
“Ya las empresas tienen que ganarse el mercado y ganarse a los clientes con el mejor servicio”. Sobre esa mirada, Santiago repasa cómo la trazabilidad, la temperatura y los datos se volvieron centrales en la logística de alimentos, y cómo el sector fue mutando de ser considerado un gasto o un costo a convertirse hoy en un diferencial competitivo clave para las empresas.
¿Qué cuidados hay que tener en la logística de productos alimenticios, desde la producción hasta el punto de venta?
En toda cadena logística de alimentos, desde la producción hasta la cocina de cualquier consumidor, es clave garantizar la calidad y la trazabilidad de los productos. Todos salen con un lote y una fecha de vencimiento, y en el caso de productos cárnicos incluso se puede retroceder más atrás en el proceso.
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Ese seguimiento permite determinar el origen de cualquier problema. En productos refrigerados o congelados la temperatura es central: no puede perderse desde la producción y el depósito inicial, durante el transporte, en el cross-docking y hasta la entrega en el punto de venta.
¿Cómo fue evolucionando el sector?
Si nos vamos unos años atrás, la logística empezaba siendo considerada un gasto, un mal necesario que había que reducir y dejar de lado. Después evolucionó hacia un costo: se empezaron a manejar métricas y KPIs, y se buscó la mayor eficiencia al menor costo posible.
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Hoy estamos en una nueva etapa, donde la logística pasó a ser un valor agregado de cara al cliente. Se convirtió en un diferencial de las empresas, porque permite llegar rápido y como el cliente necesita, sin problemas de calidad y con una gestión eficiente que mejora el negocio en general.
¿Cómo se traduce ese cambio hacia los clientes, que ahora piden que la logística sea parte del valor del servicio?
Los clientes ya piden que los productos se entreguen en tiempo y forma, de la mejor manera posible. En un contexto como el de Argentina, con la apertura de las importaciones y una economía donde es difícil competir solo por precio, ya las empresas tienen que ganarse el mercado y ganarse a los clientes con el mejor servicio.
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A la vez, como sector, hay que sostener esos KPIs y esa gestión de la forma más eficiente posible, para que también represente el menor costo para la empresa. Ese equilibrio entre servicio y eficiencia es hoy una exigencia más que tiene que cumplir la logística.

¿Qué diferencia encontrás entre la gestión de un transporte refrigerado hace 20 años y la actualidad?
A nivel mundial hay mucha más tecnología en el transporte y en los almacenes, con mayor automatización y más controles: sistemas como TMS y WMS, seguimiento de la temperatura durante todo el viaje y automatización dentro del almacén, en el picking y en la guarda de la mercadería.
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Eso viene creciendo de forma exponencial en los últimos años, también en Argentina, y ayuda a gestionar mejor y a ofrecer un mejor servicio. A eso se suma la inteligencia artificial, que ya está entre nosotros: para aprovecharla hace falta una buena base de procesos e información que la potencie.
¿Qué implica trabajar con operadores logísticos externos, o 3PL, y cómo se eligen esos socios?
Uno de los desafíos más importantes de la logística es gestionar buenos proveedores 3PL, que se encargan del transporte, el almacenaje y las entregas según hasta dónde se los necesite. En Argentina hay una variedad enorme: grandes proveedores, medianos, transportistas con depósito propio y operadores logísticos integrales.
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Es clave entender cuáles van a dar el servicio que se necesita, poder controlarlos y trabajar realmente como socios estratégicos que ofrezcan una logística integral. Ahí la confianza es fundamental, y esa confianza se construye en base a datos y a la información disponible para gestionar mejor.
Mirando hacia adelante, ¿qué cambios creés que se vienen en la cadena logística de alimentos?
La tecnología avanza a pasos agigantados y se acelera con la inteligencia artificial. A nivel operativo van a crecer la automatización y soluciones como el picking automático o los transelevadores, que ya existen pero van a expandirse cada vez más, con menos necesidad de mano de obra para esas tareas.
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La inteligencia artificial también va a ayudar a gestionar la enorme cantidad de datos que se generan hoy. Aun así, las personas van a seguir siendo necesarias: por eso hace falta seguir formando profesionales que entiendan el negocio y puedan aportar valor desde la logística, que cada vez más se sienta en la mesa de decisiones.
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