Qué hacer con la herencia recibida

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(Foto: LatinStock)

Escribió el gran Oscar Wilde que las preguntas no son nunca indiscretas. Las respuestas, a veces sí. Solemos quedarnos con las preguntas que nos convienen, las fáciles, las menos comprometidas. Lo indiscreto es hacerse las grandes, las altas preguntas. Tal como dijo Nietzsche: "Solo comprendemos aquellas preguntas que podemos responder".

La cuestión sería entonces: ¿para cuándo las grandes preguntas? La melodía más tradicional de la festividad de Pesaj que acaba de finalizar, se trata de una pregunta: "¿Ma Nishtaná Halaila Haze?" ("¿Qué tiene de diferente esta noche?"). Pregunta que nos invita a evaluar lo coyuntural, nuestro momento hoy, acaso esta misma noche. Hacer de esta noche un tiempo mágico, distinto. Transformar en diferente este instante.

Escuchar la misma melodía con la misma pregunta durante años nos puede adormecer en el ritual estancado o hacernos subir en altura en la pregunta. Cuestionarse acerca del tiempo inmediato nos puede llevar a preguntarnos en algún momento: "¿Qué tiene de diferente este año del resto de los años?".

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La pregunta tiene varios niveles. ¿Qué tiene de diferente este año en mi familia? ¿Qué tiene de diferente en relación con el amor? ¿Qué tiene de diferente en relación con lo intelectual o lo espiritual? ¿Es diferente la Argentina a la de otros años? ¿Qué hicieron otros, o qué hice yo para que sea diferente? ¿Qué hice para que nunca lo sea?

Mario Benedetti dice: "Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto cambiaron todas las preguntas". Solemos responder con las mismas respuestas a problemas, preguntas y tiempos que han cambiado. Pensamos que funcionará porque siempre fue así, siempre se hizo así, o porque siempre fuimos así. Y tal vez ya no funciona porque lo que cambiaron son las preguntas. El mundo es otro. La realidad es otra. Esta generación es otra. La Argentina es otra. Nosotros somos otros.

Subir un escalón más en la pregunta sería: "¿Qué tiene de diferente esta generación de otra?". Este año se cumplen 80 años del comienzo de la tragedia global que significó la Segunda Guerra Mundial, y esta semana estaremos conmemorando Iom Hashoa, el Día del Holocausto, en recuerdo al exterminio de 6.000.000 de seres humanos asesinados por el solo hecho de ser judíos. La semana pasada se conmemoraron los 104 años del genocidio armenio, 1.500.000 de seres humanos asesinados por el solo hecho de ser armenios. Cosas de otro tiempo. De otra generación. Films en blanco y negro.

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La semana que pasó, ahora en colores de este tiempo, elevamos una oración por los asesinados en las iglesias en Sri Lanka durante la celebración de la Pascua. Seres humanos asesinados por el solo hecho de ser cristianos. Es muy probable que haya sido en represalia y respuesta a los atentados a las mezquitas de hace dos semanas en Nueva Zelanda, donde asesinaron a decenas de seres humanos por el solo hecho de ser musulmanes.

La locura asesina que lleva a aniquilar al otro por el solo hecho de ser, justamente, otro.

"¿Qué tiene de diferente esta generación de otra?" La palabra "herencia" se puede traducir de dos maneras al hebreo. Una es Najalá y otra es Ierushá. Najalá viene de la palabra najal, que significa 'río'. Es la herencia, que al igual que el río, fluye, la que llega más allá de uno. Es la herencia en la que uno es pasivo al recibirla. Desde ese lugar se transforma en la excusa perfecta para quitarnos toda responsabilidad de lo que el río nos haya legado. La responsabilidad será entonces de la educación recibida, de los padres ausentes o de los sobreprotectores, de la sociedad corrupta, o de leyes y las formas de otros tiempos. El gobierno de turno acusará de todo a la herencia recibida del gobierno anterior, y el gobierno anterior a la del anterior, o la del anterior al anterior. Pero esa responsabilidad no será nunca nuestra.

