En las montañas del sur del Estado de México y Guerrero, lejos de los grandes reflectores que suelen acaparar organizaciones como el Cártel de Sinaloa o el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), opera una de las estructuras criminales más consolidadas y violentas de México: la Nueva Familia Michoacana.
La organización se colocó en el centro de la atención pública después de que el pasado mes de abril, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, la relacionara con la breve desaparición del alcalde de Taxco de Alarcón, Guerrero, y de su padre.
El caso puso nuevamente sobre la mesa el alcance territorial y la capacidad de intimidación de un grupo criminal que, de acuerdo con autoridades mexicanas y estadounidenses, funciona prácticamente como una empresa familiar.
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La Nueva Familia Michoacana es una de las seis organizaciones criminales mexicanas designadas por Estados Unidos como organizaciones terroristas extranjeras, una clasificación que ha endurecido las acciones de inteligencia y financieras en su contra.
‘El Pez’ y ‘El Fresa’, los principales líderes
La Secretaría de la Defensa Nacional y el Departamento de Justicia de Estados Unidos identifican a los hermanos Johnny y José Alfredo Hurtado Olascoaga como los máximos dirigentes de la organización.
Johnny Hurtado Olascoaga, mejor conocido como “El Pez”, “El Mojarro” o “Don Gabino”, es considerado el principal líder del cártel. Originario de Arcelia, Guerrero, es señalado por la Administración de Control de Drogas (DEA) como responsable del tráfico de diversas drogas hacia Estados Unidos.
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Aunque existen discrepancias sobre su fecha de nacimiento, autoridades estadounidenses consideran que nació el 1 de marzo de 1973, por lo que actualmente tendría 53 años.
Su importancia dentro de la estructura criminal queda reflejada en la recompensa ofrecida por el Departamento de Estado de Estados Unidos, que asciende a cinco millones de dólares por información que permita su captura o condena.
El segundo al mando es su hermano José Alfredo Hurtado Olascoaga, alias “El Fresa” o “La Fruta”, de 40 años de edad. Las investigaciones lo ubican como el principal operador en Guerrero y el Estado de México, además de fungir como presunto enlace con el CJNG.
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Por información que conduzca a su arresto, las autoridades estadounidenses ofrecen una recompensa de tres millones de dólares.
Los otros hermanos: finanzas, sicarios y minería ilegal
El poder de la Nueva Familia Michoacana no se limita a dos líderes. En abril de 2025, la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció sanciones contra otros dos integrantes de la familia Hurtado Olascoaga.
Uno de ellos es Ubaldo Hurtado Olascoaga, alias “El Flaco” o “El H1”, nacido el 9 de mayo de 1979. Según las autoridades estadounidenses, es el responsable de las operaciones de extorsión, la supervisión de grupos de sicarios y la explotación ilegal de recursos minerales.
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La OFAC lo señala por la extracción clandestina de mercurio y uranio para beneficio de la organización criminal. Además, es buscado por la Fiscalía General de Justicia del Estado de México desde junio de 2024.
La cuarta integrante del clan es Adita Hurtado Olascoaga, conocida como “La Venadita”. Nacida el 6 de septiembre de 1975, es identificada como la principal operadora financiera del cártel.
De acuerdo con las investigaciones estadounidenses, dirige una red de lavado de dinero basada en la compra de ropa usada en Estados Unidos para posteriormente enviarla y comercializarla en México. También se le atribuyen actividades relacionadas con el tráfico de armas de fuego y la administración de recursos económicos de la organización.
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Los operadores clave y su expansión internacional
Las autoridades estadounidenses también ubican a otros personajes como piezas relevantes dentro del engranaje criminal de la Nueva Familia Michoacana.
Entre ellos destacan los hermanos Franco y Uriel Tábarez Martínez. Particularmente, Franco Tábarez Martínez ha sido acusado por un gran jurado federal en Atlanta, Georgia, de conspiración para poseer y distribuir metanfetamina.
La OFAC sostiene que este operador criminal participa en la distribución de cocaína, fentanilo y aproximadamente una tonelada de metanfetaminas cada dos meses. Además, se le atribuye el control de dos laboratorios de metanfetamina cristal en México y la recepción de fentanilo en polvo procedente de China.
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La Evaluación Nacional de Amenazas por Drogas 2025 de la DEA señala que la Nueva Familia Michoacana mantiene una presencia significativa en Guerrero, Michoacán, Morelos y el Estado de México, además de una menor actividad en la Ciudad de México.
En territorio estadounidense, las investigaciones la ubican en cerca de un tercio del país, con operaciones detectadas desde Texas y el Medio Oeste hasta la costa este, incluyendo estados como Florida, Nueva York, California y Oregón.
La estructura de la Nueva Familia Michoacana demuestra cómo un grupo criminal de origen regional logró consolidarse mediante lazos de parentesco, la diversificación de actividades ilícitas y una capacidad de adaptación que hoy la coloca entre las organizaciones delictivas más relevantes y peligrosas tanto para México como para Estados Unidos.
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