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Poeta, controladora y estratega ella es Rosario Murillo, la joven que combatía a Somoza y terminó como dictadora

Forjada en el exilio y la militancia clandestina, Rosario Murillo transformó su sensibilidad literaria en una obsesión por el mando total. La actual copresidenta de Nicaragua gobierna hoy en la absoluta soledad, distanciada de sus amigos y obsesionada con centralizar el discurso estatal

Rosario Murillo Nicaragua
Rosario Murillo, de primera dama y poetisa a la jefatura suprema del Ejército junto a Ortega.
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Con 75 años de edad, Rosario es la mujer con más poder nicaragua, conocida por hablar sin filtros, coloridos vestidos y abundantes abalorios, ha sido vinculada con el esoterismo y el ocultismo que, según La Prensa de Nicaragua, también practicó su madre.

Rosario se convirtió en copresidenta cuando la Asamblea Nacional de Nicaragua la nombró oficialmente como mandataria del estado el 30 de enero de 2025, tras aprobar en segunda legislatura una reforma constitucional que elevó su rango de vicepresidenta a copresidenta y amplió el período de gobierno a seis años.

Esta reforma significó que no estaría detrás de Ortega como una primera dama o Vice presidenta, sino que dirigiría Nicaragua a lado de su esposo.

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Diversos analistas opinan que esta reforma la hicieron para “asegurar la sucesión” en caso de que Ortega, aquejado desde hace años por una enfermedad nunca revelada, se retire del poder.

Pero, quién es esta mujer que habla de forma pausada y ronca, que insulta a opositores sin tapujos , de ojos penetrantes y presencia tan llamativa.

Rosario Murillo creció bajo la sombra de uno de los apellidos más emblemáticos de Nicaragua y se forjó en los márgenes de la cultura, la política y la historia reciente del país.

Rosario Murillo Nicaragua
Rosario Murillo en su juventud, cuando combinaba la poesía con la protesta social en Managua.

Hoy, su figura representa el tránsito de una joven escritora y activista a la vicepresidencia y el control centralizado de la comunicación gubernamental, en una carrera marcada por la transformación constante y el ejercicio férreo del poder.

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Nacida en Managua el 22 de junio de 1951, Murillo es descendiente directa de la familia de Augusto César Sandino, el líder que enfrentó la ocupación estadounidense en Nicaragua.

Su niñez transcurrió entre los campos de Chontales y la capital, en un hogar que le permitió acceder a una educación privilegiada en Gran Bretaña y Suiza, donde obtuvo certificados en idiomas y secretariado ejecutivo.

Según Nicaragua investiga, esa formación temprana resultó fundamental para su ingreso en los círculos intelectuales y políticos de la época.

Rosario fue la menor de cuatro hermanas y creció en un entorno que le permitió acceder a educación superior fuera de Nicaragua. Realizó estudios en Gran Bretaña y Suiza, donde obtuvo certificados en inglés y francés, además de formación como secretaria ejecutiva. El manejo de idiomas amplió su universo cultural y profesional para una joven nicaragüense de la época.

Entre 1967 y 1969 trabajó como profesora de idiomas en Managua, en el colegio Teresiano y el Instituto de Ciencias Comerciales. Ese dominio de las lenguas extranjeras sería clave para su ingreso al mundo periodístico y literario, y la conectaría con figuras decisivas en la cultura y política del país

La década en La Prensa: aprendizaje, militancia y liderazgo cultural

A los dieciocho años, Rosario Murillo ingresó al diario La Prensa. Su oficina era la antesala entre los despachos de Pedro Joaquín Chamorro y Pablo Antonio Cuadra. Quien deseaba hablar con estos dos referentes del periodismo y la literatura debía primero pasar por ella.

Rosario Murillo Nicaragua
Rosario Murillo durante sus años de formación académica y docencia de idiomas tras regresar de Europa a finales de los 60.

Durante una década, entre 1968 y 1977, Murillo fue la secretaria de Chamorro y asistente de Cuadra. El periódico era una trinchera contra el somocismo.

La joven Murillo se ganó reputación por su rapidez en la máquina de escribir: “Podía escribir y conversar a la vez”, recuerdan antiguos colegas. Tomaba notas en taquigrafía y manejaba con destreza las máquinas que usaban bolitas giratorias para imprimir.

La Prensa documentó que Murillo no solo absorbía información, sino que aprendía la lógica de combate intelectual y periodístico de Chamorro.

“Todo lo que tenía que ver contra Somoza pasaba por ese canal que se llamaba La Prensa”, relató Pedro Joaquín Chamorro Barrios, hijo del Mártir de las Libertades Públicas. en un reportaje publicado por Nicaragua Investiga

Ángela Saballos, otra periodista de la época, la recuerda como una joven “adicta al trabajo”, siempre dispuesta a reír y conversar sin descuidar tareas. “Era una muchacha muy inteligente, llena de ilusiones y esperanzas en el futuro”, resumió Saballos.

