
El Mundial de Brasil 2014 dejó imágenes memorables para la afición mexicana, desde el triunfo sobre Camerún hasta el histórico empate sin goles ante la selección anfitriona gracias a la sobresaliente actuación del portero Guillermo Ochoa. Sin embargo, para un hombre identificado por las autoridades estadounidenses como integrante del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), aquella Copa del Mundo terminó de una manera muy distinta: en una cárcel brasileña.
Se trataba de José Díaz Barajas, un mexicano de entonces 49 años de edad que había viajado a Brasil con la intención de disfrutar de la justa mundialista y acompañar a la Selección Mexicana en su segundo compromiso de la fase de grupos.
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Entre sus pertenencias llevaba algo más que ropa y artículos personales. También tenía un boleto para ingresar al estadio Castelao, en la ciudad de Fortaleza, estado de Ceará, donde se disputaría el partido entre México y Brasil.
Sin embargo, nunca llegó al inmueble deportivo.
Era buscado por tráfico de metanfetaminas
De acuerdo con las autoridades estadounidenses, José Díaz Barajas era considerado un objetivo prioritario debido a su presunta participación en una red de tráfico de drogas.
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El mexicano era buscado por el delito de tráfico de narcóticos y contaba con una ficha internacional de localización emitida por la Interpol, además de ser investigado por la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA).
Según las acusaciones, Díaz Barajas presuntamente estaba involucrado en el envío de metanfetaminas desde Guadalajara, Jalisco, hacia territorio estadounidense.
Las investigaciones también señalaban que supuestamente participaba en la importación de materias primas procedentes de Asia, las cuales eran utilizadas para la fabricación de drogas sintéticas que posteriormente eran comercializadas en Estados Unidos.
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El presunto operador del CJNG había emprendido el viaje acompañado de su esposa y de sus dos hijos, uno de 29 años y otro de 17, y se hospedaba en un hotel del exclusivo barrio de Leblón, en Río de Janeiro.
No obstante, desde su llegada a Brasil, las autoridades federales ya seguían sus pasos.

La entrada al partido facilitó su ubicación
Las autoridades brasileñas tuvieron conocimiento de la presencia de Díaz Barajas después de que éste realizara un viaje desde México con destino a Paraguay y posteriormente cruzara por la ciudad brasileña de Foz de Iguazú, el 11 de junio de 2014.
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Una vez identificado, la Policía Federal notificó a la Interpol y comenzó un operativo de vigilancia.
El comisario Luiz Cravo Dórea explicó posteriormente que las autoridades solicitaron al Supremo Tribunal Federal una orden de arresto con fines de extradición.
“Conseguimos vigilar los pasos de este mexicano en Brasil. Por medio del Ministerio de Justicia solicitamos una orden de prisión al Supremo Tribunal Federal, que fue expedida el sábado 14 de junio”, declaró el funcionario en conferencia de prensa.
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Según las autoridades brasileñas, la captura era solo cuestión de tiempo.

La razón fue sencilla: los investigadores sabían exactamente dónde pretendía estar el mexicano en los siguientes días.
“Contábamos con equipos en Río de Janeiro y en Fortaleza, ya que también teníamos la copia de la entrada que él había comprado para el Mundial”, señaló el comisario.
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El boleto para el partido entre México y Brasil se convirtió, paradójicamente, en una de las pistas que permitió a las autoridades anticipar los movimientos del presunto narcotraficante.
“Pensó que nadie lo buscaba”
Finalmente, agentes federales ejecutaron la orden de captura antes de que José Díaz Barajas pudiera asistir al encuentro entre el Tri y la selección anfitriona.
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Tras su arresto fue trasladado al penal Ari Franco, en Río de Janeiro, mientras se desarrollaban los procedimientos relacionados con la solicitud de extradición presentada por Estados Unidos.
La captura llamó la atención de la prensa internacional debido a las circunstancias en que ocurrió y porque el sospechoso, lejos de intentar ocultar su identidad, ingresó al país utilizando documentación auténtica.
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El propio comisario Luiz Cravo Dórea resumió así la situación:
“Usó documentos reales para entrar al país porque pensó que nadie lo buscaba”.
Mientras miles de aficionados mexicanos celebraban el empate sin goles frente a Brasil y la extraordinaria actuación de Guillermo Ochoa en el estadio Castelao, José Díaz Barajas permanecía bajo custodia de las autoridades brasileñas, poniendo fin a un viaje que había planeado para apoyar a la Selección Mexicana, pero que terminó convertido en uno de los episodios más peculiares relacionados con el Mundial de Brasil 2014 y la persecución internacional contra presuntos integrantes del CJNG.
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