Integrar a América Latina con el tren

Esteban Tancoff

Por distintos motivos el tema de los ferrocarriles argentinos volvió a instalarse en la agenda pública nacional. Hay que reconocer que volvieron a captar la atención pública desde los problemas que tienen más que de los beneficios que podría traer al país contar con una red de trenes al servicio eficiente del transporte de pasajeros y como un instrumento clave para la economía, especialmente las regionales, que tienen serias dificultades operativas y altos costos para llevar la producción a los puertos de salida. Es que parte del problema reside en esa cultura muy arraigada entre nosotros de ver cada tema aislado de las necesidades del conjunto.

Más allá de todo lo que se dice acerca de la importancia que tendría para la industria nacional reactivar los ferrocarriles, lo cierto es que también puede ser un sector clave para impulsar la integración regional, algo así como una locomotora con dos poderosos objetivos, tanto nacional como regional: impulsar la industria y los servicios ferroviarios, todo en el marco político-económico de la Unasur.

El impulso a estos sectores daría la escala necesaria para transformarse en un proyecto extraordinario, homologable a la tendencia de regiones y países que han comenzado este camino, como el caso de Corea del Sur, que ha desarrollado trenes con tecnología propia con su empresa pública Korail, y con moneda propia, el won. También lo han hecho los Estados Unidos a través del ex presidente Barack Obama, quien ha explicitado el deseo de desarrollar 10 corredores de trenes; y China, que prevé una red que unirá 17 países de acuerdo con el plan del Ministerio de Ferrocarriles Chinos, también con su propia moneda, el yuan.

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Brasil, con quienes tenemos un déficit de la balanza comercial de más de 2 mil millones de dólares anuales, ligado a la complementación y la prevalencia de un modelo industrial cada vez más consolidado sobre el eje de la industria aeronáutica y automotriz robotizada, puede y debe ser un socio estratégico en la creación de un fondo común de integración productiva en torno al transporte ferroviario. Con la rica experiencia que tiene Argentina en materia ferroviaria el país está en condiciones de tomar la iniciativa regional para elaborar un plan maestro que sirva de integrador de las distintas comunidades y al mismo tiempo de herramienta clave para el desarrollo del comercio y las economías de la subregión.

Un desarrollo autónomo ferroviario en el que participen el sector público y el privado, con regulaciones específicas y evitando la formación de monopolios, aunque eligiendo el mejor acuerdo, con un socio que haya desarrollado la industria ferroviaria y esté dispuesto a la transferencia de tecnología.

La experiencia de tracción de economías por objetivos poderosos y convocantes, como podría ser el caso de la industria del ferrocarril, nos muestra las ventajas de multiplicación de la inversión pública en infraestructura. Por cada 1000 millones de pesos (matriz de insumo producto, Indec, 1997) de inversión se crean cerca de 50 mil puestos de trabajo genuino. Pero también esa inversión crea identidad industrial que abarca aspectos muy diversos del desarrollo con innovación, transferencia de tecnología y cuidado ambiental.

La industria del ferrocarril sería un factor multiplicador en toda la economía y la producción industrial. La minería tendría una extraordinaria participación a través del hierro y el cobre, como también minerales con gran incidencia en su construcción. La innovación en el diseño industrial, la informática, las comunicaciones y diversas aéreas del conocimiento participan de este tipo de emprendimientos. La heterogeneidad de componentes implica una mayor mano de obra que la mera producción de commodities, y brinda a los empresarios y los productores la posibilidad de diversificar un espacio en la inversión nacional a través de la construcción de una base estructural de logística nacional e internacional, necesaria para la movilización de la producción.

La sustentabilidad del proyecto es factible. Se requiere una decisión de política de Estado que acompañe este inigualable momento de confluencia y afinidad en Latinoamérica, más allá de las diferencias que puedan existir. Estos tiempos históricos de conciencia regional pueden fraguar si entre todos definimos un objetivo común convocante que sirva al conjunto. Y el desarrollo de los ferrocarriles contribuiría, sin duda, a esa integración con desarrollo económico y social.

El autor es coordinador de equipos técnicos del doctor Roberto Lavagna.

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