Rosario Murillo Nicaragua
La copresidenta Rosario Murillo, considerada el cerebro político y operativo detrás del aparato represivo estatal.

No todos compartieron esa imagen. Ernesto Aburto, periodista que conoció a Murillo en esos años, la recuerda como “muy autoritaria”, pues actuaba de filtro y decidía quién podía ver al director del periódico. Así ganó adversarios entre políticos y poetas. Filadelfo Alemán la describe como una mujer intelectual y ávida lectora, que aprendió periodismo en contacto con Chamorro: “Absorbió todos los conocimientos y la forma en que trabajaba La Prensa”.

Ya durante esos años, Murillo mantenía vínculos con el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Participó en el Grupo Gradas, colectivo artístico que organizaba recitales contestatarios y pintaba murales efímeros en los atrios de iglesias.

Su liderazgo era evidente y su militancia la llevó a la clandestinidad, actuando bajo seudónimos como “Gabriela” y “Carolina”.

Del activismo literario a la clandestinidad y el exilio

En 1973, tras perder a su hijo durante el terremoto de Managua, Murillo volcó su dolor en la poesía. Su primer poemario, Gualtayán (1975), fue descrito por ella como “el inicio en el constante ejercicio de los brincos, de un lado a otro, corriendo como la vida misma”. reportó Nicaragua Investiga

La represión no tardó en alcanzarla. Entre 1976 y 1977, Murillo fue arrestada en Estelí por alteración al orden público. Poco después, recuperó la libertad y se exilió, primero en Panamá y Venezuela, donde tejió redes de solidaridad con la lucha sandinista, y finalmente en Costa Rica. Allí se dedicó al trabajo político y organizativo del FSLN.

Rosario Murillo Nicaragua
Rosario Murillo, pieza central en el desmontaje institucional y la concentración de todos los poderes públicos en Nicaragua.

Fusión de vida personal y política: la construcción del vínculo con Daniel Ortega

Según un reportaje de Nicaragua Investiga desde 1978, Rosario Murillo comparte su vida con Daniel Ortega. La relación entre ambos, marcada por la política y la literatura, ha sido central en la trayectoria pública de Murillo y en la historia reciente de Nicaragua.

Ortega, comandante de la revolución, miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (1979), coordinador de la Junta entre 1981 y 1984, y presidente del país desde 2006, se ha convertido en su compañero y aliado estratégico.

La Prensa y otros testigos coinciden en que la vida de Murillo y Ortega es inseparable del devenir del Frente Sandinista de Liberación Nacional. La poeta dejó testimonio de esta fusión: “En la vida de la poeta, la política y la literatura están fusionadas”.

El medio Nicaragua Investiga cita que la vida personal y la labor política de Murillo se alimentaron mutuamente. Al perder el FSLN las elecciones en 1990, mandó destruir el tiraje de su libro “Como los ángeles”. La derrota política se reflejó en sus decisiones literarias.

Una madre que exilió a su hija

Es madre de diez hijos, dos de ellos fruto de su relación con Jorge Narváez Parajón. Su primogénita, Zoilamérica Narváez Murillo, nació en 1967 y fue adoptada por Daniel Ortega cuando era niña. Con el tiempo, la relación familiar se volvió conflictiva.

Rosario Murillo y Daniel Ortega junto a sus hijos, quienes configuran el círculo de poder más cerrado del régimen nicaragüense.
Rosario Murillo y Daniel Ortega junto a sus hijos, quienes configuran el círculo de poder más cerrado del régimen nicaragüense.

En 1998, Zoilamérica denunció públicamente a su padrastro, el presidente Daniel Ortega, por abuso sexual, según informó La Prensa. Murillo respaldó a Ortega y manifestó sentirse avergonzada por la acusación de su hija: “Me ha avergonzado terriblemente que a una persona con un currículo intachable se le pretendiera destruir y (que) fuese mi propia hija la que por esa obsesión y ese enamoramiento enfermizo con el poder quisiera destruirla cuando no vio satisfecha su ambición”. Debido a la inmunidad presidencial de Ortega y a la prescripción del delito, el caso no avanzó judicialmente. Zoilamérica se exilió en Costa Rica tras la denuncia.

En años posteriores, la figura de Zoilamérica volvió a cobrar relevancia al exigir justicia y denunciar la impunidad y la concentración de poder en el entorno Ortega Murillo.

Varios hijos de Rosario Murillo y Daniel Ortega ocupan cargos en la estructura estatal de Nicaragua y en medios oficialistas, con funciones vinculadas a propaganda, delegaciones públicas, inversiones y finanzas.

Entre ellos figuran Daniel Edmundo Ortega Murillo y Maurice Facundo Ortega Murillo, ambos señalados con sanciones de Estados Unidos por su rol dentro del esquema gubernamental.

Daniel Edmundo encabeza el Consejo de Comunicación y Ciudadanía, descrito como el aparato a cargo de la propaganda del Gobierno. Por ese papel político y administrativo, fue objeto de sanciones internacionales por parte de Estados Unidos.

