El nuevo acuerdo Estados Unidos-México

Felipe Frydman

El presidente Donald Trump no pudo conseguir los fondos para construir el muro en la frontera con México, pero logró un importante triunfo en la renegociación del NAFTA. Las modificaciones elevan los estándares en todos los sectores y otorgan preferencias para la industria norteamericana. El Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto optó por cerrar el acuerdo para terminar con la incertidumbre y para ello contó con el aval del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, cuyo representante, Jesús Seade, integró el equipo de negociadores. La decisión de dejar afuera a Canadá constituyó también una sorpresa, porque se suponía que ambos países podían en conjunto mejorar las exigencias de Washington.

El presidente Trump ya notificó al Congreso este acuerdo para cumplir con los plazos del TPA que permite al organismo legislativo aprobar o rechazar un acuerdo sin introducir modificaciones. El Congreso deberá contemplar también si puede considerar un acuerdo bilateral, porque, al momento de prorrogar el TPA, la Casa Blanca solo notificó su intención de renegociar el NAFTA integrado también por Canadá. El presidente Trump amenazó en su característico estilo que la intromisión del Congreso sería el fin del NAFTA.

El USTR publicó los principales puntos del acuerdo. El capítulo industrial eleva el porcentaje de contenido regional al 75% para los automotores y requiere que el 45% sea producido por trabajadores con un salario mínimo de 16 dólares/hora. El acuerdo contiene reglas de facilitación del comercio, homogeneización de requisitos, eliminación de tasas y transparencias en el uso de licencias de importación y exportación. El capítulo de textiles prioriza la producción y la terminación regional.

Los productos agrícolas mantendrán un arancel cero e incluye los productos biotecnológicos y la ingeniería genética que permite la modificación del DNA. Las dos partes se comprometen a no usar subsidios a la exportación y no recurrir a las cláusulas de salvaguardia para los productos exportados por cada uno. Los subsidios a la producción serán mínimos y no distorsivos, lo que asegura la transparencia de las medidas. El acuerdo contiene también un capítulo en indicaciones geográficas asegurando la diferencia con nombres comunes. Estos capítulos tienen importancia, porque implican una gran apertura para los productos de los Estados Unidos en México que limitarán el acceso de otros proveedores, incluyendo la Argentina.

El USTR elogió los avances de los compromisos para garantizar la protección de la propiedad intelectual en todos los sectores y en especial los productos farmacéuticos, elevando la protección de la información confidencial a 10 años para las drogas biotecnológicas. También requiere la pronta aprobación de las solicitudes de patentes y fijar la protección de los derechos de autor en 75 años. En el sector digital se garantizará el flujo de información libre de impuestos y tasas en una demostración de las aspiraciones de los Estados Unidos en materia de comercio electrónico. El acuerdo asegura el trato nacional para todos los servicios financieros y prohíbe cualquier restricción a la operativa de las entidades financieras.

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, expresó que un no acuerdo es mejor que un mal acuerdo. Canadá rechazó la eliminación del mecanismo de solución de controversias sobre temas comerciales; Estados Unidos sostuvo que las decisiones nacionales refiriéndose a medidas antidumping no pueden someterse a tribunales internacionales, quedando limitado solo a temas de inversiones. Asimismo, el arancel cero para todos los productos agropecuarios y la extensión del plazo de protección a la información confidencial para las drogas biotecnológicas chocan con las políticas agrícolas y de salud de ese país.

El acuerdo tendrá una duración de 16 años y estará sujeto a revisión cada 6. Si bien la revisión constituye un elemento de incertidumbre, se entiende que posibilitará la adaptación o la incorporación de los cambios en las formas de producción y en la economía internacional.

El NAFTA fue firmado en 1993 y entró en vigencia en 1994. Tuvo el propósito de intensificar el comercio fronterizo y encontrar una solución a la producción de las maquilas instaladas en México para exportar a los Estados Unidos. El acuerdo sirvió también como modelo para los acuerdos de la Ronda Uruguay. En esta oportunidad Estados Unidos ha elevado sus demandas para mejorar su inserción en la globalización y México tomó la decisión de profundizar su integración a la economía estadounidense aceptando sus reglas, sus normas y sus disposiciones. Los Estados Unidos han mostrado los objetivos que planteará en cualquier otra negociación, incluyendo las negociaciones multilaterales que serán difíciles de aceptar para países que todavía pretenden cierta independencia en el manejo de sus políticas económicas.

El autor es diplomático.

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