Ricardo Lorenzetti inicia su análisis con una comparación histórica. La derecha del siglo XX se organizaba alrededor de la estabilidad institucional, la confianza en las tradiciones y la continuidad de estructuras sociales consolidadas. En el escenario actual, dice, aparece un cambio profundo. “La nueva derecha no quiere conservar lo que existe. Lo ataca”, sostiene. La idea surge del diagnóstico de que el consenso occidental se construyó sobre bases equivocadas y derivó en resultados sociales insatisfactorios.
El recorrido histórico muestra que durante el siglo pasado muchos gobiernos conservadores aceptaron niveles mínimos de protección social. Ese acuerdo se consolidó en el contexto del avance del socialismo y del comunismo durante la Guerra Fría. En gran parte de Europa y otros países occidentales se mantuvieron sistemas de bienestar limitados incluso con alternancia entre gobiernos de distinto signo político. Sistemas públicos de salud o pisos básicos de protección social quedaron instalados como acuerdos estructurales.
Hoy aparece un cuestionamiento más amplio a ese modelo. La discusión incluye el costo del gasto público y la sustentabilidad de los sistemas de protección social. En Estados Unidos este debate se observa con claridad en torno a políticas de salud y protección social desarrolladas en las últimas décadas.
Uno de los cambios más visibles aparece en la relación con la riqueza. “La derecha tradicional consideraba que la exhibición de riqueza era inconveniente”, explica. Hoy aparece una lógica distinta. “Se acepta la riqueza extrema y se la exhibe como aspiracional”. Lorenzetti describe cómo en redes sociales se muestran yates, relojes de lujo, viajes en aviones privados y consumos inaccesibles. El dato relevante es la reacción social: “Los sectores más vulnerables no lo cuestionan, quieren imitarlo”.
También aparece con fuerza la idea de orden. “Frente a tanto caos y tanta incertidumbre es necesario que alguien ordene”. La autoridad vuelve a instalarse como valor político en muchos países. La demanda aparece vinculada a seguridad, control migratorio y estabilidad social. La idea de orden, señala, “sigue teniendo valor”.

Otro eje central es la batalla cultural. Durante décadas los sistemas democráticos fueron incorporando cambios vinculados a diversidad cultural, igualdad racial, feminismo y derechos de la comunidad LGBT. Hoy aparece un cuestionamiento fuerte. La nueva derecha considera que esos cambios forman parte de “excesos basados en una corrección política insostenible” y plantea una disputa directa sobre valores culturales.
El debate político incorpora así una dimensión cultural explícita. “No es solo una batalla económica, también es un debate cultural, un debate sobre valores”. La discusión incluye identidad, religión, cultura y modelos de convivencia social.
También aparecen cambios en la relación entre liderazgo político y democracia representativa. Durante el siglo XX la derecha defendía la división de poderes frente a los movimientos populares. Hoy se observa un fenómeno distinto. Muchos dirigentes se dirigen “directamente al pueblo” y cuestionan el rol de la burocracia, los congresos y los sistemas de control institucional.
La relación con los medios también muestra transformaciones profundas. Durante gran parte del siglo XX existió una alianza fuerte entre sectores conservadores y medios tradicionales. Hoy aparece un cuestionamiento abierto. “La nueva derecha cuestiona los medios de comunicación, sobre todo a los periodistas”, explica. Ese vínculo se reemplaza por una relación directa con redes sociales y plataformas digitales.
Otro punto relevante es la discusión sobre la verdad factual. Aparece la idea de “hechos alternativos”. Lorenzetti señala que hoy una elección puede ser considerada ganada o perdida según quién construya el relato. El fenómeno no se limita a la política electoral. También aparece en debates científicos, sanitarios y sociales. Cuando “los hechos son cuestionables”, advierte, se vuelve más difícil establecer criterios comunes para resolver conflictos.
El análisis conecta estos cambios con transformaciones políticas más amplias. Estos movimientos aparecen como reacción frente a frustraciones acumuladas en sectores sociales que no perciben mejoras estructurales en sus condiciones de vida. Para describir ese proceso utiliza una imagen: un “padre enojado” frente a un “padre fracasado”.
La línea conceptual que plantea apunta a comprender estos movimientos dentro del sistema democrático y construir respuestas políticas capaces de competir en legitimidad social e institucional. El análisis continúa con el debate sobre la izquierda contemporánea y los modelos de liderazgo político en sociedades atravesadas por transformaciones simultáneas.
Todos los lunes a las 9, un nuevo episodio de El podcast de Ricardo Lorenzetti en Infobae y Spotify.
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