Recientemente conocimos la triste noticia sobre la lesión de Sergio Romero. Minutos después, confirmaban desde los diferentes portales periodísticos que se perdería el Mundial. Más allá del lamentable episodio sufrido por Chiquito, el hecho presentó diversas repercusiones frente a las cuales podríamos plantear algunos interrogantes que contemplen la esfera emocional.
¿Casualidad o causalidad?
Dani Alves (Brasil), Laurent Koscielny (Francia), Lars Stindl (de Alemania) y Chamberlain (de Inglaterra) son algunas de las grandes figuras del mundo del fútbol que no podrán estar presentes en Rusia 2018 debido a alguna lesión. Radamel Falcao (de Colombia) y Victor Valdés (de España) no dieron el "sí" en Brasil 2014 por el mismo motivo. A este listado de jugadores se le suma el caso de Sergio Romero. ¿Podemos hablar de un común denominador en estas lesiones?
Por supuesto que cada afección es diferente, única y merece ser abordada como tal. Ellas responden a múltiples causas que contemplan elementos nutricionales, fisiológicos, mecánicos, emocionales e, inclusive, azarosos. Sin embargo, encontramos un factor que las une en cuanto a su dimensión temporal: todas acontecieron semanas antes del inicio del mundial. Sin caer en la pretensión de explicar todos los fenómenos desde la esfera psicológica, tampoco podemos omitir el papel que juegan las emociones en las lesiones deportivas. La presión que despierta la Copa del Mundo incrementa la percepción de este evento como un hecho potencialmente estresante, lo que dispara los niveles de ansiedad y favorece la probabilidad de lesión.
¿Somos responsables?
Sergio "Chiquito" Romero. Fueron seis los entrenadores con diversos estilos de juego que confiaron en sus manos la valla de la Selección Argentina. Actualmente, ostenta el récord de mayor cantidad de partidos jugados en el arco con la selección —94 partidos oficiales, siendo titular desde 2009. Chiquito se encaminaba a jugar su tercer mundial como titular, logro que no pudo conquistar ningún otro guardameta en la historia de nuestro país. Atajó en cuatro finales: una en Juegos Olímpicos, dos en Copas América y una en el mundial; en todas ellas solo le hicieron un gol en tiempo suplementario. Se convirtió en héroe al llevar a la Argentina a una final de un mundial tras 24 años, luego de atajar dos penales en la semifinal contra Holanda.
Hasta aquí algunos de sus pergaminos, sus logros deportivos. Ni siquiera hace falta mencionar el peso y la ascendencia que tiene en el grupo para dar cuenta del valor de su pérdida. Pero no nos basta. No es suficiente para nosotros. Le pedimos más. Le reprochamos que no es titular en su club. Lo cuestionamos en sus aspectos técnicos. Reclamamos por otro arquero que ocupe su lugar. Nos amparamos detrás del folclore del fútbol para idear memes poniendo en duda sus aptitudes como arquero.
De esta forma, exacerbado por muchos medios de comunicación, depositamos en sus espaldas una mochila. Nos ocupamos de llenarla de dudas, miedos y fantasmas. En un puesto tan delicado, donde siempre nos dio garantías y certezas, nos encargamos de sembrar inestabilidad.
¿Por qué necesitamos perder algo para reconocer su valor? Romero, perdonanos. ¡La culpa no es tuya! La responsabilidad es nuestra.
¿Y ahora qué?
"Los mundiales se deben analizar aparte". Debido a esta razón, cada 4 años nuestras esperanzas se renuevan, independientemente de cómo llegue la selección al inicio de la copa. En solo 7 partidos, disputados a lo largo de 30 días, se determinará tajantemente quién es el mejor de todos.
Más allá de la lista de 23, los factores futbolísticos, las variables técnicas, físicas y tácticas, el factor grupal y emocional es clave para afrontar este tipo de competencias. La pérdida de Romero en el arco de nuestra selección es una baja muy sensible. No solo en el aspecto de juego, sino en su componente emocional. Ha compartido infinidad de partidos, concentraciones con muchos de los jugadores que estarán en Rusia. Tendrán que acostumbrarse a mirar hacia atrás y no encontrar la imponente figura de Chiquito en su propio arco.
Caballero, Armani, Guzmán. Alguno de ellos será el encargado de evitar que ingrese el balón debajo de los tres palos durante la Copa del Mundo. Nadie podría poner en duda su actualidad, su jerarquía de juego. Sin embargo, ninguno de ellos tiene experiencia previa en este tipo de certamen. A su vez, carecen de tiempo compartido con este grupo de jugadores, exceptuando a Guzmán, y su aceptación en este es una incógnita.
¿Y ahora qué? No cometamos nuevamente el mismo error. Confiemos en ellos. Dejémonos sorprender, porque los mundiales se deben analizar aparte.
El autor es profesor de la carrera de Psicología y director del primer Curso de Psicología del Deporte de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.