China-Estados Unidos: ¿cómo sigue la guerra comercial?

Andrés Domínguez

¿Hay una chance de que se suavice el conflicto comercial entre China y Estados Unidos? ¿O, por el contrario, comenzará en breve el final de la Organización Mundial de Comercio (OMC) como consecuencia de esta guerra? El miércoles de esta semana habrá una reunión entre funcionarios de segundas líneas, viceministros de Comercio chino y vicesecretario de Comercio norteamericano, aunque de ninguna de las partes se ha mostrado optimistas con los resultados. El propio presidente Donald Trump declaró el lunes que no espera mucho de estas conversaciones e incluso se comparó con la tradicional paciencia milenaria china al afirmar: "Soy como ellos: tengo un horizonte largo", para justificar que no tiene prisa en llegar a un acuerdo.

Mientras tanto, en los hechos la guerra comercial global escala, más allá de reuniones y declaraciones: la segunda tanda de aumentos de aranceles cruzados entre ambas potencias está confirmada. Al anuncio de Trump sobre nuevos impuestos a la entrada de productos chinos por un total de 16 billones de dólares que comenzarán a regir este jueves 23 de agosto siguió la respuesta desde Asia: automáticamente el mismo día y por el mismo monto van a entrar en vigor mayores aranceles a productos norteamericanos, salvo que de las nuevas conversaciones se obtenga algún acuerdo. En comercio internacional estas medidas en espejo se llaman técnicamente retaliación. En un lenguaje más cotidiano podemos decir que China ha aceptado el combate "diente por diente" y contraataca a Trump.

El argumento formal de los aranceles norteamericanos es que China ha incurrido en prácticas comerciales desleales relacionadas con la transferencia forzada de tecnología y propiedad intelectual: robo de patentes y espionaje económico. El centro del ataque norteamericano son los productos de punta incluidos en el Plan Estratégico Made China 2025, que abarca sus ambiciones de avance tecnológicas. Por su parte, China ha respondido con aranceles afectando un total de 333 bienes, como motos, autos, productos agrícolas y alimentos. Pero lo que está en juego mucho más que la situaciones de los farmers de Illinois o los productores de computadoras chinos: estamos presenciando las primeras batallas de la guerra por el conocimiento y la supremacía tecnológica del planeta, como señalan expertos argentinos como Jorge Castro o Fernando Vilella, quienes permanentemente destacan que esta competencia por liderar la nueva revolución industrial entre las dos naciones implica en el fondo la disputa por el liderazgo económico y el poder global.

Parece quedar fuera de la visión norteamericana en este conflicto la transnacionalización de la producción y de las empresas, que ya no es algo nuevo, se viene configurando hace décadas y se profundizó en este mileno. Ya casi no existe el "Made in": autos, electrodomésticos, celulares y hasta textiles son producidos por partes y etapas en diferentes países. Un producto final puede pasar por 10 países antes de llegar al consumidor. El nivel de comercio de bienes intermedios e insumos es enorme, buena parte del comercio internacional no es ya más entre compradores y vendedores sino envíos internos de empresas transnacionales que tienen partes de su cadena de valor en diferentes países. Si el proteccionismo afecta estas cadenas, el impacto negativo de esta situación se verá amplificado por su inserción en diferentes naciones. Como dijimos ya en esta columna, la obsesión norteamericana es reducir el déficit, pero esta es una visión antigua que ya no encaja con la economía actual, y medidas basadas en esa visión pueden ser contraproducentes para los propios Estados Unidos, tanto para sus consumidores internos como para sus firmas que operan en el exterior, como General Motors o Apple. Pero los efectos en cadenas pueden ser incluso peores para todos: la transnacionalización es tan grande que enormes firmas de comercio electrónico chinas como Alibaba o Tencent basan buena parte de sus negocios en la venta de zapatillas o iPhones norteamericanos. Así, sanciones norteamericanas a China afectarán a sus propias empresas, pero acciones chinas de boicot a productos estadounidenses también tendrán un efecto bumerán en compañías chinas. Los daños para las empresas de ambos lados pueden ser mucho más costosos de lo que están pensando los funcionarios.

