El reto logístico de una población que envejece

José Ricardo Jauregui, presidente de una asociación internacional enfocada en gerontología y geriatría, analiza cómo el aumento de la expectativa de vida está transformando la sociedad y el papel que tendrá la logística en este escenario

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José Ricardo Jauregui es presidente de una asociación internacional enfocada en gerontología y geriatría (Foto: Movant Connection)

La revolución de la longevidad está redefiniendo las necesidades de millones de personas y obligando a repensar la forma en que se distribuyen productos, servicios y tecnologías. En ese contexto, José destaca una cifra que refleja la magnitud del fenómeno: “Nuestro país tiene más de 8.000 personas mayores de 100 años”. Para el especialista, garantizar el acceso a soluciones que mejoren la calidad de vida será uno de los grandes desafíos de las próximas décadas.

¿Cómo describiría el momento que está atravesando la sociedad en relación con la longevidad?

Estamos viviendo algo que se denomina la revolución de la longevidad. En casi todos los países del mundo las poblaciones están envejeciendo y enfrentándose a desafíos que antes no existían. Después de la Segunda Guerra Mundial, la expectativa de vida promedio en los países desarrollados rondaba los 50 años, mientras que hoy hay países que están cerca de los 90.

Además, cada vez hay más personas que superan los 100 años. En Argentina hay más de 8.000 centenarios. Esta realidad demográfica va de la mano de una disminución de la tasa de natalidad y de avances en la medicina, la vacunación, la educación y el acceso a los alimentos. Todo eso está generando nuevos espacios dentro del ciclo vital de las personas.

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¿Qué cambios observás en la etapa adulta de las personas mayores?

Hay algunos pensadores que hablan de una “gerontolescencia” para describir la etapa que se abre entre los 60 y los 75 años. Es un grupo cada vez más grande de personas que están bien de salud, siguen siendo productivas, dirigen empresas, enseñan, hacen voluntariado y participan activamente en sus comunidades.

Antes todo eso se agrupaba bajo el concepto de vejez. Hoy es difícil decirle “viejo” a alguien de 60 años que está gestionando una empresa o desarrollando nuevos proyectos. Esa realidad también abre discusiones sobre la jubilación, la planificación financiera y la necesidad de prepararnos para ciclos de vida que pueden extenderse hasta los 90 o 100 años.

"Tenemos que empezar a enseñar, especialmente a los más jóvenes, que probablemente deban planificar una vida de 90 o 100 años", recomienda José (Foto: Shutterstock)

¿Qué rol puede jugar la logística en una sociedad cada vez más longeva?

La logística puede ayudarnos a tener a mano productos, servicios y tecnologías que mejoren la calidad de vida de las personas. A medida que el mundo envejece, será cada vez más importante la capacidad de acercar soluciones a quienes las necesitan, independientemente de dónde vivan.

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También estamos entrando en una etapa donde la tecnología va a tener un papel central. Ya hay países que utilizan robótica para asistir a personas mayores y existen herramientas que pueden ayudar a mantener la autonomía y la independencia. En ese contexto, la logística y el comercio internacional serán claves para facilitar el acceso a esas innovaciones.

¿Qué importancia tendrá la tecnología en este proceso?

El mundo que viene va a estar atravesado por la tecnología. Ya no será tan importante el objeto tecnológico en sí, sino el acceso a él. Desde nuestra especialidad estamos observando muchas herramientas que ya existen y que pueden resolver problemas vinculados al cuidado, la comunicación y la calidad de vida.

La pandemia mostró claramente el valor de estas soluciones digitales. Muchas personas pudieron sostener vínculos familiares gracias a herramientas digitales. La tecnología no reemplaza el contacto humano, pero puede acercar oportunidades y mejorar la vida cotidiana de millones de personas.

¿Cuál es el principal desafío hacia adelante?

El mundo está envejeciendo y tecnificándose al mismo tiempo. No deberíamos tener miedo a envejecer, sino comprender que el ciclo vital es cada vez más largo. Tenemos que empezar a enseñar, especialmente a los más jóvenes, que probablemente deban planificar una vida de 90 o 100 años.

La inteligencia artificial, la robótica y otras tecnologías van a ayudarnos a resolver muchos problemas y a mejorar la calidad de vida. El desafío será garantizar que esas herramientas sean accesibles para la mayor cantidad posible de personas.