Entonces nadie es responsable, la culpa de todo la tiene la herencia. La herencia es Najalá, es un río que llega y nada tenemos que ver con eso. Es la excusa perfecta para no crecer.

Mientras que la Ierushá es una herencia activa. El rabino Shimshon Rafael Hirsh nos enseña que Ierushá viene del verbo 'conquistar o capturar'. Es una herencia en la que conquistamos nuestros pasados y los leemos con los lentes de las preguntas de nuestros presentes, para ser respuesta de nuestros futuros. Es una herencia que nos genera compromiso y a la vez seguridad, porque nos permite cambiar las preguntas. Dejamos de preguntar qué va a pasar mañana para decirnos qué vamos a hacer hoy para conquistar nuestro mañana. Es un giro radical: "No sé qué va a pasar mañana, por eso comienzo preguntándome qué voy a hacer hoy con mi mañana, a partir de lo que me haya venido del ayer".

Cuando les enseñamos a nuestros hijos desde pequeños a cantar esa canción: "¿Ma Nishtaná Halaila Haze?" ("¿Qué tiene de diferente esta noche?"), comenzamos lentamente a instalarles en el alma el arte de aprender a recibir. A recibir Ierushá, qué pasó ayer, cuál fue la historia, cuál es mi historia, qué fue lo que nos sucedió. Para al crecer, ser más sabios al preguntar, al decidir, y al responder. Aprender a tomar decisiones no por las causas que nos trajeron hasta aquí, sino en relación con las consecuencias que quiero lograr.

Las decisiones a tomar y las preguntas a enfrentar no debieran tener que ver apenas con los ayeres que nos trajeron hasta este hoy. El desafío espiritual reside en tomar decisiones en función a los mañanas que queramos vivir. No en relación con la discusión, la pelea o el drama que vivimos la semana pasada, la generación pasada o la herencia pasada, sino en relación con los amaneceres que queramos compartir, vivir, y fundamentalmente legar.

Cuando la herencia es aceptada y recibida como Ierushá, como oportunidad en las manos, los pasos serán de crecimiento, elevación y evolución. Preguntarnos cómo podemos hacer de esta noche una noche diferente nos hará vivir noches de encanto, romance y magia. Y desde allí, nos llevará a repensar cuán diferente podemos hacer que sea este año. Nos hará sentir imprescindibles a la hora de responder cuál será nuestra parte y aporte para que esta generación, este tiempo, sea diferente.

No vamos a ser juzgados por la espiritualidad, la religiosidad, la observancia o las convicciones y los compromisos de nuestros antepasados para con su gente, su pueblo, su tradición o su patria. Sino por la identidad, la esencia y la belleza en las acciones y los valores de nuestros nietos. No vamos a ser juzgados por si vivimos más atados a la década del 70 o a la del 90. Sino que vamos a ser juzgados y evaluados en función de si pudimos decidir, preguntar y responder qué queremos y qué vamos a hacer para las décadas del 2030 o del 2050. Para volver a crecer, necesitamos cancelar las disputas y las grietas acerca de décadas pasadas, y comenzar a diseñar y construir las décadas que van a venir. Cerrar las deudas que tenemos con varios ayeres para empezar a decidir hoy en función no de lo que vivimos ayer, sino de lo que queremos vivir mañana.

Amigos queridos, amigos todos. Escuché alguna vez que un hijo es una pregunta que le hacemos al destino. Si vamos a regalarle tan alta pregunta al destino, debemos empezar a debatir, a compartir y a generar las respuestas, hoy. Esta noche.

No vale la pena seguir tachando días, años y décadas. Hagamos de esta misma noche, una noche diferente. Así, cada mañana comenzará a ser distinta. Cada tiempo, una nueva oportunidad. Y entonces lograr que nuestra generación entregue respuestas que estén a la altura de las preguntas de nuestros destinos.

El autor es rabino de la Comunidad Amijai y presidente de la Asamblea Rabínica Latinoamericana del Movimiento Masortí.

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