La situación es tan dinámica e impredecible que hoy aparece en la escena internacional Beijing como el campeón del libre comercio y el mayor defensor de las reglas internacionales del buen funcionamiento de los mercados. En Buenos Aires, el embajador Yang Wanming afirmó en un evento público en la Cancillería que su país busca "salvaguardar el multilateralismo, el comercio abierto y el cumplimiento de los acuerdos internacionales". Incluso en medio de estos conflictos comerciales China ha decidido aumentar su apertura al comercio y disminuyó aranceles a otros productos provenientes de otros países (por ejemplo, alimentos desde Argentina), pensando en beneficiar a su consumo interno con más variedad y menores precios. Mientras tanto, se multiplican las denuncias y las quejas ante la OMC, tanto las explicadas de Estados Unidos contra China por el supuesto robo de propiedad intelectual como de los demás países afectados por las acciones norteamericanas, como sus socios históricos de la Unión Europea, el Nafta y Japón. El sistema multilateral de comercio está bajo fuego cruzado.

¿Qué puede pasar? Si el conflicto sigue, las consecuencias se amplificarán y serán notorias en tierras norteamericanas. Trump amenazó llegar a los 500 billones de dólares de aranceles, el valor de todo lo que Estados Unidos importó de China el año pasado. Si hace eso, China ya no podrá llegar a una retaliación igual, porque no le compra bienes por semejante monto: le quedará como alternativa la devaluación u otras sanciones económicas, por ejemplo, a las empresas norteamericanas que operan allí. Una tercera fase de mayores aranceles afectaría además directamente a bienes finales de consumo cotidianos para los norteamericanos que vienen de China: lujos electrónicos, repuestos o teléfonos. En esta situación los efectos colaterales de las medidas de Trump alcanzarán a toda la población norteamericana.

El comercio internacional que se pierde entre China y Estados Unidos está empujando y acelerando el aumento de otros canales de comercio. El experto Marcelo Elizondo sostiene: "Quien va a contramano del libre comercio es Estados Unidos, pero en el resto del mundo el comercio goza de buena salud, hay 445 acuerdos comerciales vigentes y se acaba de firmar el tratado entre la Unión Europea y Japón, el más grande acuerdo comercial del planeta". Se puede interpretar que las acciones norteamericanas están apurando acercamientos comerciales que en otros contextos hubieran demorado más.

Pero hay también riesgos claros, además de los daños directos a las potencias involucradas. Las reglas del comercio mundial están siendo amenazadas por su propio fundador: los Estados Unidos. Por más que necesitan renovarse para adaptarse a la nueva economía global, interconectada y digital, es mejor partir de reglas antiguas que destruir las que existen y quedarse con ninguna. La docente de la Universidad del CEM, Manuela Moccero, sostiene que ya se verifica el impacto de las acciones, aunque apenas han entrado en vigor, y cree que si estas continúan escalando, podría ser el colapso de las reglas de comercio internacional tal como las conocemos.

¿Quién puede ganar esta guerra comercial y económica? En este contexto, algunos creen que China no puede jamás salir victoriosa, ya que, más allá de su vertiginoso crecimiento de las últimas décadas, su economía es aún un 25% inferior a la norteamericana, y el poderío militar y financiero de Estados Unidos sigue sin ser disputado seriamente. Otros ponen el foco en el tiempo y la dinámica de avance tecnológico y, sin negar la situación de primacía norteamericana actual, afirman también que en el mediano plazo las tasas de crecimiento y de productividad de China y el corrimiento del eje económico al Asia pacífico harán inevitable su liderazgo global. En cualquier caso, en un mundo tan transnacionalizado será difícil que en una guerra comercial haya un ganador único y claro, pero sí es claro que dejará heridos por todo el planeta. Consumidores norteamericanos y chinos, firmas de ambos lados del Pacífico y también el propio sistema de comercio internacional.

El autor es director de RED Consultora.

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