Feliz día del maestro devaluado

Los datos oficiales sobre lo que significa ser maestro en la Argentina espantan. Uno de cada tres maestros trabaja en dos o más escuelas primarias a la vez. El 69% trabaja en una sola escuela. Y el 3% lo hace en tres o cuatro.

En la secundaria, el panorama es peor. El 32% trabaja en tres o cuatro escuelas al mismo tiempo, el 30% en dos establecimientos, el 12% en cinco o más escuelas y el 26% en una sola.

Pero la precarización no termina ahí. Porque, según la especialista Claudia Romero, el salario docente se ubica un 27% debajo de otras profesiones con igual calificación.

Tampoco hay estadísticas muy confiables sobre la capacitación real. Solo se sabe que hay una creciente resistencia de una buena parte de los docentes a tomar cursos y ser evaluados. Como si el hecho de estar al frente de un aula los convirtiera en sabios a los que nadie pudiese corregir o mejorar.

También se sabe que una buena parte del año los docentes invierten el tiempo en luchar por salarios dignos y mejores condiciones de trabajo. Y que como consecuencia de esa lucha se pierden decenas de días de clase que ya no se pueden recuperar.

En la provincia de Buenos Aires y otros distritos, a la precariedad laboral hay que agregarle el pésimo estado de las instalaciones, porque lo que pasó en Moreno –cuando la explosión de una garrafa mató a la vicedirectora y a un auxiliar– pudo haber sucedido en otras decenas de escuelas, con otra cooperadora, otras autoridades y otro intendente.

El descuajeringado régimen de licencias que existe, también, en la provincia de Buenos Aires, y que incluye el tráfico de certificados médicos truchos para no ir a trabajar y seguir cobrando el salario, constituye la peor expresión de un sistema que hace tiempo está a punto de colapsar.

Como si esto fuera poco, no solo en la primaria y la secundaria, sino también en las universidades, los docentes han transformado sus reivindicaciones en una cuestión central, muy por encima del derecho a aprender y ser educado. Argumentan que, como la educación está en peligro, importa menos que un estudiante pierda un año completo de facultad, que lograr un salario decente para todos los profesores. Y lo peor es que han convertido no solo a los alumnos, sino a los padres de los alumnos, en rehenes de esta nueva concepción moral.

Estos dirigentes, cada tanto, también deberían ser evaluados por los resultados que obtienen. Porque no solo estarían fallando en la defensa efectiva de sus derechos laborales. También en su principal legado, que es educar.

Últimas noticias

Mas Noticias