Silvio Báez afirmó el 14 de junio en Miami que “expulsar a los demonios” también exige denunciar la crueldad y la irracionalidad de las dictaduras, porque ese mandato evangélico, dijo, alcanza tanto la liberación personal como la defensa de la dignidad humana frente a regímenes que imponen miedo, represión y miseria.
El obispo auxiliar de Managua lo planteó durante la homilía de la misa que presidió en la parroquia Santa Agatha, en Florida, Estados Unidos.
Báez, que salió de Nicaragua en 2019 y ahora vive exiliado en esa parroquia estadounidense, habló ante una comunidad en la que se reúnen compatriotas suyos. El religioso fue una de las víctimas de la persecución de la dictadura nicaragüense, que agudizó su ofensiva contra la Iglesia católica en 2018 y la mantiene hasta ahora.
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Durante la homilía, el prelado sostuvo que el mandato de “expulsar a los demonios” implica “comprometernos con procesos de liberación, personales y sociales, y ayudar a recuperar su libertad a quienes están atrapados por los ídolos, el miedo o la desesperanza”. Añadió: “Es también denunciar la irracionalidad y la crueldad de los regímenes que atentan contra la dignidad humana y multiplican la miseria de la gente, no pocas veces incluso invocando el nombre de Dios”.
Báez vinculó el Evangelio con pueblos sometidos por regímenes dictatoriales
El obispo nicaragüense centró su reflexión en un pasaje del Evangelio de Mateo en el que Jesús ve a la gente y “se compadeció de ella, porque estaba cansada y abatida, como ovejas sin pastor”. Para Báez, esa imagen conserva plena vigencia en la realidad actual.
“Hoy también hay mucha gente que vive como ovejas sin pastor. Personas tristes, solas, desorientadas, desilusionadas por ídolos engañosos; familias desgarradas por la pobreza, la migración forzada o la violencia; pueblos enteros privados de libertad y de futuro por la guerra o dominados por regímenes dictatoriales que se imponen con el miedo y la represión”, afirmó Báez.
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Frente a ese panorama, el religioso sostuvo que la oración constituye “la primera y más urgente respuesta”. Precisó que no la entiende como un reemplazo de la acción, sino como “su raíz y fundamento, haciéndola fecunda y fuerte”.
También dijo que la oración permite entrar “en sintonía con el Señor” y pasar a una acción efectiva. En esa línea, remarcó que “de esta compasión y de esta oración nace la elección de los doce Apóstoles”.
El obispo definió el poder cristiano como servicio y oposición a la opresión
Báez contrapuso el poder que, según su interpretación, Jesús confía a sus discípulos con el poder político y social basado en la coerción. “El poder que Jesús otorga es un poder al servicio de la vida y de la dignidad humana. Es exactamente lo contrario del poder que seduce al mundo, el poder que aplasta, controla, atemoriza y somete”, dijo.
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El prelado agregó que ese poder “recibido para servir y no para someter” no terminó con los Apóstoles, sino que “continúa hoy, a través de nosotros”. A partir de esa idea, enumeró tareas que, a su juicio, corresponden a cada miembro de la Iglesia: expulsar demonios, curar a los enfermos, resucitar a los muertos y limpiar a los leprosos.
Sobre la imagen de “resucitar a los muertos”, explicó que significa “devolver la esperanza a quienes ya no esperan nada, ayudándoles a descubrir destellos de la luz de Dios en medio de las noches de la vida”. Añadió que esa misión consiste también en “anunciar sin cansarnos al Dios de la vida”.
En esa misma explicación, Báez vinculó la esperanza cristiana con la resistencia a la opresión política. “Y es también oponernos a los poderes opresores que someten a los pueblos, con la convicción de que Dios acompaña y bendice los esfuerzos realizados en favor de la libertad y la dignidad de las personas”, afirmó.
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El obispo dedicó otro tramo de su homilía a la expresión “limpiar a los leprosos”. Según dijo, esa tarea supone “luchar por restituir la dignidad a quienes la sociedad o la religión marginan, mediante gestos de inclusión, solidaridad y diálogo respetuoso”.
Al cierre de la celebración, Báez retomó la idea de la escasez de quienes asumen esa misión. “Los obreros siguen siendo pocos. El Señor sigue buscando hoy a quienes estén dispuestos a prolongar su mirada compasiva en el mundo. Que esa mirada sea la nuestra”, dijo.