En la gestión de residuos, el proceso no se limita a la recolección o el tratamiento, sino que implica una cadena logística completa, que va desde la separación en origen hasta la transformación en un producto final. “Atrás del mundo del reciclaje hay una logística tremenda”, resume Rodrigo, al describir un sistema donde intervienen múltiples etapas y actores. En ese recorrido, la logística y la operación son lo que determinan si el modelo funciona o no.
¿Cómo surgió tu vocación por trabajar con residuos?
Yo empecé cuando tenía 20 años, porque veía en Córdoba toda la problemática que había con los residuos, mucha basura en la calle. Entonces empecé a mirar lo que se hacía en Europa y, con el taller metalúrgico de mi papá, fui adquiriendo conocimientos. Ahí desarrollé la primera máquina que reducía la basura en un 80%, eran compactadoras. Después hicimos trituradoras, cintas transportadoras y hoy tenemos más de 30 modelos.
¿En qué momento aparece la logística como un punto crítico?
Cuando empezamos a enviar el material compactado. Ese residuo iba de Córdoba a Buenos Aires y después lo mandaban a China para transformarlo. Entonces tenía un recorrido muy largo. Ahí fue cuando dije que había que transformar ese residuo en origen, porque si no el negocio se perdía en la logística.
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¿Cómo es la cadena logística dentro del reciclaje?
Empieza con la persona que separa el residuo en su casa. Después ese residuo llega con camiones a puntos verdes o basurales. Ahí se separa con maquinaria, con cintas transportadoras, se clasifica en plástico, cartón, papel, aluminio, vidrio.
Después pasa a compactación y luego vuelve a haber logística para enviarlo a los puntos donde se transforma ese residuo. Y cuando ya se transforma en un producto de valor, también hay logística para distribuirlo.
Es un negocio muy grande que tiene logística desde el punto donde empieza hasta donde termina.
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¿Qué cambia cuando se transforma en el lugar de origen?
Nosotros trabajamos con la economía circular, que es transformar un residuo que antes terminaba en la basura, en el río o en el mar, en un producto de valor en el mismo lugar. Entonces acortás el trayecto y hacés más eficiente todo el sistema.
¿Qué desafíos logísticos tienen los equipos que desarrollan?
Las máquinas son grandes. La más grande mide cuatro metros de altura, entonces no puede viajar parada. Nosotros la acostábamos y en el viaje se rompía la parte hidráulica, se desprendían cosas.
Fue todo prueba y error. Lo que hicimos fue separar la estructura de la parte hidráulica y mandarlas en dos piezas, con manuales y capacitación para que el cliente la pueda instalar. Hemos mandado máquinas desde Tierra del Fuego hasta Jujuy.
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Queremos expandirnos lo más posible. También estamos desarrollando productos desarmables para poder exportarlos más fácil a otros países.
¿Cómo impacta el contexto actual en la operación?
Nos tuvimos que ir adaptando. Hoy hay más opciones de insumos importados, eso nos permitió bajar costos, pero hay menos ventas. Bajamos el precio casi un 25%, pero el mercado está más lento.
Tenemos un 80% de producción nacional, pero hay partes como motores o tableros que son importados. Entonces hay que coordinar todo eso. Con la apertura hay más opciones, pero también más competencia.
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¿Qué mensaje darías para fomentar la cultura del reciclaje?
El reciclaje empieza en la casa. Hay que ser menos consumistas, separar los residuos y entender a dónde van. Si la gente ve que eso termina en un producto, en un banco, en una mesa, va a reciclar más. Nosotros creemos en premiar al que recicla, no en castigarlo. Y siempre apuntamos a los más chicos, porque ahí está el cambio cultural.