, lo cierto es que al Presidente le tira más rasgar la guitarra y recordar viejas canciones del rock nacional, que la literatura de alto vuelo (a excepción, claro está, de las novelas de Borges, a las que afirmó ser muy aficionado). De allí tal vez su confusión.

Pero lo más significativo de estos dichos del Presidente no pasan por lo anecdótico de ese menosprecio seguramente no deseado, ni siquiera advertido. Lo más grave es lo que sí quiso decir.

Fernández le hablaba al presidente de España, tratando de señalarle con esos dichos que los argentinos venimos de Europa, somos de Europa, miramos a Europa con cariño y nos sentimos parte de ella. Probablemente con eso buscó congraciarse con aquellos a quienes irá a pedir ayuda para salir de la crisis terminal que sufrimos. Y la hipocresía que encierra ese pensamiento es mucho más grave que la no intencionada burla a mexicanos y brasileros. En realidad, fue una intencionada burla a los argentinos.

Después de los horrores de las dos grandes guerras padecidas en la primera mitad del siglo XX, y de los regímenes dictatoriales que las provocaron, Europa se ha venido reconvirtiendo en una comunidad basada en el respeto por los derechos de sus habitantes, por la estabilidad de las instituciones políticas, por la mesura y transparencia en el manejo de los asuntos públicos.

La estabilidad de la moneda, el equilibrio de las cuentas públicas, la independencia y respeto por las decisiones judiciales, la supremacía de las limitaciones constitucionales por encima de cualquier decisión del gobierno, son asuntos sobre los que ya no hay dudas en la comunidad europea.

Se podría detener a un europeo y contarle sobre el manejo de los fondos públicos en Argentina, la emisión monetaria arbitraria para cubrir el déficit, la presión tributaria, los niveles de pobreza y desempleo provocados por regulaciones irrazonables que impiden la inversión y producción. Se le podrá explicar que los presidentes gobiernan por decreto a espaldas del Congreso, y que este último, en la medida en que tenga mayoría del partido gobernante, pasa a ser una escribanía de las decisiones del Presidente. También se le puede hablar de un Poder Judicial desdibujado, que cuando tiene un atisbo de independencia es inmediatamente atacado por el Ejecutivo. Seguramente la respuesta asombrada a esa información sería que todo eso en la Europa actual jamás podría ocurrir.

Uno de los miles de memes que circularon tras la frase del Presidente argentino
Uno de los miles de memes que circularon tras la frase del Presidente argentino

Pregúntenle al gobierno de cualquier cantón suizo si pueden gastar indiscriminadamente el dinero que consideran necesario, para luego pasarle la factura a los ciudadanos que no han sido consultados previamente. Pregúntenle a un gobierno alemán si consideran que es correcto incrementar la emisión monetaria para cubrir un incremento en el gasto público. Pregúntenle a un gobierno británico si considera razonable desconocer decisiones judiciales que no son convenientes políticamente. Pregúntenle a un gobierno italiano si es sostenible la corrupción económica endémica de los políticos. Pregúntenle a un gobierno irlandés si es bueno que el Estado regule toda la actividad económica y desconozca la propiedad privada. Pregúntenle a un gobierno eslovaco si los gobernantes deberían tener privilegios especiales, ya sea en tratamiento, en salvaguardas legales o en beneficios económicos de otro tipo. Pregúntenle a un gobierno finlandés si es razonable entregar la educación pública a sindicatos monopólicos que se conducen como matones. Lo cierto es que los argentinos no somos europeos para nada, al menos no lo han sido nuestros gobiernos desde hace ochenta años.

Esas acciones podían verse en Europa en tiempos previos a la culminación de la Segunda Guerra, en los países que tenían regímenes dictatoriales, pero a partir de entonces se tomó la firme decisión de colocarse del lado de la civilización y la cordura. En Argentina han continuado vigentes esas extralimitaciones, por obra de los herederos del partido fundado por quien admiraba a quienes las crearon. Casi ocho décadas no parecen haber sido suficientes para provocar los mismos cambios que experimentaron los países europeos envueltos en la guerra.

Si bien Fernández le habló a un Presidente que, junto con sus socios políticos, podría tener bastante simpatía con las formas del actual gobierno argentino, lo cierto es que la solidez institucional alcanzada en Europa no permitiría que un gobierno pudiera siquiera intentar las cosas que aquí son política doméstica habitual.

Fernández quiso convencer a Sánchez de que somos europeos porque “llegamos de los barcos”. Esos barcos trajeron a nuestros abuelos; hoy sus nietos se van en aviones. El mismo autoritarismo y desgobierno que en Europa empujó a la gente a escapar hacia Argentina buscando un futuro mejor, hoy arrastra a sus nietos a volver a Europa u otros lugares del planeta donde puedan abstraerse del colectivismo que aquí los agobia.

Si es verdad que Fernández admira a Europa como dijo, debería actuar en consecuencia. Nada le impide hacerlo. Hasta tiene una Constitución que, si se respetara, le marcaría el camino.

Pero todo parece indicar que sólo fue una chicana más del presidente. Una de esas salidas que aquí se conocieron como “viveza criolla”, que en realidad es demostración de limitación intelectual.

Al menos debería advertir que, a diferencia de lo que ocurre al interior del país, en el exterior las mentiras de los presidentes argentinos tienen consecuencias. Hoy en todo el mundo su exabrupto es motivo de quejas por los aludidos, y de burlas por el resto.

Es que parece mucho comparar a Argentina con Europa. Aunque para ser justos, deberíamos recordar que no hace tanto algún funcionario de primer nivel dijo que en Alemania había más pobres que Argentina, y que Australia y Canadá tenía peores indicadores económicos.

En definitiva quizá seamos un poco europeos, y tengamos resabios de los excelentes comediantes que nos han deleitado a través del tiempo.

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