Generación Z encuentra compañía en la IA: 32% asegura haber sostenido una relación sentimental con esta herramienta digital

De acuerdo con la IBERO este fenómeno se desarrolla en un contexto marcado por el incremento de la soledad y el aislamiento social

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Una ilustración muestra a una persona de la Generación Z con cabello azul y auriculares, sentada relajadamente frente a una laptop interactuando con una figura de inteligencia artificial luminosa, rodeados de íconos de mensajes y corazones. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La inteligencia artificial (IA) está ampliando rápidamente su presencia en la vida cotidiana de las personas. Más allá de facilitar tareas, responder consultas o gestionar información, estas herramientas digitales comienzan a desempeñar un papel cada vez más relevante en el ámbito emocional, donde algunas personas las utilizan como compañía, consejeras e incluso como parejas sentimentales.

Durante su participación en TEDx IBERO, la Dra. Cimenna Chao Rebolledo, Directora General de Planeación Estratégica e Innovación Educativa de la IBERO, alertó sobre la transformación que están experimentando los vínculos afectivos a partir de la interacción con sistemas de tecnología inteligente. Este fenómeno se desarrolla en un contexto marcado por el incremento de la soledad y el aislamiento social.

La académica destacó que este aumento abre interrogantes sobre la manera en que las personas construyen relaciones significativas. En ese sentido, planteó la necesidad de reflexionar sobre las consecuencias de establecer conexiones emocionales con estas plataformas diseñadas para interactuar de forma cercana y permanente.

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IA como alternativa de acompañamiento para la generación Z

De acuerdo con la especialista, cada vez más individuos recurren a la inteligencia artificial en busca de escucha, orientación o apoyo emocional. La tendencia se refleja especialmente entre las generaciones más jóvenes, que encuentran en estos sistemas una vía accesible para expresar inquietudes personales.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) alrededor del 20% de las personas entre 13 y 29 años enfrenta episodios de soledad no deseada. Este escenario ha favorecido la aparición de nuevas formas de interacción mediadas por la tecnología.

Una joven de la Generación Z con cabello violeta, sentada en una habitación minimalista, está envuelta por una nube de circuitos y chips, mientras un rostro etéreo de IA la observa con una expresión de apoyo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Asimismo, las investigaciones internacionales revelan que uno de cada ocho jóvenes en Estados Unidos utiliza estas herramientas como amistad o respaldo emocional. A ello se suma un estudio reciente que encontró que 32% de integrantes de la Generación Z asegura haber mantenido una relación romántica con un agente de IA.

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Entre los factores que explican esta preferencia destacan la disponibilidad continua, la rapidez de respuesta y la sensación de control que ofrecen. Muchas personas perciben estos intercambios como espacios seguros donde pueden expresar dudas relacionadas con la educación, la salud física, el bienestar mental, la sexualidad o preocupaciones existenciales sin temor a ser juzgadas.

Los riesgos de una dependencia emocional creciente

Aunque estas herramientas pueden generar sensaciones de comprensión y cercanía, la investigadora advirtió que también existen riesgos importantes. Explicó que los sistemas suelen estar diseñados para fortalecer el vínculo con quienes los utilizan mediante respuestas altamente empáticas, validación constante y actitudes complacientes.

Esta dinámica puede resultar atractiva para usuarios que buscan apoyo emocional, sin embargo, diversos estudios muestran que los modelos más cálidos emocionalmente tienen una mayor tendencia a reforzar creencias erróneas o confirmar afirmaciones incorrectas, especialmente cuando detectan vulnerabilidad emocional.

El principal reto no solo está en el avance tecnológico, sino en el papel que estas herramientas llegan a ocupar en la vida de las personas. La especialista señaló que quienes recurren con mayor frecuencia a la inteligencia artificial para obtener acompañamiento emocional suelen presentar niveles más bajos de bienestar psicológico, autoestima y autonomía afectiva.

Ante este panorama, concluyó que la discusión ya no se limita a las capacidades de la IA, sino a los límites que la sociedad está dispuesta a establecer respecto a su participación en espacios tradicionalmente reservados para la amistad, el afecto y el acompañamiento humano. El futuro de estas tecnologías dependerá de decisiones responsables que permitan combinar innovación con la estabilidad social.