Cuando una mariposa se posa en el hombro de una persona, no la elige: detecta el sodio disuelto en su sudor y lo trata como un charco de minerales.
Este comportamiento, documentado científicamente como puddling, ocurre porque las mariposas adultas se alimentan de néctar —rico en azúcares pero pobre en sales— y buscan en la piel humana los micronutrientes que su dieta no les da.
México, con más de 23 mil especies de lepidópteros -mariposas y polillas- registradas, es uno de los países donde este encuentro es más probable.
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Las mariposas tienen sensores de sabor en las patas y así detectan la sal de la piel
Una vez que la mariposa aterriza, no prueba con la boca. Los tarsos —la parte distal de las patas— contienen quimiorreceptores que analizan en décimas de segundo la composición química de la superficie.
Si detectan sales o compuestos orgánicos, despliegan la espiritrompa —una especie de popote enrollado que usan como boca— para succionar el líquido directamente desde la piel.
Por eso las mariposas a veces tamborilean con las patas antes de extender la espiritrompa: realizan un análisis químico rápido de la superficie.
Colores, aromas y quietud también atraen a las mariposas
El sudor no es el único imán. La ropa de tonos vivos puede confundir a las mariposas, que tienen visión orientada hacia flores.
Los perfumes y cremas con aromas dulces o florales imitan señales de fuentes de alimento. Una persona inmóvil puede parecer un lugar seguro para posarse, equivalente a una roca o un tronco.
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La temperatura corporal también cuenta. Las mariposas son ectotermas: no generan calor propio y dependen de fuentes externas para regular su temperatura.
La piel humana puede ofrecer un pequeño incremento térmico que reactiva su metabolismo en días fríos.
El sodio que buscan sirve para reproducirse
Este comportamiento es predominantemente masculino. Durante el apareamiento, los machos transfieren a la hembra los minerales acumulados a través de un paquete reproductivo llamado espermatóforo.
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Esos minerales mejoran la viabilidad de los huevos y la tasa de supervivencia de las crías.
El sodio y el nitrógeno son los principales impulsores de esta conducta, esenciales para el sistema nervioso, el crecimiento y los procesos reproductivos del insecto.
Así lo confirma una publicación de la revista científica Annals of the Entomological Society of America.
México alberga 10% de las mariposas del mundo
Científicos de la Facultad de Ciencias de la UNAM llevan más de 40 años estudiando a las mariposas mexicanas.
Gracias a este esfuerzo, crearon MARIPOSA, una base de datos que reúne más de 600 mil registros detallados sobre dónde viven y qué especies existen.
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Esta colección de información es la más completa e importante que existe en todo el país.
La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) estima que México contiene entre 23 mil y 25 mil especies de lepidópteros, aproximadamente 10% del total mundial.
Solo en mariposas diurnas se documentan más de 1,200 especies y 1,800 subespecies, de las cuales cerca de 210 únicamente existen en territorio mexicano y no se encuentran en ningún otro lugar del mundo.
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Las mariposas como termómetro del ecosistema
Un estudio realizado por investigadoras de la Universidad Autónoma de Campeche, publicado en la revista JAINA, concluye que las mariposas son bioindicadores de la calidad ambiental en México.
Su alta sensibilidad a la fragmentación de hábitats, la contaminación y el cambio climático las convierte en termómetros ecológicos.
Que una mariposa se acerque a una persona en un entorno urbano o natural también habla del estado de ese ecosistema.
Especies como Danaus plexippus —la mariposa monarca— y Papilio esperanza —la mariposa cometa oaxaqueña— son ejemplos estudiados en México como reflejo directo de la salud ambiental de las zonas donde habitan.
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