Maurice Facundo cumple funciones gubernamentales ligadas a delegaciones estatales y al manejo de medios, y también enfrenta sanciones financieras e individuales impuestas por el Departamento del Tesoro estadounidense.

Medios como Nicaragua Investiga dicen que a otros hijos del matrimonio, como Laureano, Juan Carlos y Camila, con participación en inversiones, finanzas, eventos culturales y la dirección de canales de televisión afines al Gobierno.

Fotografía de archivo en la que se registró a la primera dama y copresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo (i), durante un acto público, en Managua (Nicaragua). EFE/Stringer
Fotografía de archivo en la que se registró a la primera dama y copresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo (i), durante un acto público, en Managua (Nicaragua). EFE/Stringer

Perspectivas y legado: miradas cruzadas sobre su figura en la historia reciente de Nicaragua

El paso de Rosario Murillo de secretaria de mártires de la libertad a controladora férrea de la comunicación nacional es visto como una metamorfosis extraordinaria por quienes la conocieron de cerca.

“Era una mujer que defendía la libertad de prensa, pero ahora lo que está haciendo es coartar la libertad de prensa”, subrayó Filadelfo Alemán.

Recuerda que Murillo controla la mayoría de los canales de televisión estatales y combate toda voz que se oponga al gobierno de Ortega.

Desde 2006, Rosario Murillo es la única vocera autorizada del Ejecutivo. Las voces críticas, como las de Gioconda Belli y Ángela Saballos, insisten en que la ex poeta y promotora cultural se ha convertido en arquitecta de una política de desinformación y silencio. La centralización del discurso y el uso de la propaganda la sitúan en el centro del debate sobre el rumbo democrático de Nicaragua.

La última vez que el periodista Filadelfo Alemán intentó acercarse a Murillo, durante el primer mandato de Ortega en 1985, ella lo ignoró. “Rosario, acordate de los viejos tiempos, dame una entrevista”, le pidió. Pero la joven simpática y sociable de antaño ya solo respondía desde detrás de una muralla invisible.

Vestidos con estampados coloridos, manos repletas de anillos y pulsera, collares con “piedras de la buena suerte”, un estilo que va más allá de las casas de moda, donde su distinguida apariencia impone temor y autoritarismo, reconocido por todos los nicaragüenses.

La vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, en una fotografía de archivo. EFE/Jorge Torres
La vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, en una fotografía de archivo. EFE/Jorge Torres

La “Compañera Rosario Murillo”

Enfrenta acusaciones formales de crímenes de lesa humanidad y corrupción institucional a gran escala, según informes de organismos internacionales y tribunales extranjeros. Investigaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de sistemas de justicia penal bajo jurisdicción universal la señalan como figura central en la dirección de la represión estatal que estalló en abril de 2018.

De acuerdo con reportes recogidos por The Washington Post, el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua de la ONU documentó que Murillo junto a su esposo, Daniel Ortega ordenaron de forma sistemática y generalizada ejecuciones extrajudiciales perpetradas por la Policía Nacional y fuerzas paramilitares. El mismo informe describe el uso de tortura, violencia sexual, descargas eléctricas y aislamiento extremo contra personas detenidas por motivos políticos. Reuters detalló que las detenciones arbitrarias y la persecución judicial alcanzan a opositores, activistas, periodistas y religiosos, muchos de los cuales permanecen privados de libertad sin garantías legales.

La privación arbitraria de la nacionalidad y el destierro se convirtieron en prácticas recurrentes, según advirtió la ONU, que señala la expulsión forzada de cientos de ciudadanos y la confiscación total de bienes privados. Casos de desaparición forzada también han sido confirmados por organismos internacionales, los cuales denuncian el uso de prisiones clandestinas para retener a personas consideradas disidentes.

Corte Nicaragua
La figura de Rosario Murillo, centro de las decisiones políticas que aislaron internacionalmente al país centroamericano.

En materia de corrupción, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, la Unión Europea y la propia ONU han presentado pruebas de desvío sistemático de fondos estatales. Investigaciones revelan el uso de al menos 13 proyectos sociales ficticios para desviar millones de dólares a beneficio de la cúpula gubernamental. Además, según información publicada por El País, parte de estos recursos habría servido para el financiamiento y la operación de grupos armados ilegales y fuerzas paramilitares.

La captura y control absoluto de los poderes del Estado por parte del círculo presidencial ha permitido asegurar la impunidad de las fuerzas represoras y bloquear investigaciones judiciales, como reportó BBC Mundo. El desmantelamiento institucional ha sido señalado como una estrategia clave para eliminar controles y consolidar el aparato represivo.

El futuro judicial de Rosario Murillo y otros altos funcionarios del régimen dependerá de la evolución de los procesos internacionales, mientras organismos como la ONU y la Corte Penal Internacional continúan recopilando pruebas y testimonios de las víctimas.

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