Javier Aguirre enfrenta su tercer Mundial como director técnico de la Selección Mexicana en busca de un objetivo principal: darle a la afición la mejor competencia posible y avanzar a instancias de eliminación directa. Sin embargo, su carrera como entrenador del Tri está marcado por un episodio imborrable: la eliminación ante Estados Unidos en los octavos de final del Mundial 2002.
En una reflexión de cara a su tercera copa como líder del tricolor, Aguirre asumió toda la responsabilidad de aquella derrota y analiza los errores que, con el paso del tiempo, sigue considerando el mayor tropiezo de su carrera.
“Es de las peores. La cagué al cambiar el sistema de juego”, admitió Aguirre en entrevista con Jorge ‘El Burro’ Van Rankin, al recordar el planteamiento táctico con el que encaró el duelo ante Estados Unidos.

“Yo puse un 5-3-1-1 con Cuauhtémoc Blanco y Jared Borgetti, pero en lo que la cago es que ellos de una pendejada mueven rápido y nos hacen gol. No estaba en el presupuesto, ya les habíamos ganado 1-0 en el Azteca", relata.
La presión propia del partido influyó de forma decisiva en sus determinaciones. “Yo me puse nervioso y decidí que necesitábamos un atacante más. Traje al Matador Hernández y puse una línea de 4 defensas que ni habíamos entrenado. Saqué a Ramón Morales e hice un desmadre, qué mal jugamos“, confiesa Aguirre. Reconoce además que la autocrítica alcanza su propio liderazgo: “El problema fue mi visceralidad, teníamos que haber mantenido lo que sabíamos, me salió lo novato”.

Consecuencias de la derrota en el Mundial 2002
Aguirre acepta que aquel golpe dejó una huella permanente, aunque aprendió a canalizarlo como parte fundamental de su desarrollo en el fútbol de élite. “Si yo no hubiera superado esa derrota contra Estados Unidos del 2002, hoy no estaría aquí“, afirma el entrenador.
La experiencia, según relata, no se olvida ni desaparece por completo: “Te soy sincero, no se olvida ni se sale de la cabeza, son heridas de guerra, pero no te las estás curando todo el día”.
El tiempo no borra el peso de las decisiones, pero sí aporta perspectiva para no repetir errores. “Y lo más importante es no volver a cagarla en lo que hiciste ahí”, concluye, al subrayar la lección aprendida de ese episodio.

Reconoce el poder positivo de las críticas
Para Aguirre, aceptar la autocrítica se ha vuelto un principio esencial al mando de equipos en contextos de alta presión. Enfrenta abiertamente los cuestionamientos y define una forma de sobrevivir profesionalmente: “La crítica es inherente al jugador y al entrenador. El que se encabrona con la crítica, pierde”.
La convivencia constante con la crítica pública y privada ha construido una trayectoria de tres décadas: “Si yo no acepto las críticas, no sirvo para esto, y llevo 30 años aceptándola”, enfatiza. Como premisa de liderazgo, resume: “No dudes y, si dudas, que no lo note nadie”.
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