“Vos no sabés desde qué punto te va a afectar: se va a cortar un camino, va a aumentar el combustible, y el disparador puede venir de cualquier lado”. A partir de esa reflexión, Gabriela traza el escenario que enfrenta hoy el sector logístico: un entorno donde los cambios globales, demográficos, tecnológicos y geopolíticos, impactan la cadena de maneras cada vez menos predecibles.
¿Cómo pensás el networking desde una lógica operativa?
Lo pienso como una cadena logística. Antes de ir a un evento, defino cuál es mi propuesta de valor, quiénes son las personas con las que quiero construir un vínculo a futuro, no solo acumular contactos, y cómo me voy a preparar para llegar con algo concreto para dar y para recibir.
Si voy a un evento internacional con 200 profesionales de diferentes países, sé que no voy a poder abordarlo todo. Entonces priorizo: investigo el contenido que esas personas publican, llego ya conocida y con algo para ofrecer. El objetivo es volver con vínculos reales, no con una lista de nombres.
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La geopolítica apareció fuerte en la agenda de los directorios. ¿Cómo se traduce eso en logística y comercio exterior?
Hace unos años no era una clase central en los programas de formación ejecutiva. Hoy lo es, porque la situación cambió tanto que no podés no estar mirando esos factores. El valor del combustible, los conflictos que afectan rutas marítimas, las tensiones que interrumpen cadenas de suministro: todo eso aterriza directo en la operación.
Y a veces el disparador viene de donde menos lo esperás. Leí hace poco que el consumo masivo de ciertos inyectables para la obesidad está haciendo que la gente pese menos, y eso reduce el consumo de combustible en los aviones. Si estás en el directorio de una aerolínea, ese dato importa. Parece lejano, pero tiene lógica cuando lo pensás.
¿Qué habilidades necesita desarrollar quien trabaja en logística para moverse en este contexto?
Vos no sabés desde qué punto te va a afectar: se va a cortar un camino, va a aumentar el combustible, y el disparador puede venir de cualquier lado. Entonces la habilidad clave tiene que ver con una mirada mucho más amplia, que no quede encerrada en el silo del propio sector.
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Hoy cualquier rubro lo necesita, pero en logística es especialmente crítico. Un producto en góndola, el lugar donde lo ubicás, la manera en que llegó hasta ahí: todo eso puede verse afectado por tendencias que no parecen tener nada que ver con la cadena. Y la inteligencia artificial es una herramienta muy útil para procesar esa información, siempre que sepas qué preguntas hacerle.
¿Cómo impacta el cambio demográfico en las oportunidades del sector?
El cambio demográfico ya es presente, no es futuro. Están cerrando maternidades y jardines de infantes mientras explota el mercado de mascotas. Se abren negocios nuevos donde antes no había nada. Todo eso tiene una cadena logística detrás: nuevos productos, nuevos destinos, nuevas frecuencias de distribución.
Y después está el segmento de personas mayores, que seguimos siendo productivos, seguimos consumiendo, y necesitamos que la tecnología nos facilite el acceso. Hay startups que están pensando exactamente eso: cómo hacer que la llegada de productos y servicios sea más accesible para personas que no son nativas digitales. Ahí la articulación entre tecnología y logística es central.
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¿Qué mensaje le dejás a los equipos del sector?
Que no subestimen a nadie: ni a los jóvenes, ni a la gente grande. Y que el secreto hoy pasa por no mirar solo lo que compete directamente al transporte, al depósito, a la cadena propia. El que está operativamente en el día a día muchas veces no puede levantar la vista porque lo sobrepasa la velocidad. Por eso es tan importante tener espacios donde se discuta estrategia, tendencias, escenarios. Es mucho más desafiante que antes, pero también hay muchas más oportunidades para el que tiene esa mirada.